Ganador hasta el último minuto (aunque usted no lo crea)… 

EDGAR VALERO BERROSPE

La firma del estelar Rob Gronkowski con los Bucaneros de Tampa Bay para reunirse con su compañero, amigo y capitán, en el orden que usted quiera, Tom Brady apenas 48 horas antes del, en muchos años, draft más importante que enfrentarán desde este día los Patriotas de Nueva Inglaterra, tiene una nota casi cómica al final del día… Bill Belichick, el creador de la más grande Dinastía en la historia de la NFL recibió como regalo por parte de los Bucs una cuarta selección a cambio de, “un luchador”…

Sí, suena cómico, pero si uno revisa lo que sucedió en los meses que siguieron a la prematura salida de Gronk de los Pats, es fácil encontrar su actuación en las huestes de la WWE, antes de que con una segundo anuncio sorpresa, igual en dimensiones que cuando dijo que se iba a los 29 años del equipo con más logros en la historia de la liga, declarara que regresaba a la actividad para reunirse con Brady en el lugar menos pensado de la NFL.

La decisión tiene su lógica, sobretodo para quienes piensan que Belichick, Brady y Gronk, son el triangulo dorado de las conquista de los Pats, cada uno futuro miembro del Salón de la Fama y cada uno, presumiblemente el mejor en su posición en la historia de la liga. Sin embargo, Rob no se fue de los Patriotas, se fue de Belichick y hay quien dice que Brady hizo lo mismo, dejó a Nueva Inglaterra, pero sobretodo, dejó a su entrenador en jefe. Y Gronk había dicho al despedirse del futbol americano, que se iba y que nunca jamás regresaría para jugar con otro QB que no fuera Tom… Y hace apenas unos días le dijo a Robert Kraft el propietario de Nueva Inglaterra, que quería regresar pero que no volvería a jugar ni con los Patriotas ni bajo el mando de Belichick.

Suena feo. Mucho. Pero la realidad es que mientras construyeron una Dinastía, un equipo de monumentales dimensiones, creado de la mente brillante de Belichick, muchos llegaron al extremo de “acabar de estar”. Aún Brady, quien fue señalado hasta el cansancio como “la única estrella” y el “único imprescindible” en los Patriotas por el exitoso y exigente entrenador en jefe.

Brady se fue a una franquicia que es dirigida por otro loco matemático, Bruce Arians, quien luego de transformar a la franquicia perdedora de los Cardenales de Arizona en un equipo contendiente y llevarlos al Super Bowl, mismo que casualmente perdió en donde ahora es su casa, el estadio Raymond James de Tampa, había optado por el retiro. 

El regreso de Arians fue para revivir a un equipo, Tampa Bay, que a pesar de tener un quarterback de grandes habilidades y terribles defectos como Jameis Winston, dejó una marca de 7-9 la campaña pasada, habiendo perdido dos juegos en tiempo extra y soportando las 30 intercepciones de su pasador.

Las cosas ahora serán diferentes para todo. Tampa no aceptó gastar 40 millones de dólares en el sueldo de su nueva estrella sólo para recuperarlos en la venta de boletos. Tampa gastará ese dinero para regresar al Super Bowl y aún cuando es evidente que los Bucs tienen un extraordinario cuerpo de receptores, Mike Evans y Chris Godwin y han sumado a una ala cerrada que anotó más touchdowns que nadie en su posición en los 9 años que jugó para los Patriotas, 79, todos ellos, excepto uno (de Jimmy Garoppolo), vinieron volando desde el brazo derecho de Brady.

Es cierto que Gronk no ha podido jugar una temporada completa de 16 juegos desde el 2011 y que las lesiones, sobretodo la de la espalda que surgió en aquel juego de playoff divisional ante los Broncos en esa temporada, pero a pesar de la lucha libre, ha tenido un año de descanso, menos golpes, mas tiempo para recuperarse, presumiblmente lo suficiente para al menos poder acompañar a Brady los dos años que firmó en su contrato. Tiempo suficiente para, además, hacer el trabajo de lobbying que requiere Brady para poner en sintonia cultural de “seremos campeones” a un grupo de espectadores del éxito de otros como bien podría llamarse al equipo de Tampa.

Es una realidad que el cambio parece que les hizo bien a todas las partes involucradas, porque en Nuerva Inglaterra Brady no iba a poder, como sucedió el año pasado, un equipo competitivo a la altura de volver al menos aparecer como candidato a ganar el Super Bowl como sucedió cada año las últimas dos décadas, exceptuando por la infame campaña del 2008 cuando se lesionó la rodilla.

AL traer a Brady y Gronk, los Bucaneros esperan también llevar la cultura ganadora de los Patriotas, creada por Belichick, ciertamente, pero que al final de cuentas fue ejecutada de forma magustral por Tom y Rob, y en manos del loco Arians, parecería que no ha sido sólo una locura que en Las Vegas, desiertas aún, Tampa figure como el quinto aspirante a ser campeón de la NFL este año, sólo atrás de las dos nuevas bestias sagradas de la Conferencia Americana, Patrick Mahomes y Lamar Jackson, y los dos favoritos indiscutibles de la Nacional, San Francisco con Garoppolo y Nueva Orleans con Drew Brees.

A tal grado creció la percepción de lo correcto de la llegada del dúo dinámico que ni siquiera Aaron Rodgers, perdedor de la final del año pasado, y Russell Wilson con los Halcones Marinos, ambos ya ganadores en su momento de un Super Bowl, figuran por delante de los Bucaneros.

El camino promete ser aún más sencillo para los Bucs considerando que, aunque los Santos y los Halcones, que seguro vienen de regreso, también sean sus rivales en la división sur de la NFC, al haber un espacio más para calificar habrá cinco equipos en la ronda de comodines, es decir, hasta tres de una división podrían colarse como ya sucedió en el pasado y una sola rendija que se abra será suficiente para que Brady y los nuevos Bucaneros estén en la pelea. Fue una apuesta ganadora, pero nadie puede negar que hasta en el último momento Belichick fue el más beneficiado. “Una cuarta selección por un luchador… Nada mal”.

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