México 68, el olimpismo vs la ignorante burocracia I

DANIEL ESPARZA

Heredero de un deseo del que nunca formó parte, Gustavo Díaz Ordaz, solicitó a su gabinete hacer una consulta sobre las consecuencias que tendría la cancelación de los Juegos Olímpicos de 1968, de acuerdo a un testimonio del canciller de los juegos Roberto Casellas a propósito del 53 aniversario de la gesta. #ComiteOlímpico #Conade

Diligentes, como suelen serlo todos los funcionarios con el presidente en funciones, los servidores públicos movieron archivos, consultaron a las embajadas e incluso organismos internacionales para tratar de averiguar las penalizaciones que enfrentaría México, sin que el Comité Olímpico Internacional pudiera enterarse del secreto deseo del mandatario en funciones.

Nada pudo confirmarse cuando el mandatario trajo el tema en una reunión en Palacio. Tímidamente, un funcionario se atrevió a sugerir lo que parecía impensable: «No sucederá nada»

-¿Nada?- exclamó extrañado el mandatario oculto tras esas enormes gafas que como antifaz ocultaban siempre la intensidad de sus expresiones.

-Nada- confirmó el participante con el peso de la mirada de los ministros. Pasando saliva, todavía se atrevió a deslizar -que desecato- una opinión.

-Aunque el descrédito internacional sería terrible para México- agregó sabedor de las dudas expresadas por la prensa de Estados Unidos desde que México venció a Detroit, Lyon y Buenos Aires y algún columnista vaticino: «Creanme, México nunca realizará los juegos» y anunció la decisión de Detroit de mantenerse en espera de la cancelación.

Aquel comentario tocó alguna fibra del mandatario, quien sin mediar discusión continuó con la evaluación de los trabajos. Meses después el militar mexicano, Antonio Haro Oliva, fue convocado a escribir un libro que explicara «brevemente» lo mínimo que debían saber los secretarios de estado sobre el movimiento creado por los griegos.

Así de ignorantes ¿estaban?

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