Lo menos importante de lo más importante… No, nunca más.

EDGAR VALERO BERROSPE

Normalmente, un jueves como hoy, cuando estoy escribiendo esta columna, como la mayoría de mis colegas estaría preparandome para un buen fin de semana deportivo, en este caso, con la alegría del retorno del beisbol de las Grandes Ligas a pesar de la escandalosa investigación que exhibió a los Astros, de mi adoptiva ciudad de Houston, como unos tramposos.

La liga MX estaría entrando en su fase decisiva, a punto de iniciar la Jornada 12 y algunos equipos ya estarían perfilados para la liguilla. En vez de eso hay un silencio absoluto y los que vivimos en el deporte, del deporte o para el deporte, no nos hemos resignado a este violento cese de actividades provocado por el virulento ataque de la naturaleza en contra de la humanidad.

Y entonces, hasta lo que en otros momentos era algo sin importancia, se vuelve importante. Retos, nominaciones, rumores, dichos, y lentamente vamos encontrando nuevas entretenciones que, sin embargo no llenan el vacío de la emoción contenida y la pasión apaciguada porque no hay motivos para emocionarse.

No es ningún secreto, como lo hemos dicho muchos periodistas y analistas, comentaristas, historiadores y observadores que el deporte es lo menos importante de las cosas importantes o la más importante de las cosas menos importantes. Es relativo. Hay mucha gente que se niega a aceptar que cuando al Tri le va bien en un partido sea de preparación, o simplemente lucidor por las circunstancias que sean, la gente va a trabajar más contenta al día siguiente. Los que van, claro, porque muchos “celebran de más” y pues llegan a chambear hasta el tercer día.

La Serie Mundial, el Super Bowl, la Copa América, más recientemente la Champions, la Concachampions, bueno, hasta la Copa MX, han ido ocupando espacios más importantes en nuestras vidas, desmintiendo la “sesuda” frase que le acabo de mencionar sobre la importancia o no del deporte. La verdad es que, si importa. Y no es un tema de “al pueblo pan y circo” como pudo haber pensado al acuñar esta frase  el poeta romano Juvenal hace casi dos mil años, en referencia a la renuncia que a sus deberes sociales y políticos hicieron los hombres de aquellos tiempos y que optaron por la simpleza de vivir y entretenerse.

El deporte ha transformado y se ha transformado con el paso del tiempo, hasta, como ahora podemos constatar, ocupar un sitio mucho más sobresaliente que ser “lo menos importante de todas las cosas importantes”. Conforme las preocupaciones nos invaden, el estrés nos ataca cada vez más severamente en nuestras agitadas sociedades, los únicos refugios para romper con tantas presiones, están en los estadios, en las arenas deportivas, en la identificación religiosa con un héores deportivo, bueno, hasta el punto, como me dijera mi papá, José Luis Valero, por mucho la máxima autoridad en el periodismo deportivo de la lucha libre en México, de tener una catarsis, un escape, una oportunidad de volver a la normalidad.

Por eso, el otro día que se me ocurrió visitar el NRG Stadium, el ya no tan relucientemente nuevo estadio de Houston, donde vi ganar a los Patriotas De Nueva Inglaterra por primera y por última vez el Super Bowl con Tom Brady, sentí un vacío en el estómago. No nos hemos preguntado que pasará dentro de algún tiempo si es que esta plaga del 2020 se sigue llevando a tantas y tantas personas. Si no pudiéramos volver a ver deportes, si no pudiéramos volver a vivir la pasión por esta actividad inventada por el ser humano y que dejó de ser “menos importante” para ser crucial, fundamental en el desarrollo de la sociedad actual. Pregúntele a los grandes jeques árabes ¿por qué siguen tratando de “comprar” y llevar los eventos deportivos más importantes del mundo? ¿Porque Vladimir Putin se empeñó en que hubiera una Copa Mundial de la FIFA en Rusia (en crisis, aunque se niegue a aceptarlo)?…

La explicación termina por ser la misma. Porque el deporte ha dejado de ser lo menos importante de lo más importante. Es un asunto que ahora trasciende y al margen de ser un gran negocio, un medio de comunicación espectacular y un concentrador de intereses de todos tipos, una escapatoria. Una puerta para romper con todos esos problemas de todos los días para muchos miles de millones de personas en el planeta. Hoy yo no puedo responder como sería un mundo sin deportes. Pero sí se que este mundo no podría seguir adelante si no existieran. Llámeme exagerado, y luego por favor hágase unas preguntas muy sencillas: ¿Cual es su equipo favorito?… ¿Que sentiría si no volviera a verlo jugar?… ¿Que haría con tanto tiempo libre si no pudiera sentarse con sus amigos o su familia a ver en televisión cualquiera de los eventos que le he mencionado?… Tengo, creo, un poco de razón… ¿No le parece?

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