Marcas en la piel

 

“Me daba tristeza porque ya no iba a poder comer o agarrar un libro” – expresó nostálgico, Juan Carlos Aceves Moreno de 13 años; mientras miraba sus brazos al recordar aquel trágico 21 de diciembre del 2016, cuando la explosión del mercado de artesanías pirotécnicas “San Pablito”  en Tultepec, Estado de México, casi le cuesta la vida.

Entre gritos desesperados y una gran multitud, Juan Carlos perdió de vista a su mamá. Con quemaduras en gran parte de sus brazos, corrió hasta la entrada del mercado, donde unos minutos más tarde una ambulancia se lo llevó. Juan Carlos no tenía idea de que en ese momento, su calidad de vida iba a cambiar para siempre.

Guadalupe Moreno, madre del pequeño, trabajaba como intermediaria en el mercado, jamás imagino que una tragedia tan grande pasaría. En medio del humo, gritos de dolor y el olor a pólvora, Guadalupe comenzó a sacudir la ropa de su hijo para quitar los restos de tierra y pólvora. Ahí se percató de que su pequeño presentaba quemaduras en los brazos.

En medio de una gran desesperación y gracias a la oportuna reacción de la hija de la señora Guadalupe, quien es enfermera, Juan Carlos fue trasladado al Hospital General Vicente Villada en Cuautitlán, México ya que, necesitaba atención inmediata por las quemaduras que presentaba.

“Primero me empezaron a limpiar y pasaron como 30 minutos y me dieron medicamento” – aseguró, Juan Carlos.

Luego de ser brevemente interrogado por los paramédicos dentro de la ambulancia, Juan Carlos recuerda que al llegar al hospital le brindaron primeros auxilios, mismos que sirvieron para valorar la gravedad de las quemaduras y fue entonces que se determinó que tenía heridas en el 35% de su cuerpo.

Por la gravedad del caso, Juan Carlos necesitaba de atención médica especializada para asegurar su vida. Por motivos económicos no podía ser trasladado a una clínica particular; así que inmediatamente fue llevado al Hospital Materno Infantil de Xochimilco, institución que cuenta con seguro popular. La directora de la unidad de quemados pidió apoyo a la fundación Michou & Mau, puesto que en esa clínica no contaba con los recursos necesarios para sacar adelante al menor.

De inmediato, la fundación se contactó con la embajada de EE.UU  para tramitar una visa de emergencia médica, también conocida como visa waiver o visa humanitaria, que permitiría llevar al paciente al Hospital Shiners For Children en Houston.

Al llegar a Texas; Juan Carlos ingresó con rapidez a quirófano, debido a las heridas que ponían en riesgo la funcionalidad de ambos brazos, necesitaba de injertos de piel inmediatos, si esto no se hubiera realizado existían altas posibilidades de que perdiera sus miembros.

Después de los injertos  sus brazos empezaban a sanar con rapidez, estuvo en tratamiento exactamente 22 días y recuperó la movilidad en sus brazos. Fue un proceso de cuidados intensivos para evitar cualquier infección. Una vez que la piel empezó a cicatrizar le colocaron prendas de presoterapia, diseñadas especialmente para la zona afectada, a fin de evitar que su piel creciera en desorden.

A pesar de las marcas en los brazos que reflejan el dolor que ha vivido desde aquel trágico 21 de diciembre,  y además de la pérdida de su hermano a causa de una explosión de gas que destruyó su hogar, así como el fallecimiento de su padre a sus tres años, Juan Carlos se encuentra feliz porque puede continuar con su vida.

Juan Carlos asegura que desde la explosión en el tianguis en Tultepec no quiere tener ningún contacto con artefactos pirotécnicos. A sus 13 años, ha tenido una vida llena de pérdidas fuertes en su núcleo familiar; pero él todos los días se levanta agradecido con Dios por regalarle otro día más de vida para salir adelante junto a su madre que jamás dejó de confiar en su pequeño guerrero. Ahora la familia sobrevive gracias a que María Guadalupe Moreno se dedica a la venta de sombrillas.

 

 

Anel Cárdenas, Diego Gálvez, Alan Martínez

A %d blogueros les gusta esto: