Oscar Valdez… Un golpe que lo vale todo…

Por EDGAR VALERO BERROSPE

La pregunta obligada ronda sobre si el público sabía, tenía presente a Oscar Valdez como protagonista y posible vencedor de la pelea del sábado pasado ante el Alacrán Berchelt, o si todo fue una sorpresa, tratándose de una pelea entre dos campeones mundiales, aunque Valdez hubiera renunciado previamente a su título mundial pluma de la OMB.

La verdad es que la figura era Berchelt. El famoso, no solamente el favorito. La figura de la función y de la pelea estelar. El Alacrán ya tenía reservado su lugar entre las estrellas contemporáneas del boxeo mexicano, es más, iba tratando de acercarse a la marca de las nueve defensas que del título ligero junior del Consejo Mundial de Boxeo hizo hace 30 años el gran Julio César Chávez.

Por eso, entre muchos otros motivos, es extraordinariamente emocionante haber visto, sin duda, el nacimiento de la próxima gran figura del boxeo mexicano. Valdéz tiene una larga trayectoria en el boxeo, como amateur y como profesional. Su camino inició hace 9 años, ya tiene 30 años, y aunque la mayor parte de su carrera ha sido peleando como superpluma, fue en la división inferior, la de las 126 libras, donde se le presentó la oportunidad.

Y los casi cinco años que transcurrieron desde que ganó esa corona, no lo habían proyectado lo suficiente como para ser realmente una figura en el medio boxístico, la mejor muestra es que en las siete peleas titulares en las que estuvo involucrado previamente, cuando el título mundial y las seis defensas de la corona, tuvo que compartir y alternar créditos con peleadores como como Terence Crawford, Andy Ruiz, Jessie Vargas, el invicto supermediano Gilberto Ramírez y Sergei Kovalev.

Pero era evidente que la mente maestra de Bob Arum estaba trabajando, aunque con las reservas del caso. Si el veterano promotor hubiera vislumbrado lo que sería la pelea del sábado, seguramente no habría sido a puerta cerrada. Pero hasta al mejor cazador se le va la liebre, y aceptó en una entrevista con mi amigo Ernesto Amador que se equivocó al llevar esta función a la burbuja del MGM.

Claro que a puerta cerrada el negocio no daba para meter más leña al asador, por eso se jugó a una sola carta, la pelea de Berchelt y Valdez, la función del sábado. Probablemente ni el propio Arum pudo prever lo que veríamos en el ring, lo cual, es una gran sorpresa.

Valdez no es el más veterano de los campeones mundiales que han despertado a la fama cuando ya su carrera está en un avanzado estatus. Por ejemplo, Juan Manuel Márquez tenía ya 31 años cuando peleó con Pacquiao la primera vez en 2004, 34 cuando derrotó a Marco Antonio Barrera y 35 cuando le robaron la revancha ante el filipino, bueno rondaba los 40 cuando finalmente se quito la jetatura de Manny Pacquiao, así que tiempo, sí lo hay.

Oscar necesitaba un rival de prestigio, de peso, por eso hizo la preparación de su vida para enfrentar a Berchelt, porque era evidente, cuando se pactó el combate que fue pospuesto desde diciembre, que tendría toda la atención de México y Estados Unidos. Cualquier otro mercado es secundario en temas de boxeo en estos tiempos.

Siendo disciplinado, muy trabajador, honesto, dedicado, sólo le hacía falta una buena estrategia, que al fin y al cabo pelear en superpluma no iba a ser un problema, su problema era pelear en pluma, el ascenso era algo esperado.

Y aquí debo de darle ahora sí, todo el reconocimiento a Eddie Reinoso, su entrenador-manager, que, si fue él, o entre los dos o todo el equipo quien planeó su desempeño en el ring, fue magistral, una obra maestra. El movimiento, la fluidez y las combinaciones de Oscar fueron clave. El aguantar los intercambios ante el tipo grandote en el ring, el de la pegada pavorosa, también le pasó factura, pero una vez que probó que con una velocidad relampagueante, con movimientos permanentes alrededor del campeón, y mucho valor, podía tomar ventaja, ya todo fue cuestión de tiempo.

No es que haya estado esperando el momento, o tal vez sí, pero cuando Berchelt entró franco, de frente, como un tren, y se fue en banda con una combinación violentisima de izquierda-derecha-izquierda, dejó abierto el camino para que apoyándose en la pierna izquierda y con la agilidad de un gato montés, Oscar saltara y poniendo todo su peso en su mano izquierda sacara ese despiadado cañonazo que acabó con su rival. Un golpe que vale oro, que vale una trayectoria, que es el pasaporte al estrellato.

En una época en que sólo se habla o del Canelo o de los pesos pesados, la llegada inesperada de Valdez abre el horizonte para que en el semidesierto de figuras panorama boxístico mexicano, se vea un oasis donde no todo es Alvarez, y donde, además, Oscar llega con frescura, pero mediante una trepidante victoria que no admite ninguna discusión, sin dudas, sin explicaciones, sin pretextos, así, como en los viejos tiempos…

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