El boxeo femenil, 22 años de lucha por destacar

DANIEL ESPARZA HERNÁNDEZ

A propósito de la reaparición de Jackie Nava este sábado en el llamado Reality Show montado durante la Pandemia por #Covid19, en marzo de 2020 se celebraron los primeros 22 años de la aprobación del boxeo femenil en México, algo verdaderamente impensable en 1948, cuando el Presidente Manuel Avila Camacho publicó el Reglamento de box del Distrito Federal, que regía la actividad pugilística de todo el país.

#RegresamosConPunch

El decreto facultaba a la Comisión de boxeo del Distrito Federal como la responsable de controlar los campeonatos nacionales y sancionar a cualquier persona que infringiera las reglas publicadas por decreto por el Presidente de la República.

El reglamento establecía el derecho de los mánagers a cobrar el 33% del salario de los boxeadores, la obligación de registrar los contratos de los boxeadores ante la Comisión de Box, pero determinaba que en ningún caso se podrían celebrar en el DF exhibiciones o peleas de box en las que vayan a actuar personas del sexo femenino.

Y es que desde los años 50´s, existen diversos testimonios de mujeres que deseaban subir al ring para entrenar y practicar un deporte que se creía exclusivo para los varones.

En Guadalajara, Jalisco, se tienen testimonios de peleas de boxeo entre mujeres en el desaparecido Cine Alameda, entre las cuales actuaba la abuelita del tristemente famoso Kiko Bejines, quien perdió la vida en una pelea contra Alberto Dávila en 1983.

Un autor estadounidense asegura en que esos mismos años una norteamericana llamada Barbara Buttrick cruzó la frontera en Reynosa, Tamaulipas, para enfrentar a algunas rivales mexicanas, cuyo nombre nunca se quiso mencionar en los periódicos de la época.

Igualmente en Chiapas se sabe un grupo de mujeres que solía realizar funciones en arenas municipales, comandadas por una boxeadora apodada la Catrincita Ramírez, que acompañada por cinco chicas recorría el sureste mexicano en busca de trabajo.

Desafortunadamente la prohibición del boxeo femenil hizo que la mayoría de funciones en el resto del país fueran realizadas en forma clandestina, sin difusión y sin ningún registro de las participantes.

Pero en 1997 la noticia de que una mexicana llamada Laura serrano había disputado el título superligero de un campeonato mundial en Las Vegas, de una supuesta Federación de Boxeo femenil, hizo dudar a las autoridades de seguir relegando a las mujeres de la protección que se otorgaba a los boxeadores profesionales.

La llegada de Cuauhtémoc Cárdenas como primer Jefe de Gobierno y la constitución de la Primera Asamblea Legislativa, propició la discusión del viejo reglamento de boxeo y reconsiderar la inclusión de las mujeres en el pugilismo profesional.

Curiosamente una investigación del Doctor Esteban Martos, relacionada con casos de mujeres golpeadas en la capital en la que se demostraba que los golpes no eran detonadores de cáncer de mama, ni tampoco afectaban la capacidad reproductiva de las estudiadas, propició el último argumento para autorizar la primera licencia de boxeadora a Laura Serrano en marzo de 1998.

Las autoridades boxísticas aceleraron el proceso para tratar de que Laura Serrano protagonizara la primera pelea profesional durante la función en la que Miguel Ángel González enfrentaría a Julio César Chávez, el 7 de marzo de 1998,  en el Toreo de Cuatro Caminos.

Sin embargo, la falta de un reglamento completo para sancionar una pelea femenil impidió la aparición de Laura Serrano en aquella función, aunque el primer paso para el pugilismo femenil estaba dado y no habría marcha atrás.

Veintidos años después, mujeres como Jackie Nava y Ana María Torres han logrado convertirse en estrellas de sus funciones, incluso pasando por la etapa de la maternidad que se pensaba las mujeres boxeadores nunca podrían lograr.

Jackie Nava, la más longeva de las campeonas mundiales que han sido estrellas del encordado fue incluida en el programa con el que se reactivo el boxeo profesional en México, quizás con la batalla más dura de todas las que se han presentado.

Pero ella, como todas las boxeadoras mexicanas, están siempre cuesta arriba.

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