La autoridad moral se gana… (se vale equivocarse a veces) 

EDGAR VALERO BERROSPE

Hace unos años, diez más o menos para se exactos, recuerdo que escribí un artículo sobre el gran pasador de los Santos de Nueva Orleans, Drew Brees. Para ser más exactos porque esa columna que se publicó aquí en las páginas del Ovaciones, lo llamé, “la vuelta a la izquierda más improbable de la historia”…

Y en esos días nadie podía dudar del gran aporte que había hecho el ahora muy pero muy famoso quarterback a la recuperación económica, pero sobretodo, moral de Nueva Orléans y en cierta forma de todo el estado de Louisiana después del terrible paso del huracán “Katrina” que devastó la Costa estadunidense del Golfo de México.

El artículo mencionaba la forma en que Brees salió de los Cargadores de San Diego en 2005 después de ser operado del hombro del brazo de lanzar, y que coincidió con que el equipo californiano decidió contratar en el draft de la NFL del 2004 a Philip Rivers… Brees sólo recibió un par de ofertas, la más importante fue de los Delfines de Miami y la segunda, de parte de los Santos de Nueva Orleans, a donde finalmente después de platicar con el head coach Sean Payton llegó de visita en el receso después de la temporada del 2005… 

Drew consideró que tenía una misión más importante en la vida que sólo jugar futbol americano, y al sentirse conectado con la devastada ciudad, se comprometió no sólo a jugar con los Santos que tuvieron que mudarse temporalmente al estadio de la Universidad de Tulane (su antigua casa) debido a los impresionantes daños que había sufrido el Superdomo por el meteoro que había devastado a la ciudad completa.

Brees llegó para quedarse y convertirse no sólo en el mejor jugador en la historia de la franquicia, sino en uno de las máximas estrellas de todos los tiempos en la NFL, y una auténtica leyenda del deporte de los Estados Unidos.

Ganó aquel Super Bowl del 2010 ante los Potros de Indianápolis comandados por otra leyenda,Peyton Manning en un gran encuentro celebrado en Miami, terminando con las frustraciones de casi cinco generaciones de aficionados de los Santos, desplazando además en el camino, a quien había sido hasta ese día la figura más preponderante del equipo, Archie Manning, el papá de Peyton y de Eli, los hermanos ganadores de cuatro títulos de la NFL.

Considero que eso que le cuento, aunado a la realidad de su vida, considerado un ejemplo de deportivismo, de una conducta intachable y de un espíritu familiar extraordinario, es lo que ha influido para que su vida sea vista como un ejemplo dentro y fuera de los emparrillados. Brees jamás ha dado de qué hablar. Nunca ha protagonizado un escándalo ni se le ha acusado de haberse siquiera pasado un alto con su automóvil.

Por todo lo que le cuento pienso que ha sido una brutal exageración el escandalo que se desató después de sus declaraciones sobre el respeto que a él, y está en todo, su derecho de expresarlo, le inspiran los símbolos patrios de su país. 

Estoy convencido que si alguien no es racista, es Brees, y que está perfectamente consciente de que se equivocó al declarar en el momento equivocado sobre este tema luego de los disturbios que se desataron en la Unión Americana por el brutal asesinato de un joven de raza negra por parte de un policía blanco de Minnesota.

Estados Unidos ha vivido todos sus casi 300 años en medio de los problemas de segregación racial, incorporación de los derechos civiles de los afroamericanos y la lucha por la igualdad de razas, incluso con los enorme levantamientos de la década de los 60 cuando el Doctor Martin Luther King encabezó la lucha por esos derechos y le costó la vida como a Malcolm X.

Esa lucha fue además expresada en el corazón mismo de México durante los Juegos Olímpicos de 1968, cuando al finalizar la prueba de los 200 metros planos, los afroamericanos John Carlos y Tommie Smith subieron al podium de los vencedores portando un guante negro, haciendo referencia a la pelea que mantenía el Black Power por la instauración de la igualdad en los Estados Unidos.

Nadie dice que no haya sido una tragedia la muerte de este jóven, pero me parece también que el escarnio del que ha sido objeto Brees no puede ser de tal magnitud que se ignore lo que ha hecho en el pasado mostrando, como dijera alguno de sus pocos compañeros que lo defendieron en las redes sociales, que Brees puede ser muchas cosas, pero también, es, en primer término, una buena persona, un gran ser humano… Eso ni se puede dudar, ni se puede olvidar. Cierto que se equivocó, pero no se equivoca el que no se atreve, y tiene una autoridad moral que nadie, absolutamente nadie puede cuestionar…

A %d blogueros les gusta esto: