Hoy delincuentes, mañana maestros de nuestros niños

La decisión de conceder a 84 plazas de maestros a los Normalistas de Tenería, en el Estado de México, no lesiona el estado de derecho, sino daña profundamente el futuro de nuestro sistema de educación pública.

Expertos en educación con valores, como Max Scheler, afirman que el proceso de aprendizaje de los valores es progresivo y sistemático. Pasa por el aprendizaje de los valores de lo que nos es agradable, después de lo que es necesario para cuidar nuestra salud, por encima de lo agradable y luego los espirituales, que incluyen el cultivo de la búsqueda de la verdad en la ciencia, el gozo de la belleza a través del arte y el discernimiento de lo correcto a través de la ética.

Nadie puede ser maestro de lo que no entiende y no conoce. Un profesor que no comparta valores en su conducta difícilmente podrá incentivar a un alumno a que los cultive, porque su reacción obedece a la primera etapa de hacer únicamente lo agradable y preguntará: ¿y por qué usted no lo hace?

Las concesiones otorgadas a maestros sin respeto a los ciclos escolares, abandonando a sus estudiantes para hacer marchas, producirá el mismo desdén de sus alumnos por cumplir con cualquier clase de tareas.

Las plazas regaladas a alumnos que basan su conducta en el robo y la violación de derechos de terceros producirá maestros del agandalle, del yo primero y del nuevo eslogan de que quien no agrede, no avanza.

Como sucedió en los 80’s con las huelgas de la UNAM, donde los empleadores rechazaban en sus anuncios a alumnos egresados de la Máxima Casa de Estudios, en unos años veremos a las empresas rechazando a los egresados de la educación pública y el lamentable reposicionamiento de la educación privada, como sucedió en esa década.

Las escuelas no forman a las personas en sus hábitos, las forman sus padres, sus maestros y sus circunstancias. Y con maestros, como los normalistas, ¿quién necesita malas influencias en la calle?.  

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