Hugo Sánchez Vs. el mundo

Un sábado, cuando regresó de una cascarita, su padre, en medio de la reunión familiar, le preguntó: ¿Cuántos goles metiste? Doce, respondió el pequeño de cinco años. “Entonces me sentó en sus piernas y le dijo a sus amigos: ¿saben quién es este niño? Va a ser el mejor jugador en la historia del futbol mexicano. Y esa fue mi fijación”, así lo narra Hugo Sánchez Márquez en una entrevista publicada en el libro Historias de Alto Rendimiento.

El niño que jugaba en la puerta 2 de la Ciudad Deportiva regresó a México en 1991, siendo ya una estrella mundial, y la polémica lo seguiría hasta el Mundial de Estados Unidos 1994.

“Tenía un contrato por dos temporadas con el América y ganaba el mismo dinero que en el Real Madrid. Me querían pagar mi imagen con el mismo dinero que me pagaba Colgate todos los años. Era una porquería, dije que no. Estaba de presidente Diez Barroso y Javier González, me dicen: ¿no firmas el contrato? Ya veras. Comenzaron con una guerra sucia en televisión y fueron los problemas hasta el Mundial (de Estados Unidos de 1994) que todo mundo conoce”.

Miguel Mejía Barón fue designado entonces para encargarse de la Selección y para atender la invitación obtenida para participar en la Copa América de Ecuador 1993.

La convocatoria a Hugo Sánchez era obligada. No pudo jugar el Mundial de 90, en el mejor momento de su carrera, por la suspensión de México por los “cachirules”; había visto cortada su carrera en el Real Madrid con la llegada de Leo Benhacker y una inoportuna lesión en la rodilla en 1991.

Nadie creía que podía pasar algo especial con México en aquella Copa América, pero los seleccionados dan la nota desde antes de saltar a la cancha: exigen negociar sus primas y suspender, desde entonces, el ilegal draft de jugadores.

Los diarios apuntan a Hugo Sánchez como la cabeza de la rebelión. Los directivos tendrán que negociar y aceptar parte de las exigencias. El factor Hugo comienza a pesar.

Aquella Copa América fue el logro más importante en la historia del futbol mexicano hasta entonces.

En la final, dos goles de Batistuta frenaron el milagro azteca. Sin embargo, la gente en México se lanza a las calles de la Ciudad para recibir al equipo como héroes, con un paseo en carro descubierto desde el aeropuerto hasta la residencia presidencial de Los Pinos.

Mejía Barón completó la obra inconclusa de Menotti y calificó al Mundial de Estados Unidos con este equipo, de perfil distinto, con jugadores como: Jorge Campos, Claudio Suárez, Alberto García Aspe y por supuesto, Hugo Sánchez. Las esperanzas crecen para Estados Unidos 1994, donde Hugo sólo jugará un partido, pero volverá a dar la nota incluso sin jugar.

El debut mexicano estaba pactado para el 19 de junio en el estadio John F. Kennedy en el que México cayó 1-0 ante Noruega, con ese gol de último momento, a nueve minutos del final, de Rekdal, que parece una maldición contra los nuestros en los juegos de Copa del Mundo.

El 24 de junio, los mexicanos recompusieron los sueños con un par de goles de Luis Flores para vencer a Irlanda 2-1, pero en el último tramo quedaba Italia, el 28 de junio, en lo que para muchos fue la mejor demostración de México en este Mundial.

Massaro había puesto adelante a Italia desde el minuto 48, pero Marcelino Bernal consiguió el empate con un impresionante disparo desde fuera del área al 58, un gol que puso números finales al encuentro.

Por primera vez, fuera de territorio nacional, México calificaba a los octavos de final de un Mundial.

El adversario sería Bulgaria, en Nueva Jersey, donde abrazados por un intenso calor, Stoichkov puso en ventaja a los búlgaros en el minuto 6, pero Alberto García Aspe consigue el empate con un penal.

Mejía Barón no realizó ningún cambio a pesar del intenso desgaste físico que implicaron los 90 minutos y los dos tiempos extras. Antes de que concluyera la batalla Hugo Sánchez se desprendió del jersey y se puso a calentar. México perdió 4-2 en penales. Hugo nunca entró a jugar.

Jorge Campos se quedó tirado en el pasto, como una lágrima multicolor producto de la frustración. Otra vez tan cerca, nuevamente tan lejos.

– ¿Por qué no hiciste cambios?- Le preguntaron a Mejía Barón en cuanto asomó del vestidor

– Porque sentí que podía desplomarse mi equipo que seguía llegando al frente- dijo en su tono tranquilo y doctoral que tanto disgustaba a reporteros.

– Debiste hacerlos. La lógica así lo decía- le restregó otro colega.

– ¿Cuál lógica: la tuya o la mía?- respondió el técnico para dar por agotado el tema.

Años después Clío publicó tres videos con la historia del futbol mexicano donde Mejía Barón y Hugo Sánchez ahondaron en la explicación.

“Miguel quería que entrara por Galindo, en media cancha y le dije: Miguel, ponme adelante y allá te puedo resolver las cosas. El insistió en que por mi experiencia y buen toque le iba a ser útil, que arriba ya tenía a Zague”, confesó el ariete. Nunca hubo acuerdo. Ni Miguel lo ordenó, ni Hugo se negó.

Hugo Sánchez ya sólo regresó al futbol mexicano como técnico. Hizo dos veces campeón a los Pumas y pujó su designación como técnico nacional para calificar a Sudáfrica 2010, lo que nunca pudo concretar al ser despedido tras su eliminación para calificar a los Juegos Olímpicos del 2008.

Hugo sabe las reglas del juego. Jamás renunciará a regresar. Su filosofía de vida no se lo perdonaría: “Creo que la palabra auténtico causa problemas. Es ser diferente, directo y honesto. Tenemos una idiosincrasia muy especial los latinos y sobre todo los mexicanos. Te saludan y te sonríen, mientras por dentro te están deseando que te mueras o que te vaya mal. Por eso lo de la mentalidad de cangrejos”.

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