El Mundial sin Rey

Era tan violento el disparo de Pelé, que cuando intentó uno ante Checoslovaquia en el segundo juego de Brasil en el Mundial de Chile 1962, el nervio casi se le desprendió del hueso y tuvo que jugar así su último partido de aquel Mundial

Después de que Brasil venció 2-0 a México, el empate a ceros con Checoslovaquia y la lesión de Pelé, hicieron considerar al mundo que se había perdido para siempre al Rey y su séquito de campeones. Incluso el propio Pelé lo creyó, según reconoce en sus memorias luego de haber ocultado durante meses aquel dolor.

En su “Legado” el Rey escribió que terminó aquel partido por obligación, al no existir entonces los cambios. Al mismo tiempo agradeció la actitud deportiva de sus marcadores, Masopust, Poplar y Lalas, quienes le permitieron jugar sin hacerle una sola entrada fuerte en el resto del encuentro, lo que hubiera terminado para siempre con su carrera.

En el juego contra España, Brasil terminó perdiendo el primer tiempo 1-0 y era tal la desesperación de Edson Arantes que pidió al médico, Hilton Gosling, lo inyectara para poder jugar de nuevo.

El galeno se negó y Pelé tuvo que conformarse con aconsejar a Amarildo, su sustituto, en el vestidor. En el segundo tiempo, Amarildo aprovechó dos servicios de Garrincha para anotar dos goles y calificar a Brasil a los cuartos de final.

Al terminar el juego, Pelé abrazó a Amarildo y lloró por los goles que nunca anotó según cuenta otro libro editado por el desaparecido Heraldo de México.

En los cuartos de final, Brasil enfrentaría a Inglaterra y demostró que su magia no dependía de un sólo jugador. Garrincha hizo dos goles y Brasil venció 3-1 a los lores ingleses.

En las semifinales, Brasil se impuso 4-2 a Chile, equipo que venía de vencer a Italia y Suecia en su grupo y a la Unión Soviética, con su legendario portero Lev Yashin, la “araña negra”. “Garrincha” el hombre con apodo de pájaro les hizo los dos primeros goles y luego Vavá otro, para que la selección roja se quedara blanca de la desilusión.

Garrincha fue expulsado en aquel juego, pero la FIFA lo perdonó para jugar la final contra Checoslovaquia, quien ya tenía a su favor el fantasma del 0-0 ante Brasil y lo ocurrido a Pelé en su primera confrontación.

Los checos venían de perder con México en su grupo, pero eliminaron por primera vez en su historia a Alemania, en los cuartos de final por 1-0, con un gol de Radakovic. Éste jugaba con un vendaje en la cabeza luego de un choque con Uwe Seeler.

En semifinales vencieron 3-1 a Yugoslavia y estaban listos para enfrentar a Brasil, el equipo que ni siquiera pudo anotarles un gol en su primera confrontación.

Los checos se pusieron en ventaja al minuto 15 con gol de Masoputs. Al minuto 18, Amarildo se va hasta el fondo de la banda y, en lugar de centrar, manda un tiro sin ángulo que empata el marcador.

En el segundo tiempo, el portero Schroif es víctima de sus errores. En un mal despeje Amarildo le roba el balón, lo pasa por encima de su cabeza a donde Zitto llega para rematar.

Después el arquero no puede controlar un centro de Djalma Santos y el balón cae a los pies de Vavá, quien pone el marcador final 3-1 y a Brasil como bicampeón del Mundial de Futbol.

Pelé olvidó su desgarre. Saltó a la cancha a dar la vuelta olímpica con el conjunto, aunque en su corazón, el Rey tenía miedo de ser reemplazado para siempre del futbol. “Con Pelé en la cancha, en la primera ronda, apenas habíamos empatado contra Checoslovaquia. Con Pelé fuere del campo, los habíamos derrotado”, reconoció en su biografía el llamado emperador del futbol.

Pelé pudo saber que podría volver a jugar futbol hasta dos meses después. En cambio, el mundo ya no vería correr más a Manuel Francisco Dos Santos Garrincha, sino bajo el vértigo del escándalo y el alcoholismo que lo persiguió hasta su muerte en 1983.

Eduardo Galeano, en su libro El futbol a Sol y Sombra escribió: “Alguno de sus muchos hermanos lo bautizó Garrincha, que es el nombre de un pájaro inútil y feo. Cuando empezó a jugar futbol, los médicos le hicieron la cruz: diagnosticaron que nunca llegaría a ser deportistas, está anormal, este pobre resto del hambre y la poliomielitis, con un cerebro infantil, una columna vertebral hecha un S y las dos piernas torcidas para el mismo lado. Nunca hubo un puntero derecho como él…”

Pelé escribió: “Fue el mayor virtuoso de la gambeta corta que yo haya conocido”.

Su epitafio entonces pudo ser: Mané, el hombre que no quiso ser rey.

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