Enfermos atrapados en las carencias del #IMSS

DANIEL ESPARZA HERNÁNDEZ

Atrapados en la falta de personal médico y personal de guardias y suplencias, el costo de la fila de pacientes en espera de cirugía en el Instituto Mexicano del Seguro Social representa 9,272 pesos por día, que se van incrementando hasta duplicar en algunos casos los 105,916 pesos de su operación, de acuerdo a los costos actualizados en el diario oficial para un hospital del segundo nivel de esta institución. Esta fue mi historia. #4T #Medicamentos

En el hospital de traumatología de Calzada de las Bombas sólo el espíritu de algunos médicos y enfermeras hace pasable los largos días de espera para ser programado para una cirugía. La falta de medicamentos y el deterioro visible por la falta de mantenimiento a camas, baños y elevadores a pesar de que el personal afirma que el área sur es casi nueva.

En mi piso, Fernando lleva 21 días esperando cirugía. Reconoce que el prestigio de los médicos lo hizo volver al IMSS, donde hace cinco años le pusieron una placa sobre su quebrado femur. Nadie ha podido explicarle como es que dos clavos se desprendieron y comenzaron a infectarle la rodilla. A sus 73 años, hipertenso, sus días pasan sin que le informen concretamente a qué se debe tanta demora.

El personal cuenta que el hospital tiene dos quirófanos con cinco salas para operaciones. Algunos aseguran que por Semana Santa muchos médicos han salido de vacaciones y no hay presupuesto para contratar suplentes. Los residentes sólo están tratando urgencias y la subrogación a hospitales privados se maneja muy discretamente. Nadie explica los criterios, aunque mis compañeros dicen que atestiguaron al menos tres casos, uno de ellos por cierto trabajador Instituto según les contó.

Otros dicen que el problema son los materiales. Que de un tiempo a la fecha se dilatan más en llegar las placas, los tornillos, los clavos o las prótesis indispensables para las cirugías. No hay información oficial. Los médicos tratantes advierten desde el principio que el tiempo de espera será de una a tres semanas, incluso con todos los exámenes preoperatorios listos.

El Instituto ha gastado 194,712 en la hospitalización de Fernando, aunque su intervención quirúrgica tendría un valor de 105, 916 pesos conforme al acuerdo AS3.HCT.301120/310 actualizados por el consejo técnico del IMSS en diciembre 28 del 2021.

Lo mismo costará la espera de Miguel, un joven ex empleado de Samborns quien se fracturó la mano derecha al oponerse a ser robado. En Ecatepec, el policía dejó en libertad al agresor al huir el transporte público en el que ambos pelearon. Cada adversario se quedó con su golpe. Miguel es asmático y sus ataques empeoran conforme se pospone su cirugía. En su desesperación ha llegado a agredir verbalmente a personal de enfermería, lo que obligó a la presencia de un policía federal que lo amenazó con traer refuerzos si seguía en ese plan.

-Traélos y con una sola mano vamos a ver a cómo nos toca- reta el muchacho que por otra parte es el ayudante general de todos los que no podemos ponernos de pie. Arrima las charolas de alimento, sube los respaldos de las camas cuando no acude enfermería e incluso trata de arreglar la mía, que no puede bajarse más cerca del piso para hacer más fácil mi descenso con una sola pierna.

-Miguel, deje de hacer eso. Si se lastima a mí me van a regañar- le dice Susy, la única enfermera que todos los días se ofrece a leernos una historia antes de irse. Aunque su primera elección fue el Almohadón de Plumas, de Horacio Quiroga, un cuento de terror del que todos evitamos hablar en las largas conversaciones antes de dormir en medio de dolores, incomodidad, desesperación y aburrimiento.

Susy es la única que se ofrece a bañar a don Pepe: un anciano de 83 años que llegó con fractura de cadera. Perdido en la irrealidad de su edad amenaza con fugarse en la noche sino lo atienden. El anciano está preocupado por su esposa que se ha quedado sola en casa. La tarde en que un policía se acomide a dejarla entrar con su hija, por su ceguera parcial y su edad. Esa fue la única ocasión que vi llorar a don Pepe.

-Te juro que saliendo de aquí nos vamos al registro civil a casarnos viejita. Perdóname si he sido malo contigo- le dice tomando su mano, mientras la encomienda al señor de Chalma a quien todas las noches le habla. Las últimas dos noches de mi internado nadie se atrevía a decirle cuánto tiempo tendría que esperar para ser operado.

José Luis, un ex militar graduado como abogado, es el más afortunado. A los siete días de subir a piso fue operado. Sin embargo su accidente en motocicleta ocurrió a principios de abril. Se internó en el hospital general pero le advirtieron que si acaso lo operaban tardaría de cuatro a cinco semanas. Para entonces ya habrían soldado los huesos de su pie y se complicaría la intervención.

-Pues acá no será muy diferente-le advirtió el médico que lo recibió en urgencias. A pesar del pronóstico su espera será la más barata. 64,904 pesos.

En el pabellón hay otro Miguel más joven, de 18 años, quien fue arrollado por una motocicleta en sentido contrario. Le quebró la tibia y el peroné. En el Rubén Leñero cometieron el error de ponerle yeso a la fractura expuesta, lo que ocasionó infección. En el IMSS lleva tres semanas en tratamiento y en espera de programación. Una estancia de 194,712 pesos, sin considerar la cirugía y el material de ortopedia que le permitirá salir dos días después de su operación.

En mi caso, la espera representa un costo de 74,176 pesos. Sólo serán ocho días cuando mi esposa acude a pedir informes y se entera de que mi médico salió de vacaciones un mes. ¿Qué pasará entonces?

-Vaya a la dirección, con los jefes- es lo único que pueden sugerirle. El doctor Brito está supliendo al jefe de servicios, que también está de vacaciones, rescata mi expediente de una gaveta ajena a los casos activos. El doctor Cañete se hará cargo y cualquier médico podría operarme. Tras el reclamo, las cosas fluyen. Me cambian vendaje de la férula, me toman muestras de sangre y me hacen firmar los papeles de consentimiento.

Charlie, un camillero sobreviviente a un mal divorcio, es una especie de comediante de stand up, que no pierde la oportunidad de bromear.

-¿Están todos bien?…¡Pues díganselo a sus caras! Psss- Es él quien se las ingenia para subirme a la camilla de traslado, que por deterioro tampoco puede bajar a la altura de la cama para facilitar el traspaso.

-Usted afloje el cuerpo jefe. No se va arrepentir- me dice. En el elevador se advierte la improvisación del mantenimiento en una plasta silicón que rodea los botones de mando quizás a falta de otra cosa para reemplazarlos.

En espera de entrar a quirófano el personal médico verifica una y otra vez mis datos. De último momento me informan que el doctor Cañete si estará a cargo de mi cirugía. El cruce de la zona negra a la zona blanca parece el de Insurgentes y Reforma. Sale una camilla y entra otra tan rápido como se puede pues sólo hay dos camilleros. Uno tiene que estar siempre en la zona blanca y Joel tiene que mover a los que van a observación, tras la operación y los que regresan a su piso. Suda copiosamente pero no puede evitar tardarse en la entrega de cada enfermo a su pabellón.

El doctor Cañete y su asistente, el doctor Sánchez, lucen orgullosos de su trabajo cuando me hablan apenas salido del quirófano. Su entusiasmo dispersa muchas de las penalidades posteriores cuando el dolor de la recuperación es insoportable.

Luis, un acomedido enfermero nocturno se compadece de mí en la madrugada.

-Voy a tratar de conseguirle tramadol con algún compañero, porque no nos han surtido. Solo con eso podrá descansar- Minutos después regresa triunfal con media dosis que me brindan unas horas de descanso.

Al despertar, Vanesa una enfermera que sobrevivió a una operación cervical en estas mismas instalaciones me da los buenos días. Quizás por esa problemática es junto con Wendy, otra enfermera, las únicas que presionan a los médicos con los pendientes: A don Fernando no han venido a hacerle el electrocardiograma; a Miguel le falta la interconsulta; a José se le está disparando la presión arterial,etc.etc.etc.

La cara de mi esposa es como un rayo de esperanza cuando tramita mi alta. Tardaré un mes en tener consulta, por la saturación del servicio, pero al final de esta travesía tengo algunas conclusiones. Las verdaderas heroínas y héroes del Instituto son esas mujeres y hombres que en medio de tantas carencias y falsas austeridades, no dejan de velar por los enfermos.

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