La Vanguardia y el Parque del #SeguroSocial

En ocasión de la fecha de desaparición del Parque del Seguro Social, retomo este capítulo del libro “Historia Ilustrada del Deporte del IMSS” coordinado por mi amigo Edgar Valero y cuyos textos e investigación me tocó realizar, apoyado en textos de mi maestro, Tomás Morales. Con el Parque, el IMSS fue la única institución de salud pública que abrazó el deporte como una estrategia para mejorar la calidad de vida de los mexicanos, que nadie ha replicado.

En 1954 se puso en operación una tienda de autoservicio en el recién inaugurado edificio de Paseo de la Reforma, que abrió una nueva etapa en el concepto de prestaciones para trabajadores el cual rebasaba para siempre la frontera del servicio médico y los subsidios por incapacidad.

En los Centros de Seguridad Social comenzaron a proliferar maestros y monitores de actividades físicas, que alentados por la comunidad impartían clases de diversos deportes, principalmente entre la población infantil que era llevada por sus padres. Ese fue el primer antecedente de las Escuelas de Iniciación Deportiva que el IMSS desarrollaría con el tiempo.

Imposible pensar en estudios actuariales que confirmen la forma en que esta actividad deportiva colaboró para mejorar la salud pública, pero como un granito de arena estas acciones sencillas, fueron capaces de crear un vendaval de salud junto con las jornadas de vacunación y la proliferación de hospitales del IMSS en todo el país.

Para 1955, la tasa de mortalidad en población abierta se había reducido a menos de 15 por cada mil, contra las más de 20 por cada mil que se tenían en 1947. Pero el primer gran servicio nacional que brindó el Instituto Mexicano del Seguro Social al deporte fue cuando puso en marcha la construcción del Parque de béisbol del Seguro Social, inaugurado en 1955. Envuelto en el entusiasmo por la organización de los II Juegos Panamericanos, el entonces coloso de béisbol con capacidad para 25 mil personas, ubicado en lo que era el delta del Río de La Piedad, vino a unirse a la construcción de la Ciudad Universitaria y su Estadio, y propició que el Seguro Social ligara desde entonces su nombre con el deporte, y especialmente con la llamada pelota caliente.

El fastuoso escenario fue inaugurado con una serie internacional entre los Gigantes de Tokio contra una selección mexicana de profesionales, que antecedió al torneo de béisbol de los Juegos Panamericanos y posteriormente a su uso por parte de la Liga Mexicana de Béisbol. Erigido como un símbolo del México moderno, el Parque del Seguro Social fue visitado por el propio comisionado de las Grandes Ligas, Ford Frick, para confirmar la capacidad de una institución como el IMSS para instalar un alumbrado perfecto, cuando muchos parques en los Estados Unidos carecían del mismo para sus juegos nocturnos.

Los propios peloteros profesionales se deslumbraron al grado que aquel primer partido fue una feria de palos que provocó un baño de cerveza desde las gradas al campo, lo cual asustó al comisionado de las Grandes Ligas, hasta que un pícaro directivo mexicano le dijo: “Es una vieja costumbre mexicana: como en las regatas los remeros bañan al capitán, aquí los aficionados bañan al equipo que va ganando”

Pero el IMSS ya tenía derecho de admisión en el deporte.

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