El futbol del alma en un niño con discapacidad

En 1997 tuve el honor de publicar en El Universal la historia de Moisés Velasco: un niño con discapacidad haciendo cosas imposibles. Espero poder incluir su historia próximamente en un e book que se llame «Pequeños haciendo cosas gigantes»

DANIEL ESPARZA

Por vocación Moisés Velasco se hizo locutor  y luego cronista deportivo en una de esas jugarretas que suele hacernos Dios. Su  voz es como el eco, un sonido grave y contundente; su mente es ágil y explícita y su pasión es el futbol.

Su facilidad de palabra lo hizo amigo de algunos locutores en  diferentes estaciones de radio y dueño de varias  colecciones de discos que ganaba sin dificultad en diversos concursos.

-Le pregunté a uno si era difícil su carrera y me dijo que no. Que tenía que hacer cinco exámenes en la Secretaría de Educación Pública para que me dieran una licencia y que así como era de cotorro con ellos, tal vez podría hacerme locutor.

Tenía entonces 16 años pero hacía mucho que había dejado la escuela. Prácticamente desde que su mente se quedó sola, apretujada en ese cuerpo que año con año se va haciendo más débil y pequeño. A los 12 años dejó de caminar y no tuvo más remedio que dejar de estudiar.

-Sufrí mucho en la escuela porque los niños son muy crueles, apodos por aquí, apodos por allá, tirarme de la silla, tirarme los cuadernos. Viví un infiernito. Ojalá en los libros gratuitos se hablara un poco de los discapacitados para que los niños pudieran vernos sin prejuicios.

El cuerpo de Moisés no retiene la proteína que propicia la fuerza en los músculos, pero sin menoscabo de las que producen su crecimiento, lo que lo hace víctima de dos fuerzas encontradas que le han dejado su voz, firme y segura, como único medio de comunicación. Se llama distrofia muscular y no hay cura posible.

-Si yo pensara realmente en lo que tengo, es muy triste, me deprimiría. Pero entre lo difícil que es sobrellevarlo y lo fácil que es deprimirme, yo prefiero lo difícil. Lo fácil sería quedarme sentadito, me dan de comer y vestir y no pasa nada, pero sería tener una mentalidad mediocre.

Cuatro años se refugió en su casa oyendo radio, viendo televisión, leyendo de futbol. Pero un día despertó con la sensación de que todo podría ser peor.

-¿Y si se mueren mis padres? ¿Y si no están? ¿De qué voy a vivir? Tengo que buscarme una alternativa, tengo que ser útil- pensó en uno espasmo de mortificación que fusionó su dispersa voluntad. Fue entonces que surgió la idea de la locución.

-Comencé a investigar cómo podía hacer los exámenes, puesto que era un trabajo que yo podía realizar sin ningún esfuerzo físico-

Y su mente se llenó de ilusiones. Tuvo que cursar la secundaria abierta, reponerse de cuatro años de pereza mental, más lacerante que la física. Por primera vez en mucho tiempo estaba dispuesto a someter su voluntad al crisol de la dura realidad.

El primer intento fue un fracaso  que hubiera decepcionado a muchos, pero no a Moisés Velasco, un fanático del esfuerzo cotidiano.

-Me volví a inscribir y pasé los cuatro exámenes que me faltaban de corrido. Ya tenía yo un título para desempeñarme al margen de mi enfermedad. Me dijeron que ni soñara en trabajar, que nadie le daba trabajo a alguien en silla de ruedas, pero yo estaba decidido a encontrarlo.

Y el deporte llegó con su acción bondadosa, incluso fuera de los estadios y los gimnasios, incluso para quien está impedido a practicarlo.

-Tenía un amigo locutor que salió de vacaciones y me ofreció substituirlo una semana comentando de deportes. Tenía cierta desconfianza de que pudiera lograrlo pero lo hice. Durante una semana conduje solito su programa. A su regreso me felicitó por mi trabajo.

Así, Moisés se convirtió en testigo de un mundo que le parecía negado y en cambio le era tan familiar.

-Cuando me hice locutor quería poner música, pero en eso nunca me dieron trabajo en las puertas que toqué. En cambio se me abrió la del futbol que me gustaba de toda la vida. Verlo y hablar de él. Como leía todo lo referente a futbolistas profesionales, le pedí ayuda a un amigo para que me dejara hablar de futbol en su programa.

La suya fue una llamada telefónica al sentido humanitario de los equipos del futbol mexicano. Fueron casi 25 telefonemas en una semana a cada uno de los cinco clubes de primera división que existen en la capital para  tratar de conocer a los jugadores por el único medio al alcance de Moisés: su voz.

Abatido por la distrofia muscular Moisés no se cansó de dar explicaciones a cuanta persona le respondió.

-En el América de plano me rechazaron; en Pumas me trataron bien pero me pedían que fuera; Cruz Azul lo mismo, pero en el Necaxa estaba el señor Alfonso Rábago y él personalmente me atendió.

Las primeras páginas en la memoria futbolística de Moisés Velasco eran amarillas.

-Me gustaba mucho el América de Bill Faria, de Zelada de Kiesse. Recuerdo mucho su uniforme crema, pero me tocó la época en que siempre les ganaba el Cruz Azul.

Pero el Rayo Necaxista las quemó.

-Un día me pasaron por teléfono al portero del Necaxa, Nicolás Navarro. No podía creerlo después de haber hecho tantos intentos. Luego hablé con Vaca y así, pasaron mi llamada a todos los jugadores sólo por haberles dicho que usaba una silla de ruedas y que, aunque no podía visitarlos, quería entrevistarlos.

Ese año, el Necaxa corría el riesgo de irse a la segunda división llevándose la esperanza de Moisés de encontrar la comprensión a su problema en otro club del futbol mexicano.

-Me acuerdo que si el Necaxa perdía o empataba con la Universidad de Guadalajara estaba destinada al descenso. Sufrí mucho viendo ese juego en la televisión, pensaba: si estos me tratan bien y son humanos ¡que no se me vayan!.

Tal vez los ruegos de Moisés influyeron para que tiempo después Necaxa ganara un bicampeonato del futbol mexicano. Necaxa fue un auténtico Rayo, como el mote del equipo, que iluminó con trabajo el destino de Moisés Velasco.

-Mi primera entrevista para una revista se la hice a Enrique Borja, presidente del Necaxa. Se portó muy bien conmigo y eso hizo que le tomara más aprecio al equipo, porque siendo el señor Borja una persona importante me brindó un trato humano, no de caridad, ni de lástima, en este país donde no estamos acostumbrados a tratar como iguales a los discapacitados.

Moisés cumplió cinco años colaborando en programas de radio y cobrando por ello. Se hizo redactor de otro par de revistas aunque dos años antes sus manos dejaron de seguirlo en su obra y fue su madre quien tomaba el dictado de sus notas.

Desde su silla de ruedas ejercita su mente con sueños, ilusiones que lo llevan a donde su cuerpo no podría llegar.

-¿A quién te gustaría entrevistar?

-Tengo mucho interés por tratar y conocer a futbolistas africanos. En especial a uno que admiro mucho: George Wea.

El nombre es la punta de una madeja de historias enhebrada perfectamente en la memoria de Moisés. Tal vez la cumbre de alguna de esas pilas de periódicos y revistas amontonadas en la sala de su hogar, estudio, refugio y centro de trabajo.

-Es un jugador que viniendo de la pobreza más grande entrenó, salió de allí y llegó a los grandes niveles en el futbol de manera sorprendente.

Pasa saliva, goza del relato.

-George Wea nació en Monrovia, la capital de Liberia, un país en constante guerra civil. De niño jugaba  con un calcetín al que le metía una naranja, ese era su balón. Sin jugar profesionalmente en su país destacó, lo detectaron los del París Saint Germain y fueron a contratarlo.

La metamorfosis sucedió. La crisálida se convierte en mariposa como el propio Moisés, tal vez, desearía le pasara.

-Es un delantero muy hábil, el año pasado jugó en Italia y ganó el botín de oro. Además Wea ha tenido detalles muy buenos: a Kanú, otro jugador africano con problemas del corazón le envió una carta en la que le dijo que todo el dinero de George Wea estaba a su disposición para que lo operaran.

Las historias de los pobres en lo material, boyantes en deseos de superarse, esas son las que le gustan a Moisés Velasco.

-Como su selección no cuenta con recursos para reunirse, George Wea de su bolsillo da dinero para armar el equipo de Liberia. Gracias a él, Liberia va a jugar los partidos eliminatorios para el Mundial de Francia 98.

El deseo se resuelve en un suspiro en medio de la conversación.

-Lo ideal sería tenerlo cerca y preguntarle por todo lo que hace.

El balón rueda constantemente en la vida de Moisés Velasco: en sus lecturas, en la literatura que pide a sus padres le compren, en los partidos de todo el mundo que gusta de observar y analizar.

-Ahorita en España se ve buen futbol, pero en cada equipo hay solo dos o tres españoles y eso no se vale. Si en México el futbol está perdiendo con cinco extranjeros, allá les va a pasar lo mismo. El reciente partido entre Barcelona contra Real Madrid lo catalogaron como la Guerra de las Galaxias por el número de jugadores de distintos países que participaron, pero eran muy poco españoles.

Lleva el futbol en el corazón. Puede decirse que esa cancha de 105 por 68 metros es el espacio donde se mueve su alma, su ánimo, lo que no ha deteriorado la distrofia muscular.

El tema lo apasiona, lo hace vivir cada concepto, agradecido de la palabra hablada como un náufrago del tronco que lo mantiene a flote.

Hoy quisiera tener su propia tribuna, no sólo un medio de subsistencia, sino una trinchera  donde defender los derechos de los discapacitados para los que casi nada está pensado en México.

-Hice un programa de radio para los deportistas de sillas de ruedas que salió al aire, pero vendieron la estación en que transmitía y me quedé con mi proyecto. Desde hace seis meses toco las puertas de varias radiodifusoras para ofrecerles mi proyecto, pero su mentalidad es que en la radio se tiene que hablar de gente sana, bonita, de cosas movidas.

Una de las estaciones ofreció incluir a Moisés en su programación si conseguía patrocinios por sus propios medios. No hay cansancio en el gesto de Moisés, a lo más un poco de desesperación.

-Mandé 100 propuestas a diferentes empresas. En la mayoría la respuesta fue negativa porque creo que estamos mal educados en el tema. Me he topado con compañías que al verme me ofrecen una caridad. Eso te indigna, la mayoría de la gente piensa que si uno va en sillas de ruedas es porque quiere pedir caridad y limosna. Lo único que yo quiero es trabajar.

De la misma forma que los deportistas paralímpicos, Moisés lucha por ganarse un lugar con sus medios en su  ámbito propio: la radio.

-El programa que quiero hacer pretende rescatar precisamente la filosofía del deporte paralímpico. Es deportivo, porque quiero que los deportistas sobre silla de ruedas hablen de su experiencia, sobre la manera en  que mediante el deporte se reincorporaron a la sociedad.

Pero está también su caso, sin esperanza de rehabilitación, ni curación, pero con la ilusión de vivir lo mejor posible cada segundo disponible.

-Hay muchos casos como el mío, que no puedo practicar ningún deporte. Hago algo de hidroterapia para retrasar un poco el deterioro de mis músculos, pero me gusta el deporte y reconozco sus virtudes.

Su voz hace una pausa como para tomar aliento tras reconocer todo lo que falta por avanzar.

-Hay muchos padres de familia con un niño con distrofia muscular u otra enfermedad y no saben que hacer con ellos. Entonces los encierran en sus casas. Hay niños con limitaciones que piden hacer algo para no morirse de aburrimiento y sus padres no les prestan ayuda porque no saben como dárselas. Ni siquiera pueden estudiar, ya no digamos otra cosa.

Moisés recuerda su propio caso.

-Estuve internado en el ISSSTE, por una bronquitis. Los médicos no sabían que hacer conmigo, jamás habían visto un niño con distrofia muscular. No sabían que no tenemos fuerza para movernos solos, mucho menos que un trato brusco puede quebrarnos un brazo y todo porque en nuestro país no hay médicos interesados en tratar este padecimiento simplemente porque no hay curación.

Moisés quisiera que la energía que mueve sus labios, sus ojos, fuera capaz de devolverle fuerza a sus piernas y caminar.

-En una revista leí que en Francia un médico había logrado aliviar un ratón con distrofia muscular. Me comuniqué a la embajada para pedir la dirección del hospital donde se realizaba la investigación. Dijeron que habían recibido decenas de llamadas como la mía y que el responsable del proyecto lamentaba tener que darnos la misma respuesta: apenas probó con un ratón, tenían que irlo verificando con organismos más complicados como un perro, un mono, un caballo y después, tal vez, con el ser humano.

La ilusión es una gota que brota en medio del yerto panorama.

Ha pasado casi una hora de charla en casa de Moisés. Sólo después de conocerlo se puede entender la necesidad de rampas y accesos especiales para personas que como él están impedidas de caminar pero están hambrientas de curiosidad, de abrir más espacios en el único recinto en que se mueven: su mente.

En unos minutos iba a transmitir su colaboración para un programa de radio. Su madre le instaló la diadema a través de la cual habla ante la imposibilidad siquiera ya de cargar el auricular.

Moisés inicia el conteo mental. 3, 2, 1…0 ¡en el aire! el área que su enfermedad no pudo quitarle hasta su muerte.

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