Paradojas del deporte…el caso Ana Guevara

EDGAR VALERO BERROSPE

Estaba yo en la Copa del Mundo en Moscú cuando me enteré que Ana Guevara no sólo era la principal candidata a dirigir la CONADE, sino que por mucho más que tres zancadas que era la distancia con la que la ex velocista sonorénse acostumbraba a ganar sus carreras, había ya desplazado a los otros tres suspirantes al puesto de Director General del Ministerio de Deportes de México. (¿Suena bonito no?)…

Tal situación no sólo me dio gusto como cuando supe de Ivar Sisniega, Nelson Vargas y Jesús Mena, no. Me sentí feliz. Ana Guevara había sufrido en carne propia las desventajas de ser deportista en México, aunque seas bueno. No, aunque seas muy bueno. De acuerdo, aunque seas campeón mundial y el único que ha ganado un título de esa especialidad en los más de 500 años de historia-historia mexicana.

Ana Guevara era la ideal. Su posición incluso superaba aquella “conmoción de alegría” (no se si valga decirlo así, pero así lo voy a decir yo para ser “superlativo”), el momento en que Jesús Mena, Fernando Platas, Marijosé Alcalá, Horacio de la Vega y otros queridos amigos estuvieron de forma simultánea en diferentes organismos, incluyendo la CONADE. Ana era de verdad el garbanzo de “a libra” (o de a kilo), que no tenía “pelos en la lengua” y que se había tenido que, literalmente, “tragar” su amargura de ver que las principales autoridades del país “no la pelaron”, incluyendo al presidente Calderón, a la secretaria Vázquez Mota, al “tibio” Muñoz y a Mariano Lara, entonces titular de la FMAA (Federación de Atletismo, pues)…

“Ana -me dije a “mi mismo”- si la sufrió y va a ser una “fregonería” que esté en la calientísima silla más importante del deporte en el país”… Mis demás queridos amigos la pasaron mal a veces y muchas bien, pero lo de Ana fue un episodio monumental… Pero, todo terminó por ser una ilusión…

Yo que me jacté durante años de tener una magnifica relación con ella, fui de los primeros que se dieron cuenta que Ana “iba por la suya”, pero solita. Endiosada por el séquito de vividores que se le fueron agregando como viles “remoras” en sus años ya de funcionaria pública en el IDDF, en la Cámara de Senadores y puntos circunvecinos, dígase el Partido del Trabajo, se le olvidó que tenía amigos.

Y no es que sus amigos, entre los que me suponía que de alguna forma figuraba yo, le fuéramos a pedir algo. No se trataba de eso. Se trataba de apoyar su gestión, que, de pronto empezó a diluirse, pero ni crea que se tardó mucho, los testimonios ahí están. Los deportistas más cercanos a ella, los entrenadores, los doctores, bueno, los metodólogos a los que corrió de la CONADE, los que siempre estuvieron y estuvimos para apoyarla en sus mejores y en sus peores momentos, como cuando se tronó el talón de aquiles, o como cuando le dieron aquella golpiza en la carretera, dejaron de existir en su vida.

No creo que por compromisos políticos le hayan “aderezado” su equipo de trabajo de forma tal que no tenga control sobre lo que pasa en la CONADE, porque de que le pusieron a dos o tres, eso es un hecho, pero no a todos. No a ella que se encargó de que se le viera como alguien muy cercano al presidente de la República. Ana en cierta forma se volvió más importante de lo que esperaba, pero se le olvidó que la pusieron en la CONADE para cuidar y desarrollar al deporte mexicano, no para ocupar esa dependencia como una escala para hacer tiempo en lo que llegaba su dorado sueño de ser candidata a gobernadora de su natal Sonora.

Y hasta los amigos del presidente tienen un “ancho de manga”… 

Y Ana no previó que bajo su naríz, quiero suponer que no sabía, se estaba haciendo un chiquero en las finanzas de la CONADE. Yo no la estoy acusando de haberse robado un peso, aunque no puedo garantizarlo. Pero de que todos los vividores que despachan en las oficinas del segundo piso en la torre de la Dirección General de la CONADE en Tlalpan han estado haciendo lo que se les viene en gana, en partícular Marisela Rafael su directora o coordinadora jurídica y Sergio Monroy, el subdirector general, de eso no tengo duda. 

Y no es un “yo creo”, esto es un “así es”, con los contratos, con el manejo de la gente, con los recomendados, con los aviadores, con los colados, que “se había encontrado” la fórmula maravillosa para conservarles el estátus de “mantenidos”, hasta que se dieron cuenta que no solo estaban ocupando dinero federal, sino recursos etiquetados, que según la Secretaría de la Función Pública, el haberlos distraído del fin para que les fueron entregados al Fideicomiso para el Alto Rendimiento, han causado un daño al erario público, es decir, han cometido un delito federal que requiere la reparación del daño y purgar una pena corporal en la cárcel.

Es grave, muy grave. A estas alturas del partido, con el escándalo desatado ya no hay más que una persona que puede sacar a Ana Guevara de esta situación. Voy a obviar la personalidad, usted ya sabe quien es. Pero si esa persona se ausentó mientras la secretaria de la Función Pública daba una conferencia, quiere decir que las cosas están de peor manera que lo que quiso defender Ana en un programa de televisión en Televisa, al que pidió, porque no estaba incluida, que la invitaran el lunes pasado. 

¡Que pena! Caras vemos y para variar, el deporte pagando las guerras de ego y ahora políticas inter-sexenios.

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