Un estadio sobre las ruinas de un pueblo indígena

La Conquista de México no fue la única que erosionó los derechos de los indigenas. También los gobiernos modernos pasaron sobre ellos incluso en la Ciudad de México, como fue el caso del Pueblo de la Magdalena Mixhuca.

Conocidos como los últimos campos de cultivos útiles hasta los años 50´s, mediante cultivo con chinampas de las cual sacaban las hortalizas que se vendían en el mercado de Jamaica, las crónicas señalan que fue Jesús Martínez «Palillo», el cómico de carpas, quien sugirió al presidente Adolfo Ruíz Cortinez expropiar los terrenos del pueblo para convertirlos en terrenos deportivos.

La construcción de la Ciudad Deportiva levantó incluso el Panteón de la Magdalena Mixhuca, ubicado en la zona de pits del autódromo, trasladando algunos muertos a Iztapalapa y otros abandonados en el mismo lugar, según lamentaban los ejidatarios que seguían demandando indemnizaciones justas, ya entrados los años 90.

El 16 de noviembre de 1958 se consumó el despojo con la inauguración del complejo deportivo que ocupaba 258 hectáreas que habían sido de cultivos propiedad de los originarios del pueblo.

Algunos sobrevivientes nunca pudieron reponerse del golpe económico con las precarias indemnizaciones, que fueron quedando en el olvido conforme el auge deportivo del espacio seguía creciendo para los Juegos Olímpicos de 1968.

Hoy del pueblo de la Magdalena Mixhuca sólo queda el nombre de la estación del metro, desde la cual se puede ir caminando al nuevo estadio de los Diablos Rojos del México.

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