Lo que el viento no se llevó: el rencor contra la cultura

DANIEL ESPARZA

La reciente decisión de cambiar el nombre de los Pieles Rojas de Washington o la desaparición del catálogo de películas de HBO Max de Lo que el Viento Se llevó, forma parte del inútil esfuerzo de cambiar el pasado, cuando de lo que se trata es de crear una cultura incluyente para las nuevas generaciones. #RedskinsNameChange

No creo que el cambio de nombre de un equipo de la NFL modifique un segundo la depredación que hicieron las colonias estadounidenses contra las tribus nativas de América, que forma parte de la historia.

Incluso la historia de los Juegos Olímpicos exalta la memoria de un indígena piel roja, Jim Thorpe, quien fue considerado el mejor atleta del mundo al ganar la medalla de pentatlón y decatlón, en Estocolmo 1912, aunque luego las medallas le fueron retiradas acusado de haber cobrado por dar exhibiciones de futbol, basquetbol y beisbol.

El COI nunca podría cambiar esa historia, dado que entonces la palabra Amateur era un credo insoslayable para el olimpismo, pero muchos años después, en los años 80, corrigió la decisión con la entrega de sus medallas a la familia y el reconocimiento de Thorpe, como la más grandes figura de los Juegos de Estocolmo 1912, con el mérito adicional de haberse enfrentado al rechazo racial, por ser un indígena piel roja.

Del mismo modo, la novela de Margaret Mitchell, una de las más leídas en el mundo, es sencillamente una compilación de los relatos que una precursora de las mujeres escritoras escuchó de sus abuelas y abuelos, siendo niña, combinado con lo mucho que había estudiado en la historia.

Nativa de Atlanta, la casa que habitó Mitchell aún contiene el ropero donde la escritora iba guardando las hojas de la enorme novela, sin considerar nunca su publicación, hasta que su marido la convenció de hacerlo bajo el pseudónimo de M. Mitchell para evitar la discriminación contra el talento de una mujer como escritora.

La obra fue llevada al cine, siendo entonces la película más larga y cara de la historia y haciendo de Mitchell un ícono de su natal Atlanta, donde su casa es un museo muy apreciado por la comunidad como un ejemplo de la lucha de las mujeres por la igualdad.

Hoy sin embargo, su obra es cuestionada sin considerar su valor para difundir la historia de su estado y su país, con el mismo oscurantismo de aquellos que combatieron la publicación de la novela del Doctor Zhivago, de Boris Pasternak, sólo por el hecho de atreverse a mencionar las contradicciones de la revolución rusa.

Parece que los instigadores de estas políticas, quieren culpar a la cultura deportiva, literaria y cinematográfica de los estereotipos creados y propiciados por la sociedad de entonces.

Me parece que el reto es evitar que la historia se repita, promoviendo materiales culturales que propicien el surgimiento de una cultura de la inclusión y el respeto a todos los géneros e ideologías.

Prohibir es más fácil que crear.

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