El nacimiento de un imperio

“¿Acaso no derrotamos a los alemanes por 8-3 en el primer partido y no eliminamos a los brasileños y uruguayos, considerados los mejores cuadros del mundo?”, se lamentó Hyula Hegvi, presidente de la Comisión de Deportes de Hungría cuando verificó por enésima vez el resultado de la final que Hungría perdió 3-2 ante Alemania en Suiza 1954.

Era la primera derrota de Hungría en los últimos cuatro años y llegó en el día y el torneo más inesperado: 4 de julio, en Berna, final de Copa del Mundo. Los cronistas lo llamaron el Milagro de Berna y se hizo una película de ello en el 2003, como un homenaje al surgimiento del imperio teutón en el futbol

Desafortunadamente, Hegvia tenía razón. Los húngaros habían vencido 9-0 a Corea y 8-3 a Alemania, quienes habían quedado sembrados en su mismo grupo en la primera fase del certamen.

Hungría era ganador del torneo de futbol de los Juegos Olímpicos de Helsinky en 1952, en 1953 goleó 6-3 a Inglaterra en Wembley y ligaba 28 juegos sin conocer la derrota, hasta llegar a esa final en Berna.

Los historiadores conceden todo el mérito a Sepp Herberger, técnico de la selección Alemana quien desde entonces sería apodado el “Zorro de Berna”. La selección germana, en su primer juego, venció 4-1 a Turquía y en el segundo juego contra Hungría mandó a un equipo de suplentes que cayó por el abultado marcador, con el único mérito de haber obligado a la salida de Puskas por un golpe en el tobillo.

Alemania ganó el desempate con Turquía 7-2 y calificó en segundo lugar a la siguiente fase, donde los germanos vencieron 2-0 a Yugoslavia, mientras que Hungría venció 4-2 a Brasil en una verdadera batalla, en la que ambos planteles terminaron con 10 jugadores y a golpes, incluso en los vestidores.

Hungría todavía tendría que enfrentar al campeón Uruguay en un juego que terminó empatado a dos goles y que Hungría resolvió en el tiempo extra con dos goles de Kocsis, para aparentar que ya había hecho lo más difícil.

Alemania en cambio venció fácil 6-1 a los austriacos en un duelo con reminiscencias históricas por la última guerra, de las que ya nadie quería acordarse.

Dicen las crónicas de la época que Puskas presionó al técnico Gustav Sebg para que lo incluyera en la final a pesar de los dos juegos que tenía sin jugar. Pero parecía que el máximo ídolo húngaro del futbol tenía razón cuando anotó el primer gol y luego lo siguió Czibor, para poner en ventaja a su selección en los primeros diez minutos de acción.

José Luis la Madrid, seleccionado mexicano que acudió a ese Mundial y se quedó a ver la final coincide con esa versión en una entrevista que concedió para un diario mexicano: “Ferenc Puskas quiso jugar, para levantar la Copa, pues eran muy superiores. Él no estaba al 100% y se murió en el intento”. En aquella época no había cambio en las alineaciones.

Alemania nunca se rindió. Morlock descontó y antes de terminar el primer tiempo una barrida de Fritz Walter al rematar un tiro de esquina puso el marcador parejo 2-2.

En el segundo tiempo, Hungría no aceptaba que ese era el mismo equipo alemán que había vencido con tanta facilidad, viéndolo agobiar su meta. A seis minutos del final Fritz Walter le gana la carrera a Zakarias y centra al área donde Helmut Rahn cierra la pinza y con tiro cruzado anota el gol de la victoria.

Todavía Puskas quiso cambiar la historia y anotó un gol que le fue anulado por el árbitro inglés Walter Ling, al marcar un fuera de lugar del delantero Hidegkuti. Así el hombre que quería ser héroe terminó como el villano de aquella final.

Alemania jugó con: Anton Turek, Josef Posipal, Werner Liebrich, Werner Kohlmeyer, Horst Eckel, Karl Mai, Helmut Rahn, Maximilian Morlock, Ottmar Water, Fritz Walter y Hanz Schafer.

Los diarios citaron que luego del juego, varios de los seleccionados germanos tuvieron que irse al hospital para recuperarse de aquel partido. Se habló de sustancias que había podido ingerir para mejorar su rendimiento, algo para tratar de justificar aquella inesperada victoria que nunca pudo debatirse.

Lo real es que después de ese triunfo, los germanos han ligado 16 participaciones en Copa del Mundo, seis finales y tres títulos mundiales, sin dejar nunca de ser protagonistas del certamen.

En cambio, Hungría y esa generación maravillosa de jugadores se perdieron en el tiempo. Dos años más tarde Rusia invadió su país y el mundo nunca sabría que hubiera podido hacer Hungría en otro Mundial.

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