Fallece el último grande de la crónica deportiva: Jorge «Che» Ventura

Adiós padrino “Che” Ventura

Por DANIEL ESPARZA HERNANDEZ

Naciste en 1940 con el nombre de Jorge Miguel Ventura Salerno y aunque el mundo te conoció como El Che para mi serás siempre “mi padrino”, como te bauticé  desde que nos conocimos en 1981, tú entonces jefe de relaciones públicas de tu querida “lechuga” como se conocía popularmente al diario La Afición.

Yo era un inverbe aspirante a periodista y tu ayudante, al que tú censuraste drásticamente: “los jóvenes mexicanos no tienen la disciplina para el periodismo. Usted se irá en tres meses, como se han ido muchos” y con el acicate de tu frase aprendí a respetarte y quererte como un padre.

¿Te acuerdas? Tus largas e inolvidables charlas con Ángel Fernández llenas de cápsulas de erudición y anécdotas de quienes formaron la crónica deportiva al amparo del “Tigre” Azcárraga a quien tu recomendaste a Ángel Fernández, un locutor de beisbol que sabías iba a revolucionar los medios de comunicación.

Cómo te reías cuando recordabas aquel día que al aire, en pleno Mundial del 70, te preguntó:

-Jorguito y ¿qué querrá decir eso de CCCP que lleva en su uniforme el equipo de la Unión Soviética?

-Debe ser la abreviación de la Unión Soviética en Ruso, Ángel-

-Yo creí que significaba Cucurrucú paloma-

Y tu dupla genial con Fernando Marcos, a quien le inventaste su editorial de cuatro palabras . Fuiste el único que pudo adaptarse al Gran Sabio quien también te advirtió segundos antes de salir al aire: “Acuérdese que aquí el que sabe, soy yo” y con ese respeto al Rey Sol de la crónica lograron los mejores intermedios del futbol.

Tu humor que te hacía superar los transes más duros, como cuando Panchito Hernández te pidió que hablaras con el “Tigre” para echar atrás la orden de que buscaran un futbolista argentino que quisiera jugar con antifaz, como el famoso “Diamante Negro” que circulaba en los comic’s nacionales.

-Che, sólo tú puedes hacerle entender que tendríamos un gran problema con la FIFA, pero sin que se enoje.

Y lo lograste, con ese don de la palabra que te caracterizaba, con el que podías llenar horas y horas de charla sin que nadie se aburriera, como en aquella entrega de premios en que no llegaban los trofeos y los productores temían que la gente se aburriera.

-No se preocupen, conmigo nadie se duerme-

¿Te acuerdas?

El propio Juan Francisco Ealy Ortiz te encomendó hacer una gran cantidad de eventos para promover a La Afición, su más reciente adquisición. Inventaste carreras, liga de voceadores, premio de equitación, de beisbol y el gerente, don Alfonso Durán, preguntaba preocupado.

-Sí, Che, pero con qué presupuesto-

-Ah no don Alfonso, esto con dinero cualquiera lo hace. El mérito es hacerlo sin nada-

Tu pasión por los tangos y por los amigos, que fue lo que te convenció de convertirte en columnista de El Economista para apoyarme como editor.

-En la vida, ahijado, llega un momento en que uno tiene que darse el derecho de elegir con quién tomarse una copa y con quién trabajar- y así volvimos colaborar juntos hasta crear el libro de la Copa de las Fantasías con las Memorias del Che, tu legado de anécdotas de cada mundial.

Hoy me cuesta tanto saber que tu voz de tenor no podrá volverme a contestar una llamada para que me hables de la madrina María Elena, de Fabián y Mónica, tus hijos,  y de tu nuevo orgullo, tus nietos que tanto querías.

Tu vida fue tan rica que no sé qué voy a extrañar más: al charlista, al periodista o al padrino que nunca dejó de aconsejarme.

Dios te bendiga y te acompañe padrino.

 

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