El día que le cortaron las piernas a Maradona

De Diego Armando Maradona, dijo el escritor Mario Benedetti: “Tu esperanza ya sabe su tamaño/ y por eso no habrá quien la destruya/ Ya no te sentirás solo y extraño/ Vida tuya tendrás, y muerte tuya/ Ha pasado otro año y otro año le has ganado a tus sombras/ ¡Aleluya!”

De un poeta de la letra a un poeta de la cancha; de un ser de cultura a un ser de culto, porque Maradona, como un artista en calzoncillo corto, ha trascendido sus defectos y desvaríos para dejar intacta en la memoria universal sus obras maestras con el balón.

“La mano de Dios” en el Mundial de 1986 contra Inglaterra, en vez de sus tres salidas nocturnas para conocer a Verónica Castro y Edith González, aunque volviera la concentración argentina a las cinco de la madrugada.

Sus títulos de Liga y de la UEFA, con el Nápoles en 1988, 1989 y 1990, en vez de la investigación abierta en su contra por prostitución y tráfico de drogas en Italia en 1991, junto con su primer positivo por cocaína.

Su regreso espectacular a la selección argentina en un juego contra Brasil en 1993 en vez de su detención en una redada antidrogas en Buenos Aires en 1992.

Y es que el virtuosismo de Maradona con el balón hacía cerrar los ojos a su realidad mundana, la cual podía justificarse y condonarse, siempre y cuando siguiera dando al mundo sus obras geniales cada que tocaba la pelota en una cancha de futbol.

Y en esas condiciones el famoso 10 argentino llegó hasta la Copa del Mundo de 1994, donde pasó lo impensable: “Me cortaron las piernas”, declaró Diego Armando cuando se enteró que la FIFA lo expulsaba de su mundo, por dos años, acusado de doparse.

En ese Mundial sólo una noticia distrajo el paso que llevaban los brasileños rumbo a su cuarta Copa del Mundo. El 30 de junio, cuatro meses antes de que cumpliera los 34 años, Maradona era suspendido por dos años del futbol al dar positivo un examen antidoping con todo un coctel de sustancias prohibidas: seudoefedrina, efedrina, fenilpropanolamina, metaefedrina y norpseudoefedrina.

Así, por primera vez en su vida, el chico de Villa Fiorito, el popular barrio bonaerense, no tenía excusas, ni nadie que lo justificase.

Maradona había anotado su último gol contra Grecia, equipo al que los sudamericanos vencieron por 4-0 con tres de Cannigia. Después alinearía contra Nigeria, en el juego en que Argentina consiguió su calificación al vencer por 2-1, y fue requerido para presentar examen de orina.

Cuentan que Julio Grondona, presidente de la influyente Confederación Sudamericana de Futbol, al ver a una enfermera alcanzar a Maradona después de terminado el partido contra Nigeria, comentó. “Ahora, pongámonos a rezar”.

El propio Maradona, en su biografía rechazó las versiones periodísticas que aseguraban que la FIFA le había garantizado que no se le sometería a pruebas antidoping, con tal de que jugara el Mundial.

Fue la ex esposa de Diego, Claudia Villafañe, quien reveló en una entrevista lo que para muchos es la versión más coherente sobre el doping más connotado en un Mundial de Futbol.

De acuerdo a esta, Diego había contratado como entrenador personal al ex físico culturista, Daniel Cerrini, a quien le pidió ayuda para recobrar su antigua potencia física, mermada por la vida irregular que llevaba. “Yo le dije que no creyera en esa persona. No me creyó y así le fue”, confesó la señora Maradona a un diario brasileño, al acusar a Cerrini de haberle dado sustancias dopantes al jugador argentino durante aquella Copa del Mundo en Estados Unidos.

Cerrini aseguró que antes del Mundial, Maradona se encontraba ingiriendo un medicamento quemador de grasas llamado Ripped Fast, el cual no pudo encontrar en Boston, por lo que lo sustituyó por otro llamado Ripped Fuel que contenía sustancias catalogadas como dopantes en el futbol profesional.

Con esta versión, una vez más la prensa y el mundo, trataron de justificar al hombre Maradona a través del mito creado por el futbolista.

En 1999, el futbolista tuvo una severa crisis cardiaca por la que estuvo a punto de morir. Su reclusión en un centro hospitalario en Cuba le ayudo a sobreponerse, dejar las adicciones y corregir el sobrepeso que tenía desde su retiro del futbol activo.

Después, convertido en técnico de Argentina, Diego Armando Maradona volvería a una Copa del Mundo. La frase que dijo cuando se retiró, a los 37 años, puede justificar su regreso al teatro mundialista, 16 años después de su vergonzosa despedida: “Sólo la pelota, no se mancha”.

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