Ricardo La Volpe, el bravo

El reciente anuncio del La Volpe de su retiro como técnico nos hizo recordar esta entrevista publicada en el 2004, en el libro Historias de Alto Rendimiento cuando dirigía el Tri. Ojalá la disfrute en esta #CuarentenaExtendida

Daniel Esparza Hernández

Dice Ricardo La Volpe que era bravo. “Salvo en la primaria que era un colegio de curas, muy estricto, cuando fui a la secundaria era bravo. Desde llevar bombitas de olor, una bombitas que vos las tirás al piso ¡ y salía un olor! Para suspender la clase, ¡claro!”.

Cuenta que era respondón: “Algunas veces cambié de colegio. Capaz que iban tres meses y yo llevaba 24 amonestaciones, una más y era expulsión y perdías el año. La mayoría de las veces mi papá, gracias a Dios, me pagaba los colegios privados, se me hacía más fácil, pero de pelearte, contestar al profesor, todas las travesuras que pueda hacer alguien”.

Y lo era también en el futbol, o fútbol como él lo llama: “Jugaba en medio. Iba a (juegos) colegiales, al potrero del barrio y jugaba. Pero cuando entré a las fuerzas básicas, el martes y el miércoles era (entrenamiento) físico; el jueves un interescuadras y el viernes trabajo de velocidad. La verdad no, yo era vago, yo quería jugar. Entonces me empezaba a pelear con los preparadores físicos”.

Se justifica con la vehemencia de aquella adolescencia. “Te pongo un ejemplo. ¿Benjamín Galindo entrenaba diferente a Javier Aguirre (en Chivas)? Que me explique el preparador físico por qué Galindo corría 10-15 metros y Aguirre corría 60, ir y venir. Las figuritas aquí juegan 10 metros por 10 metros y los grandes, Zidane, Figo, la están sacando de su área y se están metiendo en la otra. Entonces no es el preparador físico, porque no entrenan diferente. Esas críticas yo las hice a los 15-16 años al preparador físico. Le dije: ¡Andá, moríte! y me fui caminando. Ya después  me vió en el arco”.

Y la portería  fue su refugio. “Pensé, entro por el arco y después convenzo al director técnico que  me ponga arriba. Nunca salí del arco, aunque nunca me gustó. No quería rasparme, tirarme. Jugué en el arco porque creo que hay destinos en la vida”.

Así La Volpe participó en 14 partidos internacionales con la selección que armó durante tres años César Luis Menotti para Argentina 1978 y fue el tercer portero de aquellos campeones del Mundo.

“Nunca me consideré un gran arquero, pero llegué como Jorge Campos porque tenía una buena visión de lo que estaba sucediendo dentro de la cancha: jugaba cinco o seis metros adelantado, agachaba la cabeza el extremo y yo sabía cortar el centro adelantándome unos segundos a la jugada. Era segurito de manos, pero de allí a lo que hacía Miguel Marín o Miguel Zelada de llegar de un ángulo al otro tirándose. No, prefería mirarlo y decirle al delantero: mirá entró por el lugar justo”.

Bonarense de clase media, el padre de Ricardo La Volpe sufrió un accidente a los 24 años que le obligó a abandonar la carrera militar, pero nunca la disciplina castrense.

“Mi papá y mi mamá eran hijos de italianos. Estrictos en lo que es horarios, no te dejaban salir. Yo tenía 20 años y no fumaba delante de mi papá”.

Mucho futbol, pocas fiestas, asegura:   “Tengo mis ideas fijas. Creo que si un futbolista baila muy bien es porque era muy malo jugando. Te dije que jugué (profesionalmente) a los 18 años en Argentina, el otro proceso  lo hice en tercera división, que en Argentina se juega a las once de la mañana el domingo. El sábado no puedes ir a bailar. El jugador que yo veo de 20 años bailar es porque nunca tuvo una concentración y si nunca tuvo una concentración nunca estuvo en un buen equipo y lógicamente baila muy bien”.

-¿Usted es mal bailarín?

“Pero malísimo. Yo me acuerdo que anteriormente iba a bailar con mi señora y había un solo paso   Ahora ves al de lado y decís: ¡Qué cara dura! mirás al otro y decís: ¡Pero éste, mirá vos!”.

La Volpe debutó como profesional en el Banfield y abandonó en el primer año la carrera de contador y las matemáticas, que de tantos apuros le libró.

“Fue una materia de la que me echaron tantas veces, incluso me fui a examen, pero en aquel entonces vos podías sacar bolita o elegir el tema del examen. El  tema del tercer año, no me olvido, era balanza y  se lo pedí al profesor. Me mandaron a un pizarrón aparte y saqué nueve porque lo que es matemática y eso, siempre me encantó.”

Su padre falleció a los 52 años y el joven de 22 años tuvo que hacerse cargo de su madre y su hermana menor, cuando ya planeaba su propio hogar.

Contratado por el San Lorenzo de Almagro comienzan a llegar los mejores sueldos y premios, pero también a reaccionar su talento para la administración.

 “Nunca fui de malgastar el dinero, algunas veces en su momento si podía con un auto normal era un auto normal y ponía un negocio. Pasan los años  y te dicen. ¿No eras vos el que decía que era una idiotez comprar un BMW o un Mercedes? Yo no gastaba 80 mil dólares en un auto, en aquel momento pensaba que esos 80 mil dólares me redituaban más si ponía un negocio”.

Y las cuentas los trajeron a México en 1980. “En aquella época México internacionalmente no era potencia. Si era mercado porque si allá ganabas cuatro acá ganabas 12. Uno dejaba de lado la fama de ir a Europa por venir a México”.

 “El plan era estar aquí dos años como dicen muchos extranjeros . ¿Y qué paso? – La Volpe se sonríe- eso es lo teórico, después ya te empieza a gustar el país, la gente, te empiezas a acomodar en una sociedad y ves que bueno, me quedo un añito mas y después decís, otro año mas…”

La Volpe comenzó a aplicar sus teorías de administración. “A mis jugadores se los comento, si en el momento en que estoy activamente trabajando puedo poner un negocio es el momento justo, porque yo no dependo de negocio. Si me funciona, le doy más vuelta a las inversiones porque vendo y sigo comprando. Y si me fundo todavía tengo la solución de mañana juntar nuevamente cierta cantidad de dinero con el fútbol y poner otro negocio”.

“Siempre lo apliqué, porque cuando invertí en el primer restaurante enseguida puse otro y después compré otro. Y siempre tenía que estar al tanto de todo, siempre fui metiche de eso”.

Y cuando su equipo, el Atlante del IMSS pasó a Oaxtepec en 1988, Ricardo La Volpe comenzó a encontrar similitudes entre la administración y el futbol.

“Me di cuenta que ese enfoque que tenía por los negocios, esa preocupación de estar haciendo números hasta la mañana, porque yo quería ver las facturas, haber cuántos wiskies se vendieron, cuántos churrascos. Me di cuenta que también en el fútbol existía lo táctico”.

Explica: “Todos los entrenamientos que yo tenía trabajamos defensivamente, pero pocos técnicos escuché decir qué pasaba cuando teníamos la pelota. El fútbol tiene dos facetas, cuando no tengo (la pelota) me puedo armar atrás, puedo hacer pressing más adelante, pero el problema es cuando tengo. Y así me empecé  a agarrar hasta las dos o cuatro de la mañana haciendo flechitas. Si el rival me hace esto,  yo qué hago”.

Surgió otra de sus ideas fijas: “Siempre le digo a mis equipos que hay lemas: Sistema contra sistema, ganan los hombres; orden contra orden, ganan los hombres y si vos jugás igual que yo,  4-4-2, obviamente el que tenga mejores hombres es el que gana, pero yo puedo encontrarme un equipo con muchas figuras que juega desordenado, puedo ganarle con un equipo chico, un equipo ordenado que sepa hacer bien las cosas en la cancha”.

Entonces comenzó la persecución del presidente de los Potros, Rocha Bandala, en busca de una oportunidad que llegó hasta  1984.

“Tardé 14 fechas en convencerlo y me da la gran oportunidad. Gracias a ello hoy soy director técnico, si yo no hubiese tenido la oportunidad como la tuve, soy consciente que jamás hubiera dirigido en México, porque  yo tenía una fama medio rebelde y así es muy difícil que te den esa oportunidad. Te digo que a mí se me dio por que creo que veces los destinos están hechos

En 1994 fue campeón con el Atlante y por primera vez Ricardo La Volpe pensó que podía llegar a dirigir la Selección Mexicana de futbol.

“Pensé en cierta medida en la experiencia con el Flaco Menotti, que es la que hago acá. Darle prioridad a la selección y tener un continuo trabajo. No de que mañana se nos presenta un partido y nos juntamos tres días antes, no. Ya venimos trabajando y cuando tengas partido te vas a dar cuenta si tu trabajo se lleva a cabo. Es como si tuvieras un examen. Yo estudio y después tengo el examen. Si no hay trabajo no se pueden pelear los objetivos. Vas ir y vas a pelear, como ha sucedido ahora, después de ganarle a Italia, pierdes contra Estados Unidos o viene y te gana Costa Rica”.

Diez años después, reconoce  que no será fácil.

“Lo máximo para mí es llegar a una selección. Acá entre comillas, porque acá llegar a la selección es un sacrifico demasiado (para el jugador). Para qué si gano muy bien en mis equipos. Para qué me pierdo tres días de concentración, tres días de estar sin salir, sin mis amigos y  yo el domingo voy al cine”.

“Si  no cambiamos todo eso, difícilmente vamos, no digo a campeón del mundo, pero si podemos hacer como el futbol de 86 de Dinamarca, Bélgica. Países así, chiquitos, nosotros tenemos un montón más de jugadores. El problema está en querer ser y estar un poquito mejor la planeación”.

Reitera: “Sabía que iba pelear contra lo difícil pero no pensé que era tanto. Parece que uno estuviera dirigiendo Alemania o Inglaterra, equipos que han  logrado todos los objetivos. Te dicen: tenés que ganarle a todos y dices: mirá: pasaste una eliminatoria bastante difícil, se le cortó la cabeza a un entrenador, una sub 23 quedó fuera de una olimpiada con jugadores con mucho mas renombre futbolístico de los que tenemos ahora.  Entonces no podemos pensar que estamos bien y yo escucho como si estuviéramos bárbaros, excelentes”.

Suspira. Como toda su vida Ricardo La Volpe no dejará de intentarlo. En el peor de los casos, recuerda al América que lo despidió en la fecha cuatro de un campeonato largo.

“ Tuve un año para aprender a hacer asado.  Tengo una anécdota con el señor Treviño, un señor que manejaba muy bien la prensa al señor Farell. Me invita a Cuernavaca a jugar golf. Yo dije no, jueguito de viejos. Su señora me compra pollo y carne para un asado. Puse el pollo y lo hice todo sin mirar donde lo estaba haciendo. El asador no tenía para levantar y bajar la parrilla.  ¡Quedó negro! Se me quemó todo. ¡Que vergüenza cuando estaba pelándolo, deshuesándolo y echándole limón y chimichurri para tapar lo que había echo! Así que aprendí hasta que me echó el América”

Ahora también juega golf. “Ya el físico no da para jugar tenis, padel, frontón que es lo que mas me gusta. Ir a jugar un día y al otro sentirte que te duele todo, no. Justo fui acá en Toluca a ver el jueguito de viejitos y es dificilísimo”.

Vendidos los restaurantes es comensal vagabundo. “Mi señora cocina muy mal, así que  vamos a comer fuera. Me gusta comer bien, gracias a Dios, salir a cenar, ir al cine. Una vida normal, de repente leer algún libro. Si escucho música pero ya me di cuenta que no estoy atento a la música. ¡En mi casa ni loco! Prefiero ver una película o un video de fútbol”.

Su orgullo, crear una generación.” Siempre fui tímido. Si entro a un restaurant, las miradas me pesan. Ustedes no lo creen. Muchos se llevan  por lo que dicen los periodistas que ni me conocen. Ponen dos o tres estupideces, el que lo lee dice: Mirá lo que es La Volpe. Pero, gracias a Dios, con todos mis jugadores puedo ir a tomarme un café, ir a comer o tomarme una copa. No creo en esa disciplina que me decían fastidiaba al jugador. Hoy, hay un montón de entrenadores que vos les dejaste una enseñanza y que te ponen como su maestro. Mejor logro que eso en la vida, yo no creo que haya”.

Su negocio, una fábrica de jabones ArgMex que está a punto de entrar a los supermercados.

Su búsqueda, encontrar el jugador que resuma esfuerzo y talento en una unidad.

“Yo creo que en el jugador primero es el deseo de estar en algo donde vos te divertís y donde te pagan. No entiendo el cansancio, por que el cansancio es mental. Una vez se lo comente a (Jesús) Arellano: ¿Oye nene nunca fuiste al llano, al potrero como dicen en Argentina?  Jugás sábado y domingo y si hay dos partidos de un campeonato los jugabas. Y vos me venís a decir que de hoy  para mañana estás cansado.  No me entra, eso es una mentira.”

Y así va Ricardo, el bravo, aplicando todas sus teorías a la propia vida.

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