Un equipo gris que dio color

 

 

¿Quién puede pensar que un equipo que consigue tres empates y anota sólo dos goles en tres partidos puede llegar a ser campeón del mundo? La Historia de Italia en el Mundial de España 1982 no fue la de la Cenicienta, por ser un equipo con dos títulos del mundo y una de las ligas más poderosas, pero si la del futbol que besó al sapo para convertirlo en Rey del Mundo.

La principal estrella de los italianos, Paolo Rossi, era más famoso por haber estado suspendido dos años al inmiscuirse en apuestas clandestinas, que por su juego.

En la primera fase, Italia  empató sin goles contra Polonia, a un gol contra Perú y luego 1-1 contra Camerún, gracias a una anotación de Francesco Graziani, que el arquero camerunés, Nkono, no pudo alcanzar por un resbalón fortuito.

Pero ya, los italianos estaban instalados en la siguiente fase del certamen español que incluía por primera vez 24 equipos y obligaba a los 12 mejores de la primera fase a formar cuatro grupos de tres equipos, donde los líderes de cada grupo se enfrentarían en semifinales.

Y allí fue donde Italia demostró que podía aspirar a lo más grande. En el primer juego venció 2-1 a Argentina, equipo donde debutaba un jovencito llamado Diego Armando Maradona, quien era noticia de la época por su traspaso del Boca Juniors al Barcelona, nada menos que en 1,200 millones de pesetas.

Pero el Pibe aún no marcaba diferencias. En el siguiente partido, Argentina perdía también el clásico sudamericano ante Brasil por 3-1 y a cinco minutos del final, el “Pelusa” hace una dura entrada por la espalda sobre Bautista para encontrarse con la mano enérgica del árbitro mexicano, Mario Rubio, quien lo expulsa de su primera Copa del Mundo.

Italia tendría que dirimir la calificación a semifinales contra Brasil, su vencedor de aquel Mundial de México 70. Rossi marcó a los cinco minutos, Sócrates empató siete minutos después. Rossi volvió a poner adelante a Italia al 25 y así se fueron al descanso.

Los amazónicos regresaron hasta el 68 con un gol de Falcao y nadie podía adivinar el final de aquella batalla, hasta que Rossi consiguió el gol que hizo crecer aún más la rivalidad entre latinos y sudamericanos. Italia se instalaba en la semifinal.

Su rival sería Polonia, su primer adversario de grupo, con el que había empatado sin goles en la primera fase. Sólo que esta vez, Rossi no sería el mismo. Les anotó dos goles a los polacos para calificar así a la final de la Copa del Mundo.

Los españoles, en la tribuna, mordían el puro entre los dientes. “¡La leche! ¿No fueron estos los mismos aburridos que sólo habían anotado dos goles en tres partidos?” Si aquello era de no creerse.

Su rival en la final sería Alemania, el equipo germano sólo derrotado en la primera fase por Argelia 2-1; pero que después se recuperó de la sorpresa, goleó 4-1 a Chile y derrotó 1-0 a Austria, su rival en la historia geopolítica entre ambas naciones.

En la segunda fase le bastó a los germanos con vencer 2-1 a España para truncarle las ilusiones, y luego protagonizar un empate sin goles ante Inglaterra para ubicarse en semifinales.

Los alemanes sólo fueron exigidos por los franceses, quienes en semifinales les ofrecieron el mejor juego del  Mundial, primero en la historia que tuvo que definirse en tanda de penales, que ganaron los germanos hasta la segunda ronda.

Tal vez por ese juego, Alemania llegó desgastada mental y físicamente a la final de España 1982, aunque durante los primeros 45 minutos ante Italia no lo demostró. Pero en el segundo tiempo, Rossi, el mismo al que tanto habían criticado por su inclusión a la selección, abrió el camino al título al minuto 57.

Aquello pareció acabar con los ánimos alemanes. Tardelli y Altobeli aumentaron la ventaja italiana y no fue sino hasta el minuto 83, cuando Breitner puso decoro en el marcador, el cual terminó 3-1.

Italia sería el segundo tricampeón en la historia del futbol mundial. Para no creerse, porque a veces el futbol también coquetea con el azar.

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