El cabezota, Hugo Sánchez

Esta entrevista sucedió en el 2004 y forma parte de mi libro Historias de Alto Rendimiento. Sigue siendo reflejo de una gran mentalidad envuelta en un gran deportista. Disfrútenla en esta #CuarentenaPositiva.

Daniel Esparza

Desde niño fui muy cabezota» acepta Hugo Sánchez. Y no se refiere a las decenas de goles que metió en remates memorables. Tampoco a la cicatriz que se hizo en la frente correteando de niño un balón. Es su filosofía: «Cuando algo se me mete a la cabeza, no paro hasta conseguirlo».

Con esa tenacidad convirtió insultos en halagos en Europa. No paró hasta titularse como odontólogo y convirtió a sus compañeros del Real Madrid en clientes. Esa perseverancia por la que todos lo conocían en España, menos Isabel, la que llegaría a ser su esposa.

«Yo tengo mi carrera particular no compito con nadie, sólo busco ir en el camino que quería seguir. Si uno procura ser el mejor se preocupa por uno mismo. Mi madre siempre me ha dicho tu siempre tienes que ser educado y saludar, si la otra gente no te responde es su problema.»

A los 44 años, asegura que después de ser entrenador de la Selección Mexicana y Real Madrid será directivo a nivel internacional aunque descartó ser presidente de la FIFA.

«Desde que Guillermo Cañedo falleció, México no ha tenido presencia a nivel directivo. Me voy a enfocar en eso para jubilarme», pronostica.

La primera cancha de futbol que pisó fue en la puerta 2 de la Ciudad Deportiva muy cerca de su casa en la Jardín Balbuena. Además de brincarse la barda para jugar, Doña Isabel, su madre, sólo le puso como condición obtener excelentes calificaciones en la escuela.

«De niño era muy travieso y me pusieron el Marabunta. Era muy inquieto: rompía cristales de las ventanas con balonazos y la puerta de la casa la utilizaba como portería. Fui muy atrabancado. En una ocasión me abrí la frente jugando en una casa de mi tío en Acapulco», recuerda el “pentapichichi” mientras esboza una sonrisa Colgate, su patrocinador durante nueve años y uno de los causantes de su ruptura con el América.

«Tenía un contrato por dos temporadas con el América y ganaba el mismo dinero que en el Real Madrid. Me querían pagar mi imagen con el mismo dinero que me pagaba Colgate todos los años. Era una porquería, dije que no. Estaba de presidente Diez Barroso y Javier González, me dicen: ¿no firmas el contrato? ya verás. Comenzaron con una guerra sucia en televisión y así fueron los problemas hasta el mundial (de Estados Unidos de 1994) que todo mundo conoce»

Los seis hermanos Sánchez fueron bautizados con nombres que iniciaran con H, capricho de los padres, y todos practicaron algún deporte. Tres de ellos, incluyendo Hugo, participaron en Juegos Olímpicos. Su hermana Herlinda fue gimnasta y le enseñó a realizar las piruetas que le harían famoso.

«Mis hermanos, que jugaron en Pumas, y mi padre fueron mis maestros en el futbol que siempre fue mi fijación. El jugar con niños mayores me ayudó a obtener destreza y habilidad para quitarme los golpes. Mi padre jugo a nivel semiprofesional y sólo lo vi en cascaritas. Hacía la chilena a los 40 años y yo a los cinco comencé a realizarla, ¡me di cada costalazo! pero a base de repeticiones pude hacer de esa jugada un símbolo mío».

UNA OBSESIÓN INFANTIL

Un sábado cuando regresaba de una cascarita su padre, en medio de la reunión familiar, le preguntó: ¿cuántos goles metiste? Doce, respondió el pequeño Marabunta de cinco años.

«Entonces me carga y me sienta en su piernas y le dice a su amigos ¿saben quién es este niño? Va a ser el mejor jugador en la historia del futbol mexicano. Lo dijo con una seguridad que dentro de mí dije: ya veras como no te voy a fallar y esa fue mi fijación. A partir de ese momento me dormía con esa idea, soñaba con eso y no tenía otra cosa en la cabeza».

A los 11 años ingresó a las fuerzas básicas de los Pumas y cuatro después comenzaría su gran aventura cuando pidió a su hermano Horacio que lo llevara a realizar una prueba con la Selección Olímpica.

«Las concentraciones en el Comité Olímpico y el estar lejos de mi casa me ayudaron a obtener una mayor madurez».

Su primer viaje fue a Cannes, Francia, en donde tuvo una destacada actuación en el torneo de mismo nombre. En 1975 en el torneo de Toulon el equipo mexicano quedó campeón, Hugo Sánchez terminó como máximo goleador. Lo designaron el mejor jugador del campeonato y fue bautizado comoNiño de Oropor un reportero mexicano, aunque el crédito se lo cedió a la prensa francesa. «Ya ven como somos aquí», agrega Hugo.

«En total fueron 80 partidos internacionales que me sirvieron para llegar mucho mejor preparado al profesionalismo. Quería jugar en Europa por el nivel de vida y la experiencia que había tenido en viajes anteriores. Yo decía esto me gusta tengo que hacer méritos y se me metió en la cabeza.»

Los tres años en la olímpica Hugo continuó sus estudios en la preparatoria 7. «Era mucho cansancio ir de Ejercito Nacional hasta la Merced y luego regresar en la noche. Era muy peligroso pero valió la pena. Mi madre me indujo a los estudios porque me decía: en el futbol una lesión te puede dejar fuera, por eso tenía que buscar una preparación y cultura para una formación integral».

En la misma temporada que debutó 1976-1977, el equipo universitario se proclamó campeón. Durante las vacaciones que tenía en los Pumas, Hugo Sánchez aprovechaba para irse a jugar a la Liga de Estados Unidos, en donde Pelé, Beckenbauer y Cruyff, exprimían los últimos segundos a su grandeza.

«En dos meses ganaba lo que en un año con los Pumas ya que me pagaban por pases y por goles. Además con tantas figuras que había en esa liga toda la prensa extranjera iba a estar ahí y dije: ‘yo voy allá para que me vean, con mis remates espectaculares sabía que iba a llamar la atención y así fue’.

Los primeros interesados fueron el Arsenal de Inglaterra y Atlético de Madrid. «Como el Mundial 82 iba a ser en España todos los ojos del mundo iban a estar ahí, por ese pensé me voy a España porque además es muy similar a México y no me arrepiento, fueron años maravillosos».

EL APRENDIZ QUE LLEGÓ A ENSEÑAR

No fue fácil. Durante su presentación un reportero español le preguntó su objetivo.

«Me siento joven y vengo a aprender», respondió Hugo.

-Oye pero a ti no te contrataron para venir a aprender sino para que enseñes. Tienes que demostrar que eres mejor que los que están aquí sino ¿para qué te contrataron?

Era el choque con una nueva idiosincrasia. «Cuando llegué a España me di cuenta que todo las personas te dicen las cosas como son y me gustó porque me hicieron abrir los ojos a la vida. Fuera falsedad, fuera hipocresía y fuera modestia. Hay que sentirse orgulloso, porque los mexicanos somos dados a decir: te ofrezco tu pobre o tu humilde casa, para mí es una mansión aunque sea una choza. En México, siempre a la bonita se le está deseando que se enferme y se ponga fea. Estamos pensando que le vaya mal a alguien y que no triunfe, en lugar de tratar de imitarlo, copiarle o piropearle».

México no clasificó al Mundial de 1982. Hugo no alineaba en España y los rumores de su baja en el Atlético de Madrid crecían.

«Fueron los tres meses más difíciles pero yo siempre pensé voy a triunfar como sea», expresa Hugo, quien coleccionaba los titulares de los periódicos en su contra y grababa en su memoria los coros de los aficionados:

«¡Indio cabrón serás llevado al paredón! ¡Queremos futbolistas no mariachis! ¡Mexicano, canta una ranchera!»  

«Era tanto como si un negro de Etiopía fuera a torear a la plaza de Las Ventas. Me costó mucho trabajo ganarme la admiración y ahora ya ven distinto al mexicano»

Para permanecer en España, el presidente del Atlético de Madrid le propuso renunciar al 50 porciento de su sueldo. Hugo aceptó: «Dónde firmo». Y enfrentó a la prensa: «Si el Atlético de Madrid necesita de un líder ese soy yo; si necesita de un goleador ese soy yo; si necesita de alguien que se eche al equipo en la espalda ese soy yo».

El préstamo de Pumas vencía y el Atlético no tenía recursos para pagar. Pero el Cabezota no se rindió.»Le dije a un directivo del equipo ¿Por que no pones el dinero? El respondió: ¿De dónde lo saco? Yo te lo doy y hacemos como si fuera tu dinero para que no parezca que Hugo Sánchez pagó su préstamo y me pueda quedar. Me pareció genial darle de mi dinero a su cuenta y que él le pagara a la Universidad. Invertí en mi mismo»

Pronto llegaron las utilidades. Con Atlético más tarde conseguiría su primer título de goleo y el campeonato de la UEFA. El Barcelona y el Real Madrid comenzaron a disputarlo.

«Pensé que al ser el mejor delantero de mundo tenía que estar en el mejor equipo del mundo y yo desde niño había escuchado que ese era el Real Madrid «.

UN GOL BAÑADO EN CHAMPAÑA

Barcelona pudo contratarlo un año antes, pero el técnico británico Terry Venables prefirió a su compatriota Steve Archibald. Hugo lanzó una maldición: «Se van a arrepentir toda la vida, porque van a venir el próximo año y les voy a costar el doble».

El presidente del Barcelona llegó una temporada más tarde con un cheque en blanco en la mano. «Ponle la cantidad y los años que tú quieras» le dijo. Hugo se jactó: «No, me voy al Real Madrid» el equipo que lo llevaría a la cumbre, con el que realizó el gol que siempre imaginó frente al Logroñés.

«Soñaba como todo niño, portar el número 9 en un estadio lleno y meter un gol de chilena», recuerda Hugo aquella jugada en los límites del área, el 10 de abril de 1988. Cuando la gente le gritó: ¡Torero! ¡Torero! y llenó de pañuelos blancos el estadio Santiago Bernabeu para pedir las dos orejas y el rabo para el mexicano.

«El gol de Hugo es para irse a casa y celebrarlo con champaña», dijo Leo Benhaker, quien años después fue el causante de su salida en el Real Madrid.

Y así tuvo con la boca abierta a todos, hasta sus compañeros del Real Madrid, a quienes utilizó como conejillos para practicar su carrera de odontólogo.

«Le arregle la boca a Chendo, Martín Vázquez, Gordillo a Maceda y a sus esposas. Nunca recibí una queja. Me ayudaba a quitarme la presión de los partidos».

Toda España lo conocía, bueno, casi toda. En un restaurante vio pasar una mujer que le hizo seguirla con la mirada, como nunca lo había hecho antes.

«Préstame unas monedas para hablar por teléfono» le dijo a la bella rubia llamada Isabel, quien con indiferencia le ofreció unas cuantas pesetas. «Es que ya no tengo».

El Cabezota atacó de nuevo. «Préstame más por que no me alcanza. Te las pago después». La charla informal siguió y la pregunta, obligada: ¿Te gusta el futbol?

El «No» fue rotundo y enfrió los ánimos del conquistador, pero reaccionó. «Te invito el próximo domingo al futbol» y le dio dos boletos.

«Supuestamente yo iba a ir con ella al estadio pero en realidad ella no sabía que iba a estar en la cancha jugando» y Hugo sonríe con la satisfacción del travieso Marabunta.

Desde entonces, sólo una vez Hugo se ha separado de Isabel, por seguridad, cuando viajó a la Copa América en Colombia.

«En Austria tuve una aventura diferente con un equipo de segunda división y con mi esposa fue una etapa fantástica como pareja. No me importó sacrificar más de la mitad de mi sueldo en el Atlante expresa Hugo, quien revela que con los Potros obtuvo el mejor contrato de toda su carrera.

Pero Hugo tiene ahora otras «ideas metidas en la cabeza»: ser técnico de la Selección Mexicana y del Real Madrid. «No voy a parar hasta conseguirlo. Los dos están en mis objetivos y espero hacer méritos para cumplirlos».

Entre tanto disfruta de ser técnico de los Pumas y de su hobbie de toda la vida: visitar restaurantes. «En Madrid, en el Rianzo de Mariscos se come delicioso, de los mejores en el mundo» y conocer lugares nuevos.

«Me daba rabia que luego de 13 años de estar fuera de México me dijeran que conocía mejor España. Me gusta estar en casa con mi familia, salir a comer, al cine, al teatro, no tengo tiempo para otras cosas.

Conserva fama y patrimonio. «Me ha gustado administrarme bien, invertir en bienes raíces, tengo propiedades tanto en España como en México, para ayudarme un poco a las deducciones de impuestos porque en España pagas el 56 por ciento».

En sociedad con sus hermanos tiene tiendas de deportes, canchas de tenis, de futbol y un gimnasio.

Jamás renunciará a ser un Cabezota: «Creo que la palabra auténtico causa problemas. Es ser diferente, directo y honesto. Tenemos una idiosincrasia muy especial los latinos y sobre todo los mexicanos. Te saludan y te sonríen mientras que por dentro te están deseando que te mueras o que te vaya mal. Por eso lo de la mentalidad de cangrejos».

A su filosofía: «Muchas veces los mexicanos no expresamos nuestros sentimientos, si estás enojado, triste o feliz no lo dices. Somos hipócritas por naturaleza y a mí no me gusta ser así, yo expresó lo que siento porque de otra manera no te puedes dar a conocer por eso no me gusta ser cangrejo».

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