La Liga MX entierra a sus propios muertos

EDGAR VALERO BERROSPE

El devastador golpe con el que la Liga MX decidió desaparecer a la Liga de Ascenso MX y convertirla en una “liga de desarrollo”, fue el último de una serie de atentados contra sus propios intereses que fue minando la resistencia, la credibilidad y la viabilidad del circuito donde supuestamente se tenía que haber fortalecido y fundamentado el crecimiento a mediano y largo plazo para la Primera División o como quiera que se les pegue la gana llamarlo en estos tiempos.

Nunca hubo una real cercanía en el nivel de las franquicias y planes reales para fortalecer a los socios menores que también apostaron y mucho dinero, los más, de cuentas personales, que no de corporativos importantes como los de la Liga MX, y eso se fue viendo cada vez de forma más clara cuando había reuniones, primero del Consejo Directivo y, después de que Alberto de la Torre le cediera el control a los propios dueños, más que a la organización llamada Federación Mexicana de Futbol, hasta que en un escueto comunicado decidieron comunicar formalmente la muerte a la mentada “liga de plata”, que ni fue finalmente liga y menos de plata.

Pero no crea usted que esto es sólo consecuencia de, valga la expresión, consecuentar a los equipos y socios con cierto poder que coqueteaban con la mediocridad (Puebla, Atlas, Morelia ahora hasta Chivas) y a la posibilidad de descender, sino de la desorganización y falta de visión con que se ha conducido tanto la FMF como la Primera División, aunque le hayan cambiado el nombre, que a pesar de desenvolverse en un medio tan noble, con miles de jugadores de talento, con empresas poderosas involucradas hasta el tuétano en el deporte y con millones de aficionados que compran lo que les pongan en el mostrador, no supieron, a tiempo, fortalecerse, tener una visión de negocio a gran escala, entre otras cosas, por los pleitos entre los “dizque” socios.

Los problemas van más allá de que como se dijera por ahí, “les crecieran los enanos”. Porque el poder absoluto del que gozó en alguna época Grupo Televisa, invirtiendo mucho dinero y sacando más, al grado de tener años en que el futbol fue el mejor negocio de los muchos en los que ha estado involucrada la televisora, y al que luego se agregó Televisión Azteca, con el paso de las temporadas y los años, comenzó a repartirse. Porque los de Pachuca quisieron su parte. Porque los de Santos, los de Tijuana, los de Monterrey. Todos levantaron la mano, o casi todos, y empezó la rebelión que ha llevado a que hoy en día, Televisa transmita siete equipos, Azteca sólo tiene dos equipos en exclusiva, y los otros nueve están repartidos de una forma u otra entre Fox, ESPN, Imágen, Claro Sports y Multimedios. 

Más aún, la FMF se dejó rebasar por la derecha por la ninguneada MLS de Estados Unidos, que no sólo se apropió literalmente del verdadero negocio de la Selección Nacional, sino que ahora además se ha llevado a una cantidad de jugadores impresionante, elementos que se hicieron o crecieron en México, incluyendo a técnicos como Matías Almeyda y Diego Alonso, y con la contratación de jugadores mexicanos de renombre como Javier Hernández, Giovani dos Santos en su momento, Jonathan y Carlos Vela, Oswaldo Alanís y Rodolfo Pizarro y muchos menos famosos, también se han robado el rating e televisión. 

Usted no me dejará mentir que no quiere perderse, el día que se reanude la liga en Estados Unidos, el duelo entre el LA Chicharito y el Carlos Vela FC, o sea, el Galaxy el Los Ángeles, y que en México, aunque vaya por TV de paga, promete tener números espectaculares.

De tal tamaño puede ser la preocupación de los directivos del futbol mexicano, que el asunto de la llamada Liga Norteamérica con equipos de Estados Unidos, México y Canadá, cada vez es más probable que aparezca para el 2024, a tiempo de lucir en grande antes del Mundial del 2026.

Así que lo que ha pasado ayer, es sólo el primero muchos pasos que tendrán que dar la Federación y la Liga, para tratar de preservar un negocio que como dijera mi querido amigo Enrique Bermúdez de la Serna, “lo tenía, era suyo, y de lo dejaron ir” y que los ha llevado al extremo de tener que quitarse un lastre que ellos mismos crearon por su descuido, más bien por su engreída actitud ante los hechos, sin que les haya servido de nada la experiencia de la revolución en casa a nivel derechos de transmisión. Pero como dijera mi abuelita, nadie experimenta en cabeza ajena, pero esto, si son tan profesionales como presumen, tenían que haberlo previsto.

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