Los mitos del 2 de Octubre

Marcada como una fecha icónica por la izquierda mexicana, los hechos que propiciaron la matanza de estudiantes siguen siendo una de las grandes incógnitas de la historia reciente de México, que han tratado de explicar con un autogolpe de Estado y hasta una conspiración de la CIA en México.

#2deoctubrenoseolvida

Películas como Roma, de Cuarón, han mostrado la preparación de milicias civiles desde el mismo gobierno, las cuales habrían intervenido el 2 de octubre por órdenes ajenas al Ejército Mexicano, pero que venían del poder ejecutivo, donde el Secretario de Gobernación, Luis Echeverría, preparaba su estrategia para ser ungido Presidente de México.

Existen otros testimonios de ex representantes de CIA en México que afirman que estos grupos paramilitares eran financiados desde Estados Unidos, donde reinaba la paranoia del crecimiento del comunismo en América, tras el fortalecimiento de la Revolución Cubana, y se preparaban para combatirlo.

Estas versiones aseguran que el “garrote estadounidense” contactó incluso a Marcelino García Barragán, entonces secretario de la Defensa Nacional, para tratar de seducirlo con la oferta de convertirse en el próximo Presidente del país y convertirlo en otro dictador militar del continente.

Sin embargo, otros testimonios hablan de que el propio Secretario de Defensa fue obligado a liberar a integrantes del comando Olimpia –que disparó contra los militares – por miembros del Estado Mayor Presidencial.

Sobra decir que en los diarios de todo el país los archivos referentes a los hechos fueron expulgados por miembros de la Secretaría de Gobernación, donde sólo se pueden encontrar fotos de la marcha y la llegada de los militares. Nada de víctimas o pilas de muertos.

Un viejo fotógrafo de EL UNIVERSAL narraba siempre su choque contra los agentes, cuando recogieron sus rollos con fotos de decenas de muertos apilados en el servicio forense.

-Estas fotos son falsas. Vaya usted a verlo- lo amenazaron al retirarle el material saliendo del revelado.

Cuando el compañero volvió al lugar, los trabajadores borraban con chorros de agua las manchas de sangre que iban desapareciendo por las coladeras de la historia de México.

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