Frankie Garbo, el intocable del boxeo

Les comparto esta cápsula escrita para el programa de mi amigo Rodolfo Vargas, pero que forma parte de las muchas anécdotas e historias que han rodeado al pugilismo a lo largo de su historia. Ojalá les guste.

Este hombre nunca subió un cuadrilátero, pero domino totalmente el boxeo durante más de  10 años. Tampoco se calzó jamás unos guantes, gustaba más bien vestir de impecable traje obscuro, camisa blanca de cuello blanco y una corbata con un par de dados y cinco ases de baraja: su nombre Frankie Garbo.

Cuenta la leyenda oscura, del gánster más temido del boxeo, que durante las cenas solía sacar gruesos rollos de billetes de cien que ponía exhibicionista en la mesa, y cuando algo no le gustaba su voz baja hacía temblar a sus invitados con la frase: “qué quieres, un buen golpe en la cabeza”.

Nacido en nueva york, en 1904, Frankie Garbo, Frank Fortunato, Mr. Fury o Mister Gray, como se le llamaba en el bajo mundo, se apoderó del pugilismo de la Unión Americana desde 1949 y hasta incluso más allá de su detención, en 1959, puesto que existen investigaciones que señalan que el siniestro mafioso era dueño del 52% de las ganancias producidas por el campeón de peso completo, Sonny Liston, incluso en los inicios de los años sesenta.

Hombre musculoso, de 1.73 metros de estatura, Garbo era el socio invisible de James Norris, presidente de la Comisión Internacional de boxeo, que controlaba los títulos mundiales de pugilismo, así como de la Madison Square Garden Corporation, que dirigía el mejor escenario del pugilismo bajo las ordenes de Truman Gibson, otro socio de Garbo.

Se dice que Garbo era el negociador de todos los combates titulares y nadie podía contrariarlo. Cuentan que Ray Arcel, un promotor de casi ochenta años que se negó a tratar con Garbo fue golpeado con un tubo de cañería hasta dejarlo inválido.

A otro promotor de la costa oeste que no quiso seguir sus instrucciones el siniestro mafioso le sacó los ojos con sus dedos pulgares.

Acusado varias veces de homicidio, se asegura fue el ejecutor de Bugsy Siegel, el fundador de Las Vegas, al no poder pagar sus deudas con la mafia. El caso más sonado en su contra ocurrió en 1942, cuando dos testigos lo vieron disparar contra otro mafioso Big Greenie. Sin embargo, Garbo fue dejado en libertad sin cargos, cuando uno de los testigos inexplicablemente se lanzó desde el quinto piso del hotel Half Moon, en Coney Island, estando bajo custodio policiaca.

En 1958 la fiscalía de Nueva York lo acusó de gestión oculta de boxeadores y arreglo ilícito de combates, lo que lo llevó a ser detenido en mayo de 1959, en una casa en nueva jersey, cuando intentaba escaparse por una ventana trasera.

Era tal el temor de los policías antes el mafioso que se negaron a llevarlo a comer a un restaurante y optaron por mantenerlo esposado y bajo vigilancia armada, temerosos de que pudiera repetir la hazaña de John Dillinger y escaparse en la cara de los agentes.

El testimonio del entonces campeón de peso welter, Don Jordan, fue suficiente para sentenciarlo a una condena de 25 años, de la cual cumplió una parte en Alcatraz y otra en la penintenciaría de Macneil Island, donde dicen sus biógrafos era feliz dirigiendo el equipo de beisbol, su segundo deporte preferido para apostar.

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