El Papa nos pide ser pastores con olor a oveja: Obispo Francisco González

  • “Hay que buscar que los jóvenes busquen la felicidad, no el dinero”
  • “También tenemos momentos de tempestad, a veces nos da fuerte el viento y nos tambalea pero hay que estar firmes en el señor”.

Siendo adolescente renunció a administrar el negocio familiar para entrar al Seminario, siguiendo el ejemplo de un hermano y una hermana. Allí Dios fue puliendo la vocación que lo llevaría, con el tiempo, a ser consagrado el Primer Obispo de la Diócesis de Izcalli.  Un ministerio de servicio y cercanía con la gente para Monseñor Francisco González.

“El Papa Francisco nos dice que tenemos que ser pastores con olor a oveja.  Es decir, el olor no se nos va a pegar estando allá encerrado, si queremos ser pastores tenemos que  estar con las ovejas y saber qué les duele, qué les preocupa”, nos explica ubicado en la modesta oficina de servicio de la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús y San José, en la Aurora.

A sus 59 años,  cumplidos este 17 de Agosto, con tres de servicio al frente de la Diócesis de Izcalli, el Obispo Francisco González gusta de visitar todas sus parroquias, de oficiar en las fiestas de los Pueblos, de charlar con sacerdotes y laicos, en cualquier oportunidad.

“Estando en Izcalli me dice un seminarista: vamos al cine. Fui con algunos y mientras comenzaba la función, en Luna Parc, ellos se metieron en una tienda y yo me quedé sentado. Pasó una pareja de jóvenes, el muchacho me reconoce y se admira: “¡Es el Obispo!  Y me pidió tomarse una foto. Eso me hizo reflexionar que a lo mejor no estaba acostumbrado a ver al Obispo cercano, en un lugar público y por eso le decía emocionado a su pareja: ¡Es el Obispo! ¡Es el Obispo!”

Reflexiona: “Uno no puede conocer su Diócesis si no está cerca del pueblo. No siento resistencia a eso y me gusta. Me canso pero lo haces por alegría y es satisfactorio. Se trata de un ministerio de servicio. El Papa nos ha insistido, el Obispo no es un príncipe, tiene que ser el servidor de los hermanos”.

El entusiasmo inyecta vigor en sus grandes ojos cuando habla del Sínodo convocado por el Papa para hablar de los Jóvenes, fe y discernimiento de la vocación, en octubre del año próximo.

“Estoy convencido de que tenemos que trabajar en que los jóvenes se den cuenta del sentido de la vida. Es decir, en la vida lo importante no es tener, los papás tienen que saber y darse cuenta de que hay que educar a los hijos no para que sean ricos, sino para que sean felices, porque en la vida lo que cuenta es ser feliz”.

Actualizado en las nuevas Tecnologías de la Información, reconoce que uno de los mayores retos de la Iglesia es emplearlas para la difusión de estos valores.

“Tenemos un medio importante que a veces ayuda, que a veces confunde y destruye que son los mass media (medios masivos), tantos medios digitales que existen y que conocen los niños, desde muy pequeños. Pueden ser muy buenos y un poquito peligrosos porque se llega a tener tanta comunicación, tantas ideas que parecen inmensas bolas de pensamientos, que no siempre son los más adecuados, y si los papás no están en casa por trabajo, entonces los jóvenes van aprendiendo lo que van viendo y escuchando en esos medios. La Iglesia ha comenzado a utilizarlos para difundir valores, para convocar a los jóvenes e invitarlos a expresarse,  por allí tenemos que trabajar nosotros sin perder de vista los valores y las tradiciones”.

Acepta sin embargo que también los temores, la inseguridad y los problemas que comparte toda la sociedad alcanzan, preocupan y afectan al propio Obispo.

“Tenemos momentos de tempestad, a veces nos da fuerte el viento y nos tambalea, pero hay que estar firmes en el Señor. El Evangelio es de la vida, Jesús les dice a los Apóstoles antes de la última cena, sin mí no pueden hacer nada, permanezcan en mí. Permanecer es un verbo importante, si dos esposos no permanecen unidos adiós todo, si permanecen en medio de las dificultades, si tienen fe y confianza en el Señor, el Espíritu Santo los alienta e ilumina.”.

Es la fe que el Obispo Francisco González tiene en la comunidad de Izcalli.

“Descubro que hay gente deseosa de escuchar la palabra de Dios. Es gente de buen corazón que nos apoya y manifiesta una disponibilidad y un amor muy grande, que son valores que descubro en todas las comunidades. Fuimos a la fiesta de Santa María Tianguistengo  y descubro el valor de las tradiciones en el pueblo, en toda la celebración religiosa en torno a la Santa Misa, las tradiciones folklóricas,  que son bonitas y son valores que tenemos que cuidar o recuperar porque son los que dan identidad a nuestros pueblos”, concluyó Monseñor.

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