Ivar Sisniega un directivo de la piscina a la oficina

Esta entrevista fue publicada en el 2004 y explica lo difícil que fue construir los fideicomisos para el deporte, ahora desaparecidos de un plumazo, pero los excelentes resultados que arrojaron para varias generaciones.

DANIEL ESPARZA HERNÁNDEZ

Dos huevos, un plátano arrebatado de la penca colgada del puesto y un lacteo chorro que sale de una botella de marca desconocida, hasta ese día, es el primer recuerdo de Ivar Sisniega cuando llegó a la meca del deporte olímpico mexicano en el Distrito Federal. #QuédateEnCasa

 «Venía de Cuernavaca, el Ejército Mexicano me dio un lugar donde dormir, me quedaba en el departamento de Domingo Ramírez en  un colchón en el piso. Empiezas como todos, desayunando licuados afuera del CDOM y vas creando las condiciones para poder entrenar», recuerda el recordista olímpico, ex colaborador de Luis Donaldo Colosio, ex presidente de la Comisión Nacional del Deporte y ex  presidente de las Chivas de futbol.

En ese entonces tenía 19 años, pero desde los siete estaba decidido lo que sería su vida. «Fue a raíz de que vi en la televisión los Juegos Olímpicos de México 68. Esas imágenes me  impactan y le dan un sentido a mi vida. Fue un parteaguas porque me planté el objetivo de llegar a unos Juegos Olímpicos. Eso me orientó en las decisiones que tomé los años siguientes. Le dije a mi papá: quiero hacer un deporte para ir a Juegos Olímpicos y el nada más me contestó: el que tu quieras, yo te apoyo, pero que no sea levantamiento de pesas. Tenia la idea que en pesas iba yo a quedarme chaparrito».

Ivar terminó en el equipo de natación de Morelos. «Un equipo con mucha penurias, con agua fría, con muchas limitaciones como es el deporte en provincia, pero me meto y empiezo a destacar». Competidor por naturaleza, contra su hermano Marcel y hasta con la niña que le disputaba la mención honorífica en la primaria, el deporte era jugar para Ivar.

«Creciendo en Morelos jugué futbol en ligas locales, fui muy aficionado, seguidor del Zacatepec y las Chivas como medio México en ese entonces, finales de los 60 principio de los 70,  la época dorada de las Chivas. Recuerdo sobre todo el Mundial de 70, tenía 12 años. Salía al jardín a jugar que era Rivellino, mi hermano se identificaba con Gordon Banks, el portero de Inglaterra. Fue una infancia muy futbolera en Morelos y luego la natación me fue jalando, hasta que en la prepa descubrí que era un buen corredor».

Hijo de madre estadounidense, decidió hacer el High School en la Unión Americana y luego la Universidad, donde descubrió el que sería su deporte para siempre: el pentatlón moderno, la especialidad del soldado perfecto: condición atlética para correr y nadar, habilidad para disparar, montar a caballo y combatir en esgrima.

«Ni lo conocía, fue hasta que llegue a la Universidad en Stanford . Estaba el equipo de natación y salíamos a correr todos los días y yo estaba en la punta siempre. Había otro competidor  que era pentatleta y me dijo: oye tu  tienes facultades para este deporte».

Pero justo en 1975 la Secretaría de Defensa había decidido suspender los apoyos para este deporte, luego de que México había organizado el Mundial de Pentatlón Moderno y su equipo no pasó del último lugar.

«Cuando yo empiezo a hacer pentatlón en 77 no había federación. Me tocó armar todo, desde buscar apoyo en la Defensa Nacional para  hacer la federación. A los 19 años fui secretario de la federación de pentatlón para organizarla. Fui al Comité Olímpico  para pedir el aval y competir en el mundial juvenil, pero me dijeron que no tenía resultados, que era muy joven y me rechazó el Mayor José Soto, entonces director técnico del CDOM.».

Pero no era fácil rendir a aquel muchacho. «Me fui en tren a San Antonio a ver el mundial, a conocer gente y me presenté en el congreso de la Unión internacional de Pentatlón a los 19 años.  ¡Ah vienes de México, mira  aquí está tu lugar!  Así que antes de competir ya andaba yo en la grilla».

Sisniega era ya uno de los mejores dorsistas del país, pero decidió andar el camino difícil del pentatlón. «Llevaba dos años en Stanford y decido que mi objetivo era llegar a los Olímpicos. Dejo todo y me dedico a entrenar 100 %. Me doy de alta en el ejército. Entré como cabo y fui subiendo, terminé como teniente, fueron siete años. Realmente pude vivir bien con  mi plaza del ejército y porque siempre trabajé  como entrenador de natación, empecé en el Club Asturiano y luego muchos años en el Casablanca».

Su primer fracaso como pentatleta en la espartaquiada mundial en Europa lo hace dudar, pero opta por darle una oportunidad más al sueño de la infancia. «Digo, ¡va, el último jalón y entro al proceso selectivo para Juegos Olímpicos, empiezo a ganar todas las pruebas y hacemos una gira con el  Inde (Instituto Nacional del Deporte) que le dio un apoyo al ejército para hacer una gira de dos meses por Europa y tenemos cada vez mejores resultados».

Así, Ivar Sisniega llega a Moscú a los 21 años a cumplir con la cita que se había fijado a los siete años.

«Llegé muy concentrado, es cuando hago el récord en natación, sin la participación de muchos países por el boicot, pero fue un evento duro porque las potencias en pentatlón eran los países de la Cortina de Hierro y quedé en el lugar 13. Rompí el récord olímpico de la prueba de natación, con 3:10.87 minutos en 300 metros de dorso, duró ocho años, hasta que en Seúl un francés le bajó una décima.».

Serían los primeros de tres Juegos Olímpicos en la carrera del «güero» como llamaban sus compañeros a Sisniega.

En 1984 consigue el que hasta la fecha sigue siendo el mejor lugar logrado por un mexicano en pentatlón moderno al ubicarse en séptimo posición individual (La publicación es del 2004). Pierde la medalla en una decepcionante competencia de tiro que lo hace refugiarse un año en el triatlón profesional. Un equipo europeo le ofrece un jugoso contrato, pero hacía años que mantenía un noviazgo con la saltadora Cristina Fink, otra guerrera enfrentando las condiciones adversas para el deporte del alto rendimiento en México en virtud de la crisis y la falta de presupuesto para giras de fogueo internacional.

 «Era quedarme en Europa con el equipo de triatlón o regresar a casarme y decidí volver para luego irnos juntos  a Estados Unidos. Yo para acabar mi carrera y Cristina para desarrollarse como saltadora y terminar su carrera en Arizona. Allí  decido ir por última vez a los Juegos Olímpicos y regreso al pentatlón en condiciones no muy buenas, con gente de esgrima malísima, pagando yo clases de equitación. Un año con mucha penurias, pero vinieron los selectivos,  gané y fui a Seúl 88».

Titulado en administración y mercadotecnia, con una oferta de trabajo para laborar en Procter and Gamble, Sisniega visita al recién nombrado presidente de la Comisión Nacional del Deporte, Raúl González, compañero en la delegación de 1980 y 84, para felicitarlo por su designación.

«Me ofreció trabajar con él y seguir compitiendo, lo  cual se me hizo muy atractivo. Me invitó como director de becas y creamos el esquema que se ha seguido hasta la fecha»

En el 91 un amigo le sugiere presentar su curriculum al Instituto Mexicano del Seguro Social que estaba en busca de un director deportivo que le cambiara el rostro a una institución que se había desgastado emprendiendo costosas aventuras en el futbol profesional.

«El IMSS tenía muchas restricciones. Su política era cero apoyo al alto rendimiento. Entonces inventamos la figura del fideicomiso para el deporte para generar recursos adicionales y darle más apoyo al alto rendimiento. Revitalizamos las escuelas (deportivas), que cobraran un poquito para con eso generar recursos propios y poder subsidiarlas. Fue un levantón a la moral de la gente que vio inversiones, eventos, fue una época bonita, no con el dinero que hubo a los mediados de 80, pero fue un levantón».

Sisniega comprobó que los fideicomisos podían ser una herramienta para lograr la enorme cantidad de recursos que requieren los deportistas de excelencia en México, máxime después de que el gobierno federal cerró la llave de aportaciones tras el fracaso de los Juegos de Barcelona 92.

«Proexcel ya estaba, pero se separó del gobierno y operaba por cuenta propia. Se requería algo para poder romper con la normatividad gubernamental que te decía: el dinero se tiene que gastar así. Se necesitaba flexibilidad para tener ingresos adicionales para apoyar el deporte de alto rendimiento, yo traté de dar mucho apoyo al alto rendimiento en todas mis estapas de dirigente».

Ernesto Zedillo, jefe de campaña de Luis Donaldo Colosio, lo llama para presentarlo con el candidato del PRI a la presidencia de la República. La campaña andaba floja, Ivar le propone a Colosio intensificar el contacto con la gente, con una serie de carreras todas las mañanas con los mejores deportistas de cada estado. Desde su época de estudiante Colosio es fiel corredor matutino y aficionado al beisbol de hueso colorado.

La mañana del  23 de marzo de 1994 se vieron en Culiacán para correr. El candidato se sentía muy inquieto y cambiaba constantemente la logística de campaña. «No te regreses a México, mejor síguete a Tijuana y así corremos mañana».

Ivar estuvo en el mitin de Lomas Taurinas, pero unos minutos antes de concluir lo llamaron para invitarlo a una comida. Ivar se retira apresuradamente. Horas más tarde se enterará del magnicidio. Los acontecimientos sobrevinieron como un huracán cuando el doctor  Zedillo lo confirmó en su cargo y meses después lo designa presidente de la Conade.

En su oficina, con la tradicional foto oficial del presidente en el muro del fondo, siempre llamó la atención la imagen sonriente de Luis Donaldo, combinada entre las fotos familiares de Ivar, sin que nunca quisiera explicar por qué la mantuvo allí siempre.

«Cuando recorro todo el país, porque yo sí lo recorrí por separado y en muchas ocasiones con Colosio y Zedillo, me doy cuenta como que está dormida la provincia, como que no tenía una motivación en el deporte.».

En una de sus primeras reuniones con su equipo de trabajo sugiere crear un magno evento en el que se juntaran los campeonatos nacionales de distintos deportes. Invertir gran parte del presupuesto en pagar hospedaje y alimentación de niños que, por falta de ese apoyo, no competían jamás en los nacionales de su deporte.

-¿Como llamarlo? ¿Campeonatos Nacionales?

«No, Olimpiada Juvenil», sugiere Ivar seguro de que en su calidad de miembro del Comité Olímpico Mexicano conseguirá que Mario Vázquez Raña ceda los derechos sobre la palabra exclusiva sin cobrar.

«Tome la experiencia de otros países. La provincia no tenía algo que los motivara y yo, siempre que viajaba algún país como era entrenador y dirigente era muy preguntón. Preguntaba cómo hacían las cosas en Europa, en Cuba, en muchos países que visité. Era también un invento basado en mi propia experiencia como deportista provinciano, recuerdo bien en aquel entonces los prenacionales y nacionales de la Codeme que eran muy divertidos. Recuerdo que en León a veces te alojaban en la feria, con piso de tierra y con literas pero era muy motivante ir a un evento multideportivo donde tu competías en natación, pero luego podías ir a ver a tus compañeros en el volibol, el basquet, el atletismo.»

Ivar toca otra vez las puertas de la Secretaría de la Defensa para que el Ejército albergara, alimente y respondiera por la seguridad de 10,000 chamacos reunidos para competir en el DF. Una movilización sólo parecida a los Juegos Olímpicos. Y comienzan a surgir nombres: Soraya Jiménez, Ana Guevara, Aicela Rosado, Patricia Palencia, Rommel Pacheco.

«Ya en Winnipeg 99 una tercera parte de la delegación Mexicana venía de la Olimpiada que arrancamos en el 96. Ahora estoy seguro que es más de la mitad de la delegación son producto de la Olimpiada Juvenil. Lo más importante fue que la Olimpiada hizo trabajar a los Estados».

Después Ivar Sisniega aplica su proyecto de los Fideicomisos para crear el Compromiso Integral de México con sus Atletas (CIMA) con el apoyo de Omnitrion, Telmex, TV Azteca y Televisa. El objetivo era garantizar recursos extraordinarios para los deportistas de excelencia sin poner en riesgo el presupuesto federal destinado para el deporte masivo.

Al terminar su gestión está decidido a iniciar su empresa de mercadotecnia deportiva y organizar eventos, lo que siempre le gustó. Pero Jorge Vergara lo llama para incorporarlo a su proyecto de adquirir el equipo más importante del futbol mexicano y convertirlo en un auténtico club, como los que existen en Europa.

«Estamos enfocados a deportes de alto impacto a nivel nacional para crear esta cultura de estructuras de clubes deportivos que nos permita trabajar el alto rendimiento en una estructura privada. Es un reto, darle mucha fuerza al club de Guadalajara como equipo de futbol pero darle a otros deportes donde podamos tener un impacto en el deporte nacional».

No es sencillo. «Chivas necesita cinco años para ser una potencia en México. La afición piensa en el siguiente fin de semana, en el torneo actual. Sí, me siento presionado. En la Conade sabía que después del 96 mi meta era el 2000 y aquí hay muchos auditores y contralores que te evalúan cada fin de semana conforme lo que están viendo».

Ivar está convencido que en China 2008, las Chivas tendrán a sus primeros competidores a nivel olímpico. Ha quemado ya sus naves en este proyecto. Recién cambio por fin su residencia a Guadalajara, aunque mantiene sus cargos como presidente en la Unión Internacional de Pentatlón que encabeza Juan Antonio Samaranch hijo, y sigue en la presidencia de la Confederación Deportiva Panamericana,  nadando y compitiendo en biatlón cuando pude.

«El año pasado estuve  en el mundial de master de triatlon de mayores de 40 y quede en segundo, sigo relativamente activo físicamente. No me queda mucho tiempo libre. Lo poquito que tengo me gusta pasarlo con mi familia. Mis dos hijos nadan, el menor juega futbol  y el otro está viendo si le interesa más la gimnasia o la equitación. Hace un mes yo estaba en Guadalajara, Cristina (su esposa) en Santo Domingo en los Panamericanos y mi hijo menor en una torneo de futbol en Dallas».

Chivas ya echó andar su proyecto de selección de talentos y comenzó a concretar las negociaciones para iniciar la Franquicia Chivas USA en la MLS de la Unión Americana, meses antes de que América lanzara su proyecto Futuro Águila y anunciara su deseo de tener un equipo en la MLS.

«Es bonito que te imiten. Es una señal que el América quiere hacer cosas buenas y hace lo que hace el Guadalajara. Hay dos grandes equipos en este país y es una rivalidad que puede extender a EU. Lo de Sangre Nueva no es nada nuevo, lo han hecho otros equipos, el chiste era darle mucho impacto. El chiste es como lo vistes. Como la olimpiada, pudieron haberse hecho unos juegos nacionales, pero no era lo mismo para que ir a una Olimpiada. Yo escuché a muchos papás que a lo mejor ni me conocen, que dicen mi hijo fue a las olimpiadas  juveniles, lo platican distintos porque es finalmente la forma en que se empaqueta, lo que vale».

Y así, la competencia sigue para Ivar.

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