Zague, el heredero del gol

DANIEL ESPARZA

Antes de hacerse célebre con el “Impresionanti”, Luis Roberto Alves Zague nos dio esta entrevista, publicada en EL ECONOMISTA donde hablaba la influencia mexicana y de su célebre padre en su exitosa carrera. #FelizViernes

De niño, Luis Roberto Alves Dos Santos soñó que rezaba en una vieja y desconocida Ermita llena de flores, donde se le acercó una señora con gesto compasivo y le predijo:  Tú vas a lograr todos tus sueños, pero para eso tienes que seguir el camino que va hacia allá y hacer caso a la Virgen de Guadalupe.

Clyde, su madre, escuchó azorada el relato al día siguiente y emocionada empezó a buscar en un baúl abandonado en un rincón de su vivienda en Sao Paolo, una amarillentas y olvidadas fotografías familiares.

 «Me dice, mira tú nunca viste estas fotos, pero tú fuiste bautizado allí. Y veía la vieja Basílica de Guadalupe como en mi sueño. Te lo platico y se me enchina la piel porque fue algo que me hizo sentir que siguiendo ese camino iba a realizar todos mis sueños. De hecho, lo primero que hago cuando llego acá fue ir al cerro del Tepeyac. Fue una carga de fuerza y energía, y dije bueno, Luis de ahora en adelante depende de ti y todo lo que tú hagas aquí, le pides a la Virgen, a Dios y se van a convertir tus sueños y realmente así fue mi vida hasta el día de hoy. Por eso digo que mi fe es indestructible  y sin ella no habría logrado lo que logré hasta ahora».

Después de 18 años de carrera y casi 200 goles, el hijo del goleador del América que por ironías del destino nació en Guadalajara asegura que toda su vida ha sido construida en tres pilares.

«Mi vida ha estado encerrada en un triángulo. Gira en torno a Dios, soy una persona muy devota con una gran fe y Dios ha sido mi escudo todos los días, Dios nuestro señor, el Sagrado Corazón de Jesús del que soy devoto y la Virgen de Guadalupe; obviamente mi familia en el otro extremo de ese triángulo y  el futbol.

Parecía imposible predecirlo viéndolo a los seis años apasionado por los autos, soñando con emular a Nelson Piquet y Emerson Fitipaldi, hasta que empezó a acompañar a su padre al club deportivo de la Policía Militar en Sao Paolo y a conocer el nimbo de papá José Alves, aquel a  quien una tía abuela vió correr trás un balón por las playas azucaradas de Bahía, moviendo las caderas como una bailarina.

«¡Eh! Miren a José, corre como zigui-zague», gritó la señora recordando al personaje de un comic famoso de la época. El mote le pareció gracioso a los compañeros de playa que empezaron a llamar así a José Alves, hasta recortar el mote en Zague,  el apodo que Luis Roberto ansió heredar cuando cumplió los 9 años de edad.

 «Pasaba que muchas veces se acercaba (la gente) a mi papá en el club y empezaba a contar sus anécdotas. Le pedían autógrafo, lo saludaban y eso como hijo me llenaba de orgullo. Se empezó a crear dentro de mi  esa ilusión de que la gente me tratara de alguna manera de la misma forma que trataba a mi papá. Empiezo a constituir mis primeros sueños en convertirme en futbolista. No pasaba nada en mi mente que no fuera querer ser un futbolista».

-¿Tú quieres jugar?, le preguntó su padre una tarde en el club mientras Luis Roberto pateaba el balón contra una pared, la primera vez que el entrenador lo invitó a jugar en el equipo infantil.

«Se jugaba el domingo a las siete de la mañana. Me acuerdo que el sábado anterior había llovido muchísimo, la cancha estaba toda enlodadada. Entonces tenía miedo, me habían comprado unos zapatos y no los quería ensuciar, caminaba en la punta del pie y mi papá que medio se enoja conmigo -Ya Luis, juega y olvídate del zapato-  me hace una seña y  empiezo a jugar: hice dos goles. Me gustó y me llamó la atención, como una comida que la pruebas y  dices quiero volverla a probar».

El sargento Waldelei quedó impresionado con la estatura y la facilidad del muchacho y sugirió al padre llevarlo al Corinthians a jugar futbol de salón.

«En el Corinthians mi papá jugó. Es como un América o un Guadalajara. Para cualquier niño jugar en el Corinthians, futbol soccer o de salon, eras como llamarte al América. Eso repercutía en muchas cosas. Mi papá no me iba a llevar  porque iban a pensar que por ser hijo de Zague me habían llamado.  Mi mamá tampoco le latió mucho -Este niño no va ir a la escuela- decía. Pero insistí tanto que me dijeron: está bien, pero con la condición de que tenía que sacar calificaciones buenas o por lo menos pasar. Okey, dije asumo al reto».

El larguirucho muchacho empezó a destacar y para probarlo el equipo de futbol soccer lo convocó a una gira de cuatro juegos por Bolivia contra la escuela Taguichi, cuna futbolística del Diablo Etcheverry, entre otros. El hijo del Bahiano se distingue como el mejor jugador del torneo y a los 13 años lo invitan a las fuerzas básicas del Corinthians.

«Como siempre fui muy alto me ponían a jugar con los grandes por mi constituición. De hecho en esa gira todos los niños tenían 14 o 15, pero a mí me ayudaba mi estatura. Al principio pude compaginar el futbol de salón y el soccer, pero luego dejé el futbol de salón. Yo era sub 15 y me jugaban al sub 17 y luego al sub 19».

Luis Roberto compite en la Copa Sao Paolo sub 20, un torneo juvenil que se juega en enero en Brasil y del que han salido futbolistas como  Dunga, Sócrates, Casagrande, Rivellino, Falcao y el hijo de Zague se distingue para ganarse un llamado al primer equipo del Corithians.

«Yo tenía que agarrar dos camiones para llegar del Corinthians a mi casa. Estaba lejos. Cuando me dieron esa noticia  me acuerdo que de regreso agarro uno y el otro venía muy lleno pero estaba tan emocionado que dije: me voy corriendo para darle la noticia a mi mamá. Ese fue el día más emocionante de mi vida, llegué sudado, rojo. -¿Qué  te pasó? se asustó mi mamá. -Ya  soy profesional, me ascendieron al primer equipo. Luego me abrazó. Ya estaba en el Corinthians en Brasil, con apenas 17 años por cumplir; al lado de figuras como Sócrates; como Casagrande, como Carlos, que jugó el mundial acá, los figurones de Brasil.»

Pero la profesía de su sueño seguía intacta. «Tienes que seguir el camino que va hacia allá», ¿pero cuál camino?

El primer Uniforme verde

-¿Oye tu eres el hijo de Zague, el Lobo solitario?- le preguntó Tomás Boy al chamaco que venía en una gira por Sudamérica y el Caribe, con el Corinthians.

«Mi papá era su ídolo y me regaló una playera de la Selección Mexicana. El equipo se estaba preparando para el Mundial del 86. Estaba negrete, Miguel España, Quirarte, De los Cobos, Manzo. En ese grupo viajaba un señor, Adrián Martínez, un vicepresidente del América, que habló con la gente del equipo. Les dice que el hijo de Zague ya es prospecto importante en Brasil y habla con Panchito Hernández, luego hablan con Azcárraga y el señor Cañedo y dicen: hay que traerlo».

Luis Roberto recordaba de México las caminatas con su padre, por las playas de Veracruz, y las guerras con globos llenos de agua, por la alberca del hotel Emporio, donde vivió su familia antes de las rodillas retiraran a su padre del futbol.

«Existía la posibilidad de jugar el mundial juvenil de Rusia en 85 y algún día estar en la Selección Mexicana. En Brasil siempre me decían Zaguiño o Mexhicano, sobre todo en la escuela. Siempre que había algo relacionado con México nos preguntaban . Iba a cumplir 18 años y dije que sí quería venir a México, jugar en la selección, conocer el mundo, viajar, mi sueño se empieza a convertir en realidad de allí adelante es la historia que ya conocen. Lástima que hubo el lío de cachirules porque si no hubiéramos ido a las olimpiadas (de Seúl) y muchos (de mi generación)  hubiéramos participado en el Mundial de Italia 90»,

De la escuela, Zaguiño conservó su gusto por la geografía,  por conocer países, costumbres y ciudades, lo hizo coleccionar billetes de cada nación que visitó como futbolista. «Ya son más de 40 billetes o más que tengo de diferentes países, también tengo postales de esos lugares que he conocido, esos son mi herencia para mis hijos cuando los tenga».

De sus clases de administración, la idea de conservar su patrimonio. «Mi padre pasó por un proceso similar en donde no tuvo la preparación adecuada para después de ser futbolista meterse a una carrera. Tuvo que hacer trabajos que al principio fueron muy difíciles. Al vivir ese ejemplo dije, quiero que la situación sea diferente. El futbol es un deporte tan peculiar que de repente, te acostumbras a ciertas cosa y de la noche al día desparecen completamente».

Además de asociarse en la construcción de gimnasios, Zague sembró un vergel en Cuemanco, donde en canchas totalmente empastadas cientos de niños aprenden futbol al amparo del nombre del goleador.

«No sé si muchos de los de aquí van a ser futbolistas, ojalá, pero el hecho de que estos niños pueden tener una fuente de inspiración que sea mi persona, mi imagen como futbolista, sin caer en un juego de idolatría, pero que pueda ser un ejemplo para ellos, yo ya estoy satisfecho».

Y mientras pasa la antesala del adiós, mantiene una curiosa adicción por la música y las películas románticas. «Como soy también una persona penosa e introvertida, veo esas películas y tengo inspiración para llevar a cabo luego esas prácticas en mi vida. Me gusta porque me sirven como ejemplo».

«Más que ver la televisión en casa prefiero estar escuchando todo tipo de música. Puede ser samba, pop, de repente andas medio dolido y escuchas música más romántica. Me gusta pensar mucho, no sé si porque soy géminis y nos gusta mucho encerrarnos. Me gusta el new age que te ayuda a reflexionar, un tango y el maricachi cuando estás un poquito más feliz o deprimidon».

No se aparece por los campos más que para saludar a los chicos, convencido de que nunca sería entrenador. «Eso ya lo tengo muy claro, porque se tienen que ver muchos partidos y eso me desespera. Me gustaría ser directivo que no viera nada más los intereses de este lado, que tratara de ayudar al futbolista, consentirlo cuando se pueda pero  también exigir al futbolista cuando se deba, sin caer en ese juego que es muy desgastante,  medio de rabia y odio que existe entre futbolista y dirigente».

Entre tanto espera: «Mi vida ha sido un camino largo. Dios en base a nuestros dones nos da una misión y debemos cumplirla. En ese camino existen muchas barreras y obstáculos, en algunos me he tropezado, me he caído muy feo y me he lastimado, pero no existe nada más padre y gratificante que caerte y levantarse lo más pronto posible. Existen tentaciones que me desviarían de ese camino, pero el final de ese camino es muy claro lo que voy encontrar: la luz eterna o luz de la vida».

Será por eso que juega para Rayos…

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