La dramática historia del Maratón olímpico femenil

Por Verónica Gutiérrez Lozoya

Pese a que la carrera de maratón es parte del programa de los Juegos desde Atenas en 1896, tuvieron que pasar 88 años para que el Comité Olímpico Internacional autorizara la participación de mujeres en una justa cuadrienal.

Hasta Moscú 80, la distancia más larga que disputaban las corredoras olímpicas eran los 1,500 metros planos. Era tal la desconfianza hacia los maratones femeninos, que en esa misma época Katherine Switzer, una atleta norteamericana, fue expulsada de manera muy violenta por un juez del maratón de Boston que la descubrió entre la multitud. La corredora se había registrado como K. Switzer, porque las reglas del evento no permitían la participación de mujeres.

Debido a que la expulsión se llevó a cabo frente a numerosas cámaras de televisión, el incidente desencadenó una serie de protestas nivel internacional que sirvieron para que la inclusión de la maratón femenina olímpica fuera posible. Un movimiento diplomático-deportivo liderado por la misma Switzer, que fructificó para los Juegos Olímpicos de Los Ángeles en 1984.

Pese al boicot por parte de los países socialistas, que restó emoción a muchas pruebas, el debut olímpico de la maratón femenina fue un gran éxito ya que las dos favoritas si asintieron al evento: Joan Bennoit, la campeona panamericana de 1983 y la noruega  Grete Waitz, ganadora de los siete maratones internacionales más importantes previos a los Juegos Olímpicos.

La norteamericana Bennoit tomó la medalla de oro, dejando la segunda posición a Waitz a la que superó por una distancia de llegada de 400 metros. El tercer lugar fue la pequeña atleta portuguesa Rosa Mota.

La edición inaugural femenina, tuvo también su momento dramático cuando la competidora de Suiza Gabriela Andersen, entró al Estadio totalmente deshidratada y en estado de shock. A la mente de todos volvió la tragedia del maratonista italiano Dorando Petri, quien arribó en 1912 en el mismo estado, y al ser ayudado por los jueces fue descalificado, pese a ser el primero en llegar a la meta. Sin ningún tipo de ayuda, Andersen logró terminar satisfactoriamente la carrera.  

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