Las macabras historias del autódromo de la CDMX

Pocos lo saben, pero el autódromo de la Magdalena Mixhuca, sede del Gran Premio de México, tiene sin duda una historia ligada con la muerte y los fieles difuntos.

#GranPremioDeMexico2019

Primero porque su construcción significó la muerte de las últimas chinampas del Pueblo de la Magdalena Mixhuca, el cual durante décadas surtió de legumbres y hortalizas al Mercado de Jamaica, que fue el principal centro de abasto de la Ciudad de México hasta la década de los 50’s, junto con la Merced.

Sin embargo, especialmente la zona de pits del Autódromo fue construido en los terrenos de lo que fue el panteón del Pueblo, algunos de cuyos restos fueron trasladados al cementerio de Iztapalapa cuando el gobierno expropió los terrenos para construir la Ciudad Deportiva.

A finales de los años 90, todavía algunos ejidatarios sobrevivientes seguían esperando el pago justo de esos terrenos que significaron ver arrastrar esqueletos y ataúdes de madera, cuando los primeros trascabos borraron el cementerio prehispánico de la Ciudad de México.

El autódromo fue también la tumba del piloto mexicano Pedro Rodríguez, quien perdió la vida precisamente en la curva peraltada del circuito el primero de noviembre de 1962, un día de muertos, precisamente en las prácticas del Gran Premio de México.

El primer piloto mexicano que incursionó en la Fórmula 1 del automovilismo no resistió que un piloto extranjero lograra el mejor tiempo del circuito, por lo que regresó a su auto precipitadamente, a punto de cerrarse el tiempo de prácticas, y encontró la muerte tratando de acelerar al máximo la famosa curva.

A pesar de sus interrupciones, el Gran Premio de México se sigue realizando en Octubre, justo días antes de la celebración popular más célebre de nuestras costumbres religiosas, en el mismo lugar que fue tumba de muchos indígenas y del primer gran ídolo del automovilismo.

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