“Dame un nombre… luego su cabeza…”, el caso Conade

EDGAR VALERO BERROSPE

Suena rudo. Sí me queda muy claro que suena como una película de mafiosos. O de policías o funcionarios corruptos. Así es como se arreglan las cosas. Y aquellos que deben de quedarse, porque deben de quedarse, siempre tienen a un incondicional, y yo se de muchos a los que les ha pasado, que ofrecen el cuello pero sigue cobrando. Qué son los chivos expiatorios para que “el principal”, siga siendo eso “el principal”.

La olla express en que se ha convertido la CONADE está a punto de explotar. La presión que ejercen los medios en las mañaneras cada vez es mayor en torno a los manejos, incorrectos o equivocados o ignorados, con los cuales se ayudó a muchos amigos, cuates, parientes, etcétera, y por supuesto que Ana Gabriela Guevara no iba, ni será la sacrificada por lo que pasa ahí. Es consentida del “de arriba” por las razones que sean y por eso, ya empezó la cacería no de brujas, sino de “zombies” que van a entregar el cuerpo para que la jefa siga siendo eso, “la jefa”.

Hace unos días, como ya lo habíamos anticipado hace meses en este mismo espacio, se anunció que Israel Benítez dejaba de ser el subdirector de calidad para el deporte en la CONADE, se le acusa de “incumplir sus obligaciones como servidor público”. Si ese es el “delito” o la “causa” que se le imputa, ya deberían de haber despedido por órdenes de la Secretaría de la Función Pública a un montón de aviadores colados en diferentes instancias en casi todas las dependencias.

En su página oficial, la dependencia anunció que «La Secretaría de la Función Pública, encabezada por la Dra. Irma Eréndira Sandoval Ballesteros, resolvió destituir al Subdirector de Calidad para el Deporte de la Conade tras incumplir con obligaciones contempladas en la Ley General de Responsabilidades Administrativas». Para serle franco y totalmente honesto, desconozco al pie de la letra lo que dice esta Ley, pero me queda claro que no fue por incumplir sus obligaciones, sino, al contrario, por “sí” cumplir con sus obligaciones, que en términos políticos se refieren a cumplir con “lo que diga la jefa” por eso, porque “lo dijo la jefa”…

Ahora resulta que Israel Benítez, que debo decirle me cae bastante bien, al menos en su trato es un tipo afable y sonriente, es el culpable de todo el reverendo desmauser que traen en la Comisión Nacional del Deporte, como si él se hubiera mandado sólo. Es bien sabido por todos los que ahí laboran, que la autoridad se ejerce no por parte de la titular Ana Guevara, sino por su subdirectora jurídica (o puesto que le hayan acomodado) Maricela Rafael y por el suspirante al puesto de director general Sergio Monroy Collado.

Yo conozco muy bien las oficinas de la CONADE porque desde el tiempo de Nelson Vargas, siempre tuvieron a bien recibirme y atenderme, lo mismo pasó con Jesús Mena y con Alfredo Castillo. Así que sé que la oficina de “la jefa” está en la esquina de de la derecha subiendo la escalera o saliendo del elevador del piso principal y que hay tres entradas, una de ellas por la oficina de Monroy, otra por la de la secretaría particular y una más desde la oficina de Rafael. Así que NADIE, absolutamente NADIE, pasa sin que cualquiera de esos tres personajes lo sepan. ¿Y firmar sin pedir permiso?… ¡Pero como cree!

Puedo asegurarle que Israel Benitez no firmó un solo papel sin el visto bueno de estos personajes, ya por no dejar de mencionar a “la jefa” y sus tres compinches.

Benitez, como Arturo Contreras quien también fue sancionado, bueno fue suspendido indefinidamente porque también forma parte del paquete de “damnificados” que ofertaron el cuello para salvar a los de más arriba, sólo es una víctima más, o el protagonista que se acomodó en el último momento en la novela de “Dame un nombre, luego su cabeza…” 

Así es, así ha sido y así será siempre. Pagan los prescindibles, aunque hayan llegado siendo los imprescindibles, por eso los trajeron, porque eran “cuates” y su nivel de confianza y cercanía les da para eso, para que se les sacrifique en público, pero sigan cobrando en corto, porque no hay nada mejor en una dependencia que ser amigo del jefe, porque, pues por eso mismo, porque no hay nada mejor que “ser amigo del jefe…”

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