Herman H. Doeheler, el genial desconocido del Die Casting

Nacido en Nuremberg, Alemania pero inmigrante en los Estados Unidos desde 1892, Herman H. Doheler es un desconocido incluso en internet, donde son insignificantes los datos y las imágenes de quien fuera el inventor y más grande productor de Die Casting en el mundo, a principios del Siglo XX. #Fundicion #Aluminios
Nada se sabe de su vida y experiencia tecnológica, sino hasta que aparece como trabajador de una imprenta en el barrio de Brooklyn, en Nueva York, donde su genio se enamoró de los linotipos, cuyas letras forjadas en bronce se usaban para imprimir a gran escala los periódicos y libros de la época.La formación de esas letras, a través de procesos rápidos y masivos, despertó el interés del muchacho –fuerte y guapo según lo describe una crónica del New York Times – quien decidió desarrollar una máquina de die casting que pudiera mejorar los procesos de producción masiva que comenzaban a florecer en la Unión Americana, antes de la primera gran Depre- sión y la Primera Guerra Mundial.
En 1906 patentó su primera invención y se estableció en Brooklyn, donde fungía como operador, vendedor y administra- dor del negocio. Aquella máquina, pionera del proceso de Die Casting, forma parte ahora del legado del museo Smithsoniano, como uno de los inventos que revolucionó el mercado industrial en el mundo y el futuro de las empresas de los Estados Unidos.
En 1912, durante una Expo Show en Nueva York, Doehler conoció a John Willys, quien lo convenció de redireccionar su invento para la creación de piezas de la floreciente industria automovilís- tica y trasladarse al área de Toledo, Ohio. Así lo hizo y para 1932 su empresa tenía plantas de producción en Die Casting en Potts- town, Pa., Toledo, Ohio, Batavia, N. Y. y Chicago.
Reconocido por sus innovaciones en la producción de piezas para los automóviles se hizo amigo de los genios de la industria Alfred. P. Sloan junior, Walter Chrysler y Henry Ford, con quienes compartió su obsesión por la innovación, misma que lo llevó a buscar todo tipo de aleaciones, moldes y fundiciones hasta su muerte a los 92 años.
En 1942 era reconocido como el más grande productor de Die Casting en el mundo, manufacturando incluso las más delicadas piezas para la industria aeronáutica. Experto en metalurgia empezó a preparar el mercado al uso de metales ligeros, al grado que durante la Segunda Guerra Mundial introdujo el equipo y la tecnología de aluminio y magnesio en la construcción del arma- mento.
Después de la confrontación bélica, su producción se dedicó totalmente a la industria de la guerra. En 1945, la compañía Doehler se asoció con Jarvis Grand Rapids, para convertirse en Doehler-Jarvis, antes de ser adquirida por otra empresa nacional en 1953, cuando el genial Herman Doehler se retiró de la adminis- tración.
Fue autor del libro Die Casting, publicado por McGraw Hill, en 1951, en donde narra travesías por distintas partes del mundo, incluso de lugares que sólo conoció con su bulliciosa imagina- ción.
De sus relaciones laborales, la prensa de aquel tiempo aseguró que estaban en el clóset, aunque nadie ponía en duda su éxito, lo que lo llevó a mantenerse siempre a la cabeza de sus proyectos. Recuperada su memoria por la Asociación Norteamericana de Die Casting (NADCA), a través de una medalla que se entrega anualmente al mérito de los industriales de la Unión Americana, el espíritu de Herman H. Doeheler se mantiene vivo en la mente de sus precesores aunque sea un desconocido incluso en el informado mundo actual.

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