Turisteando por Cuautitlán Izcalli desde la TEPA / BOLICHE…

Aquí les dejo una historia de Cuautitlán Izcalli, de su transporte público, de su educación, de su turismo, de su gente…
Basta abordar la camioneta de transporte público (antes peseros, combis o micros) con la ruta TEPA/BOLICHE y recorrer de la estación Lechería del Tren Suburbano al Palacio Municipal (travesía de 20 minutos), para conocer a los izcallenses y sus emblemáticos lugares.
Municipio con valores, dice bien el lema municipal. Y es que, contrario a la Ciudad de México u otros municipios más cercanos a la fría urbanidad, en Izcalli todos saludan al subir y se despiden al bajar del transporte. “Dios los bendiga”, te desean, incluso
Y en el recorrido se hace turismo. Los pasajeros involuntariamente hacen las veces de guía de turistas al señalar los sitios icónicos que hacen las veces de estaciones imaginarias.
Algunos de los nombres que vox populi ha otorgado son:
“En Campo Uno” (aquí regularmente desciende 5 o más estudiantes de la UNAM), “Donde era Hermanos Vázquez” (los veteranos) o “En Casa de Toño” (los más jóvenes), “Zona de Bancos”, “La calle del hambre”, “Luna Parc” o “En el Palacio”…
Porque así como se mencionan sitios representativos de Cuautitlán Izcalli, también se hacen comerciales: “En el Oxxo”, “En el puesto de periódicos”, “En el Inter”, “En la Franco”, “En Unimex”, “En las carnitas, “Donde venden los tamales”…
O absurdos, ¿por qué no?: “En el tope”, “En la reja blanca”, “En el retorno”, “Antes de dar la vuelta”, “En el checador” (el reloj donde un “halcón” informa cuánto tiempo les lleva la camioneta más próxima).
Tan ilógicos algunos, que alcanzan el grado “de colección”.
Y ni qué decir de los letreros que portan las ex combis, ex micros, ex peseros… TEPA / BOLICHE, señala la ruta. Y sí, sí cruza Tepalcapa, pero, en primera, el Boliche ya no existe; su lugar lo ocupa ahora una pequeña Bodega Aurrerá. Y en segunda, la camioneta da vuelta dos calles antes.
Y esas 15 personas que, apretujadas, comparten humores y aromas aceptan de buen agrado el rol que les corresponde: quienes eligen sentarse a espaldas del conductor ya saben: a quien va pegado a la puerta le toca abrir en cada parada; a los que ocupan los otros tres lugares, bajo la petición de “pasa uno, por favor”, les toca entregar el pasaje al chofer y recibir y devolver el cambio.
El remate de este ilustrativo paseo en ex pesero:
El chofer siempre pregunta, para hacer el cobro respectivo: “¿Dónde subiste?”. Y basta con un “acabo de subir” para que no rebase de 10 pesos.
Esto es Cuautitlán Izcalli y los izcallenses…

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