Memorias de un Káiser

Como México, Alemania soñó con realizar los dos eventos deportivos más importantes del planeta para impresionar al Mundo con la capacidad de un país que perdió la Guerra… pero su vanidad terminó en pesadilla.

La Matanza de Tlatelolco marcó los Juegos del 68 como una Olimpiada Negra. En tanto, los atentados contra atletas israelitas en 1972 en la Villa Olímpica, hirieron el orgullo de los organizadores germanos, que sólo podían curarse en su ánimo dos años después, con el Mundial de futbol.

La Alemania Federal había sido campeona de Europa dos años antes, venciendo a la Unión Soviética, y tras haber disputado la final en 1966 y el tercer lugar en 1970, después de un partido legendario contra Italia, donde perdieron 4-2 en tiempos extras y en el que un joven llamado Franz Beckenbauer jugó luxado de un hombro para enhebrar los trazos de su leyenda.

Desaparecida la Copa Jules Rimet, a nivel internacional se estrenaba Copa del Mundo y podía tener un nuevo campeón ante el retiro de la más brillante gema de la última corona brasileña: Edson Arantes Pelé.

El 7 de julio, en Munich, podía ser la hora de Alemania en la final contra Holanda.

No había sido fácil. Los teutones habían superado entre abucheos la primera ronda, luego de una deslucida victoria 1-0 ante Chile, que llegó por azar a la Copa del Mundo, tras negarse la Unión Soviética a enfrentarlo en una eliminatoria luego del derrocamiento de Salvador Allende.

Después, los Federales vencieron 3-0 a Australia y perdieron el duelo del absurdo contra la Alemania Democrática por 1-0, en un encuentro que enfrentó hombres de un mismo país etiquetados, políticamente por el mundo, como diferentes.

Calificada en segundo lugar, Alemania Federal jugaría la siguiente ronda en el Grupo B, integrado por Polonia, Yugoslavia y Suecia, en un Mundial en que los ocho finalistas se dividieron en dos grupos, jugaron todos contra todos y los líderes de ambos grupos se enfrentaron en la final.

Los alemanes comenzaron a reinventar el futbol mediocre que habían exhibido en la primera fase y ganaron 2-0 a Yugoslavia. Luego vencieron 4-2 a los suecos y se disputaron el boleto a la final con Polonia, equipo al que vencieron con un agónico gol al minuto 76, para estar en la final.

Enfrente tendrían al que para muchos era el mejor equipo del Mundial: Holanda, quien conducido por Johann Cruyff fue apodado la Naranja Mecánica, por su orden y efectividad.

Los holandeses habían vencido en la primera fase 2-0 a Uruguay, empataron sin goles con los suecos, para luego aplastar 4-1 a Bulgaria y ganarse los elogios más importantes de la prensa.

En la segunda fase los holandeses echaron del Mundial al campeón, Brasil, al vencerlo por 2-0; lo mismo que a Alemania Democrática y terminaron la ronda derrotando 2-1 a Argentina, para quedar listo para lo que parecía su coronación lógica.

El Presidente de Alemania y el Rey de Holanda se reunieron en el palco para dejar que decidiera la historia. Al primer minuto de juego Cruyff es derribado en el área y Neeskens cobra el penal para poner adelante 1-0 a Holanda, cuando los alemanes ni siquiera habían tocado la pelota.

A los 25 minutos, otro penal ahora en contra Holzenbein, permitió que los germanos empataran con gol de Breitner. Antes de que terminara el primer tiempo, el viejo toro, Gerd Muller, campeón goleador de México 70, consiguió su gol 14 en Copas del Mundo y puso por fin en ventaja a los anfitriones.

En el segundo tiempo, Holanda, que nunca había estado en desventaja en el Mundial, no pudo volver a prender la Máquina Naranja.

Así Franz Beckenbauer levantó por primera vez la Copa del Mundo. Sin embargo, la leyenda del Káiser del futbol no terminó allí. En Italia, en 1990, volvería a tener la Copa del Mundo en sus manos cuando los germanos se convierten en tri campeones del mundo ganando aquella discutida final ante Argentina con el penal de Codesal, siendo ya Beckenbauer el técnico nacional.

Pero no fue la última aparición memorable del Káiser en el futbol. Hace cuatro años, tuvo su última gran actuación siendo presidente del Comité Organizador de la Copa del Mundo en la Alemania unificada. A sus 57 años, durante el Mundial, se casó oficialmente con su pareja de muchos años, Heidi Burmester, entonces de 39. Así nadie dudaría de su pasión por la vida y el futbol mientras viva.

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