El Tri y sus penas de siempre (o casi)…

EDGAR VALERO BERROSPE

La fiesta puede ser inolvidable o no. Depende de los invitados y si están dispuestos a divertirse. Y eso es lo que continuamente nos preguntamos respecto a los seleccionados nacionales, ¿están dispuestos a divertirse?, ¿tienen conciencia de la responsabilidad de ser convocados?… Porque yo creo que la mitad o más de los que vimos el fiasco de partido ante la “no afiliada a la FIFA” Isla de Martinica, acabamos diciendo palabrotas, para no decir mentando $%#@&…

La semana pasada hablamos de esta situación, sobretodo, porque sigue sin aparecer por algún lado el sentido de responsabilidad que afecta notablemente a los jugadores mexicanos cuando enfrentan a equipos cuya prosapia futbolera es inexistente, como el caso que nos ocupa, y que mientras seguimos soñando con ser los grandotes del área, resulta que un cómodo 3-1 se convierte en un 3-2 absurdo, ridículo, inaceptable, por más que nuestro flamante técnico nacional haya decidido que algunos “presuntos titulares” estuvieran o se fueran a la banca.

Pero no nos extraña. Ya no nos extraña nada. Siempre pasa lo mismo, y siempre, los pobres paisanos siguen pagando lo que les cobran por ver estas decepcionantes y desesperantes presentaciones de México. El punto es que luego de recorrer de Este a Oeste, luego al Noroeste y finalmente de nueva cuenta al Este, el Tri sigue sumando, más que victorias, kilómetros en el absurdo deambular que sólo sirve para que la Concacaf siga sumando dólares y el equipo nacional, penas, como en otras ocasiones, más bien, como casi siempre en este torneo, diseñado para nada, porque nada deja, al menos en cuanto a futbol se refiere.



Si uno revisa lo que ha pasado en las últimas ediciones del torneo, en 2013 Panamá nos eliminó en semifinales; en 2015, luego de que el capitán Guardado se negara a “fallar” en forma premeditada un “injusto penalti” en contra de los mismos panameños, ganamos en tiempo extra y en la final vencimos a Jamaica. Fue ese mismo equipo el que nos venció en la semifinal hace dos años cuando el “compadre Pompilio” dirigió al equipo nacional “alterno” en lugar de Juan “cambios” Osorio. Es decir, en dos de las anteriores tres ediciones sólo dimos penas. Como las de el domingo.

Martinica ni siquiera puede ser considerada una selección nacional, pues aunque tiene una supuesta liga, sus equipos tienen casi 20 años que no participan en una torneo de la Concacaf, y esta isla no está afiliada a la FIFA, aunque la Concacaf la reconoce como “miembro pleno” desde hace seis años. Y ese equipo fue el que le empató temporalmente a México y luego, ante la displicencia de nuestros “estrellas” se acercó en el marcador para un digno e indigno (según el punto de vista) 3-2 a favor de los aztecas.

Por si alguien lo ha olvidado, México TIENE que ganar este torneo para ir al repechaje de la Copa Confederaciones ante Estados Unidos (campeón del 2017), o vamos a ver esa competencia por televisión. No hay remedio, es un asunto de idiosincrasia, creo más en eso, que en el cansancio por esperar ocho horas para poder salir de Denver y volar a Charlotte y luego agarrar otro avión para ir de regreso al centro de los Estados Unidos, a Houston y luego otro poquito más al Oeste a Phoenix si ganamos en los cuartos, y terminar el periplo en Chicago. En suma, una puebleada monumental estilo Concacaf.

Y las explicaciones del “Tata” Martino, me parece, salen sobrando, porque lo que se ve no se juzga, simplemente se ve y el Tri hizo su tradicional papelón de cada dos años mientras los dirigentes y cuerpo técnico, como cada dos años, siguen buscando la explicación a “cuando fué” que las distancias se acortaron, distancias que me he cansado de repetir, si existieron alguna vez, fue hace más de 50 años cuando México jugaba en casa los dos partidos de cada confrontación en la eliminatoria de la Concacaf….

Pero ni hubo distancias, ni parece haber remedio. De cuando en cuando nos salta un “pulgón” como el “chicharito” algún día, o ahora Uriel Antuna, salido de la nada, producto de la cultura del esfuerzo y convertido en estrella emergente de un Tri en estado de emergencia… Como breviario para terminar, déjeme decirle que Costa Rica ya le ha ganado a México, y que Haití, si hubiera sido el caso, nos provocó una de las más vergonzosas eliminaciones en la historia del futbol nacional allá en Puerto Príncipe en 1973… Y no fue brujería, eso se lo garantizo..

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