Josefa Ortiz de Dominguez, más que una zapatilla

A pesar de ser reducida por la historia oficial a su papel de mensajera de Miguel Hidalgo, cuando golpeando con una zapatilla en su encierro pidió le avisaran al cura que la conspiración insurgente había sido descubierta, Josefa Ortiz de Dominguez fue una de las luchadoras más incansables de la Independencia.

La mal llamada Corregidora, para imponerle el cargo que ocupó su esposo, tuvo que luchar contra el machismo de su época pues su propio marido Miguel Domínguez no la desposó sino ya teniendo hijos y ante la insistencia de la mujer que quería el reconocimiento para ellos.

A pesar de que no fue fusilada, en parte por la influencia del Corregidor, tuvo que soportar su encarcelamiento en Conventos, separada de sus hijos, por sus convicciones Insurgentes.

Liberada tras la guerra de Independencia, historiadores como Francisco Martín Moreno, en su libro Arrebatos Carnales, aseguran que rechazó asistir a la coronación de Iturbide convencida de que la lucha insurgente no debía terminar con la coronación de un rey. Jamás aceptó recompensa alguna como sobreviviente de la Guerra de Independencia.

Murió a los 60 años, el 2 marzo de 1829, en una casona ubicada en Correo Mayor en la Ciudad de México, la cual está marcada por una placa que ahora está cubierta de comercio informal.

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