Un punto y aparte

 

 

Desde 1956 el Mundial de Suecia 1958 tenía mareado a los mexicanos. El estadio de Ciudad Universitaria fue la sede de los II Juegos Panamericanos de futbol y los directivos hablaban de la integración de un conjunto que llegara a disputar el boleto para la Copa del Mundo.

Antonio López Herranz volvió a ser el técnico de un conjunto nacional que pasó de la euforia a la desilusión en aquel panamericano de futbol, cuando empató 0-0 contra Costa Rica, perdió 2-0 ante Perú y luego 2-1 ante un Brasil que nada tendría que ver con el equipo que iría a la Copa del Mundo.

El colmo fue el duelo contra Argentina que degeneró en una bronca en la que los sudamericanos terminaron con siete hombres y México con nueve, sin que ninguno de ellos pudiera hacer nada por mover con goles el marcador.

“Fue una época de aprendizaje” titularon los eruditos del balón de entonces y se declararon listos para la eliminatoria un año después.

En la eliminatoria, Chava Reyes le hizo tres goles a Estados Unidos que terminó goleado 6-0 y 7-2 en Long Beach, California, cuando el tricolor no era mezquino con sus resultados ante Estados Unidos.

La selección le ganó los dos juegos ante Canadá y le quedó por resolver la aduana contra Costa Rica, al cual ni en México le pudo ganar un año atrás. Pero en Ciudad Universitaria, Belmonte y Ligorio López fustigaron con dos goles a lo ticos para que bastara un empate 1-1 en la visita para alcanzar la cuarta Copa del Mundo en la historia mexicana.

López Herranz designó a “Tota” Carbajal, “Tubo” Gómez y Manuel Camacho como porteros; Jesús del Muro, Romo, “Tigre” Sepúlveda, Gutiérrez, Villegas y Roca estuvieron en la defensa. La media estuvo compuesta por Cárdenas, Portugal, Francisco Flores, Fello Hernández, Salazar y Blanco, y al frente Belmonte, López, Reyes, González, Calderón de la Barca y Sesma.

De aquella selección se cuentan anécdotas cándidas. La aparición del síndrome “Jamaicón” Villegas, extrañando su birria y tortas ahogadas en Europa, y las bromas a aquellos que no se atrevían siquiera a enviar una carta.

-“Pero si es tan sencillo. Aquí sólo le dices al buzón para dónde va la carta y solita llega”.

Y a los pocos días un policía llegó a la concentración mexicana con un jugador detenido, por escandalizar en la vía pública y atentar contra  un cajón de correos gritando: ¡Esta va pa’ Guadalajara!

Por cuarta ocasión México abrió una Copa del Mundo y perdió de nuevo, en esa ocasión ante Suecia que lo derrotó 3-0 en presencia del rey Gustavo VI que asistió al juego en Estocolmo.

Pero la misericordia de la historia estaba a la vuelta. El 11 de junio de 1958 México enfrentaría al País de Gales. A los 16 minutos Allchurch anotó el primero. Pero los suecos se emocionaron con la valiente defensa de su arco de esos mexicanos que terminaron el juego replegando al conjunto de los países bajos.

Cayeron los últimos minutos del juego cuando Sesma envío un centro que Jaime Belmonte, jugador del Cuautla, remató con la cabeza para vencer al portero Kelsey. México consiguió el 1-1 y su primer punto en Copas del Mundo, ni más ni menos que ante un conjunto que llegaría hasta cuartos de final.

La derrota de 4-0 ante Hungría pareció doler menos a pesar de que uno de los tantos fue un autogol, pero se trataba del entonces subcampeón del mundo. Incluso, dicen las crónicas, hay quienes estuvieron felices cuando el equipo regresó en avión a México. Se consiguió el primer punto y era lo que importaba.

Carbajal ligó su tercera Copa del Mundo y se acercó a una marca que lo haría inmortal.

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