OLIMPISMO A CONTRACORRIENTE

Un poco mejor que en Berlín 1939.

DANIEL ESPARZA

Los 31 Juegos Olímpicos de la Era Moderna, en #Tokio2020, representaron para México la antesala de sus primeros 100 años de Olimpismo. en plano decadente. Una historia que incluye el peregrinar de nuestro deporte a través de los conflictos y crisis políticas, económicas y sociales que han moldeado su  desarrollo en nuestro país.

Invitados oficialmente a los Juegos de París en 1924, no obstante una serie de apariciones de mexicanos esporádicas y prácticamente casuales en ediciones anteriores, aquella participación detonó la incrustación de México en la creación de los primeros Juegos Centroamericanos, que se realizarían dos años después en la CDMX y la precaria fundación de una Confederación Mexicana de Aficionados, para tratar de organizar el caótico deporte popular y realizar con seriedad la primera gran responsabilidad internacional contraída por nuestro país con el deporte.

Se trataba de una actividad que sobrevivía en las colonias y barrios populares, sin más opción para su práctica que los llanos o las instalaciones militares, en tanto México seguía sumido en rebeliones militares en contra del Presidente Álvaro Obregón y su sucesor Plutarco Elías Calles. Conflictos que afectaban la vida de alrededor de 13 millones de habitantes, donde menos de 5,000 realizaban alguna actividad económica, la mayor parte de ellos en el sector agropecuario.  (Historia General de México, 2000) a consecuencia de un endeble sistema educativo con menos de 800 mil alumnos y casi 90% varados en la educación primaria  (Gutiérrez Vivo, José, 1999).

Sin embargo, aquella participación de 15 mexicanos en París 1924 representó el primer viaje continental de un equipo mexicano, en una nación que hasta entonces sólo había tenido intercambios con partidos de béisbol entre equipos de ciudades fronterizas de México y Texas, algunas ocasiones con equipos de Cuba o Guatemala y ocasionalmente competencias de carácter internacional y en menor grado en actividades multideportivas: distinguiéndose juegos de basquetbol, futbol y tenis. (Ferreiro Toledano, 2006)

Enviada con los recursos recaudados a través de una colecta pública y el apoyo de la entonces Secretaría de Guerra y Marina, la primera incursión olímpica significó el parteaguas para la organización del deporte mexicano y el escenario propicio para el crecimiento de figuras y hazañas que se iban difundiendo en la naciente prensa deportiva.

Con penurias, poco dinero y el esfuerzo de mujeres y hombres que tenían fe en la actividad deportiva, México no dejaría de participar desde entonces en la justa olímpica a contracorriente de un país sin recursos para instalaciones, ni maestros, ni organismos dedicados al desarrollo del deporte nacional, de manera popular.

Y a pesar de todas esas circunstancias, en ocho años México conseguiría sus primeras dos medallas olímpicas, en Los Ángéles 1932, en dos deportes disímbolos en su práctica y desarrollo. En boxeo, a través de Francisco Cabañas, una actividad popularizada en las barriadas de las nacientes urbes mexicanas y el tiro, practicado mayoritariamente por militares pero cuya primer medalla cayó con un civil, Gustavo Huet, inscrito aleatoriamente en una eliminatoria abierta a la población.

Sofocada la última revuelta provocada por la sucesión presidencial, previa a la elección de Lázaro Cárdenas, México llegó a Berlín 1939 para conseguir su mejor resultado hasta entonces con tres preseas de bronce, en basquetbol, polo y boxeo que fueron el preámbulo de un explosivo despegue logrado en 1948, con la obtención de cinco medallas, ya bajo el control de los primeros gobiernos civiles y el “milagro mexicano” en la economía, erigido durante la Segunda Guerra Mundial.

Y no obstante la escasés de preseas de Helsinky 52 y Melbourne 56, donde prácticamente el talento de Joaquín Capilla lo fue todo para las delegaciones, nuestro país volvió a retar su destino solicitando la sede de los Juegos Olímpicos para 1968.

Fue aquel un salto al protagonismo, con la obtención de nueve preseas,  que se malogró los años siguientes por falta de coordinación y presupuesto para el deporte, ocasionados por las crisis económicas de 1976 y 1982. La excepción fueron Moscú 80 y Los Ángeles 84, donde los boicots de las grandes potencias deportivas del mundo fueron factor para mejorar los resultados de los mexicanos.

La creación de un organismo cupular de gobierno para el deporte mexicano, a partir de 1988, ocasionó un replanteamiento de su organización y una mejor planificación, no exenta de conflictos, que ha propiciado el crecimiento de la actividad en todo el país; el aumento de instalaciones y de talentos que aún siguen siendo escasos para un país de más 120 millones de habitantes que sigue buscando la proporción idónea entre el número de mexicanos deportistas y la minoría que obtiene resultados de excelencia en los Juegos Olímpicos.

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