Las trampas famosas del boxeo profesional

DANIEL ESPARZA

El boxeo es un teatro en el que la vida se recrea con sus vencedores, con sus derrotados y los caminos que hay que tomar para llegar hasta la cima. No siempre se avanza en la vía recta y honrosa, porque la vida también se escribe con renglones torcidos. Este fue el caso del inicio de Jack Dempsey.

Considerado uno de los 10 mejores pesos pesados del mundo, el pugilista estadounidense, que diera brío al boxeo durante los años 20, tuvo no pocos episodios deportivos en los que se le acusa de haber sido protegido por los jueces.

Sin embargo, puede decirse que su ascenso a la disputa del título fue casi casual y casi premeditado.

El 4 de julio de 1919, Jack Dempsey fue elegido como víctima del campeón mundial Jesse Willard, en una contienda que se llevó a cabo en Ohio.

Dempsey era el mejor descubrimiento pugilístico que había logrado su manager Jac “doc” Kearms, quien convenció a los promotores de darle la oportunidad a un chico de 24 años contra un campeón de 37.

En sus memorias, Kerms reconoce que a los 36 años de edad y con un futuro incierto decidió jugarse el todo por el todo y apostar que Dempsey sería capaz de vencer a willard en el mismo primer round, para ganarse más de 100,000 dólares adicionales a la pelea.

Para garantizar el resultado, Doc Kearms decidió comprar una lata de talco y una lata de cemento de París. Vació la primera y la rellenó con cemento para llevársela a la arena.

Durante el vendaje del campeón, Kearms comentó a los asistentes de Willard que deberían talquear los puños del campeón para que se sintiera más cómodo, lo cual fue tomado a broma por Willard.

Luego, Kearms vendó a Dempsey y pidió a su asistente mojara las vendas, para que el retador sintiera sus manos frescas y luego sacó el supuesto talco para espolvearlas antes de enguantarlo. Por supuesto, nadie se dio cuenta de las intenciones de aquella treta.

Durante el combate, Dempsey derribó en siete ocasiones a Willard en el primer round, hasta que en la última caída recibió la cuenta de diez en la lona y Kearms entró al ring a sacar de inmediato a Dempsey, feliz de haber ganado la apuesta.

Pero como el tramposo siempre cae al pozo, en el vestidor Kearms se enteró que Dempsey tenía que volver al cuadrilátero, porque la campana había salvado al campeón aunque nadie la habia escuchado en el trance de verlo caído.

Dempsey regresó corriendo al ring, para no ser descalificado, y continuó dándole una severa golpiza al campeón a quien le hizo cortes por toda la cara hasta que en el tercer round el réferi, Ollie Pecord, detuvo la sangrienta contienda.

Doc Kearms nunca cobró los 100 mil dólares de la apuesta, pero en cambio se mantuvo al lado de Dempsey durante el resto de su carrera, hasta que perdió el titulo ante Gene Tunney, luego de haber ganado fama y popularidad a través del boxeo y el cine, en el cual también incursionó, gracias a aquel talco que le suavizó las manos.

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