Carlos Kuri, navegante contra corriente

En el 2003, el mexicano Carlos Kuri hizo historia para el deporte mexicano, la cual quedó reflejada en mi libro, el cual me ayudó a patrocinar. Kuri es la representación de que la constancia lo es todo en el deporte y la vida.

DANIEL ESPARZA

Hasta ese primero de septiembre, con todo y sus 17 años como piloto a cuestas, Carlos Kuri nunca había sentido la prolongada agonía de los 30 segundos que separan la meta de la última vuelta en una carrera.

“A través de mi experiencia de 17 años he visto que antes de que caiga la bandera de cuadros cambia la jugada. Tu subconsciente te dice que puede fallar el motor, puedes pegarle a una boya, puedes accidentarte, pero no puedes bajar el ritmo de carrera”.

Por fin el símbolo cuadriculado del triunfo ondeó entre el viento y la lluvia que cayó ese primero de septiembre del 2003  en el río  Kankakee mientras la proa de la lancha de media tonelada, capaz de navegar  300 kilómetros por hora y  virar 90 grados en fracción de segundos, cruzó esa línea imaginaria como una colosal libélula que corta con su cola puntiaguda la superficie del agua.

Bob Schubert, el viejo piloto que a punto estuvo de ofrendar la vida de su propio hijo a esta pasión llamada motonáutica, le ordenó a Kuri quedarse quieto hasta que los jueces dictaminaran el resultado oficial de la prueba.

Perlado de sudor, plegado en el diminuto espacio de la cabina de la lancha, el piloto mexicano meditó en el sueño que había arrullado durante años en esa pequeñísima cuna: convertirse en el primer mexicano que ganara una carrera de motonáutica en el mejor circuito del mundo en la Unión Americana.

Recordó lo que había dicho a los 14 miembros de la escudería Telmex-Ericsson-Telcel-Mexicano-Listones Cataluña-Sección Amarilla-Pole Position, aquel fin de semana cuando pusieron en marcha la lancha para los entrenamientos previos a la competencia.

“Veníamos con mucha ilusión para buscar el campeonato de OPC National. El año pasado en Kankakee  yo quede noveno lugar y hace diez años, cuando competía en la formula dos con la lancha de Marlboro, por una centésima de segundo no me dejaron entrar a la final. Kankakee me la debía, teníamos una deuda pendiente”.

Después de 10 minutos,  Schubert salió de su trance y por fin dio la orden al mexicano de de recoger la ansiada bandera a cuadros que los acreditaba como Campeón Nacional de la Motonáutica en los Estados Unidos, monarca de la afamada American Power Boat Association (APBA). El único triunfo que haya logrado alguien viniendo de un país sin mayor historial en la motonáutica de todo el mundo.

Faltaba el pesaje y la larga revisión técnica. El presidente de la inspección, un alemán de alrededor 70 años, vigilaba el proceso ceremoniosamente, hasta que por fin se decidió a llamar a ese hombre venido del otro lado del Río Bravo, de un país que sólo puede competir en coraje con la tecnología y el poder económico de los mejores equipos de Estados Unidos.

“Congratulations. COU are the National Champs APBA 2003”, expresó en un inglés riguroso, pausado y lento, como si fuera difícil arrancarle cada palabra que se iba pronunciando.

Los jueces, sin perder la compostura que compete a quienes son decanos en la organización de carreras de motonáutica en los Estados Unidos, se miraban sorprendidos entre ellos ante la insospechada decisión de nombrar a un mexicano campeón nacional de la Unión Americana.

Una semana después Carlos Kuri volverá a sorprenderlos al ganar el primer lugar dentro del US-1 High Points en el lago Lawrence, en Seattle, Washington derrotando a Elly Davis, el poseedor de la mejor marca de pista, marcando una estrategia temeraria acercándose a las boyas  y  ganando la arrancada con más habilidad que velocidad.

“A Elly Davis lo conocí en Canadá, dos años antes había corrido con él y sé que no le gusta el manejo de contacto, es mas bien un piloto que va por fuera. Yo sabía que tenía esa ventaja, no sabía si funcionaría o no”.

Su equipo hace maravillas en la lancha, a pesar del cansancio acumulado en 3,000 millas de recorrido desde Kankakee hasta Washington. Algo así  como ir de México a Monterrey dos veces.

Pero no hay agotamiento suficiente para menguar el ánimo de estos 14 mexicanos que recorren como locos la Unión Americana buscando hacer historia en la motonáutica. No por nada los locutores de la US One llaman a Kuri «Mister Constancia».

«Nunca creí que un piloto de tu tamaño me fuera a ganar», le dijo un rival al mexicano, que lleva cinco  años de empeños, gastos y batallas incontables por lograr un triunfo en la US-One Champ Boat.

No, no era el único en dudarlo.

«Hay gente que sigue criticando que somos producto de la mercadotecnia, pero yo no he visto una gorra o una maleta manejar. Si el producto final es fruto de la mercadotecnia habría que ver qué hicimos para lograr ese fruto. El modelo de éxito en Estados Unidos lo copian; el modelo de éxito en México lo patean. No puedes tener éxito, no te dejan disfrutarlo. Si ganas eres tranza, si pierdes eres…tonto, pero a esa parte ya le di vuelta a la hoja», establece este hombre 45 años, 1.80 metros y más 90 kilos, metido en un deporte donde el peso-potencia son la llave del éxito.

Pero navegar contra corriente nunca le ha importado a Kuri. «Tu no puedes cambiar tu físico. Yo aunque baje 40 kilos siempre voy a ser un hombre grande, pero esa parte es los mejor del deporte. La aceptación y encontrar el lugar y el espacio que necesitas».

De hecho, desde que era rechazado en los equipos de futbol del Instituto Cumbres, la travesía de su vida ha sido contra corriente siempre.

«Si no tienes las características de un jugador de soccer la gente te descarta para el deporte. En la primaria hubo un equipo de basquetbol que relegó el maestro. Los cuates que según el entrenador no éramos los buenos y en el torneo, al primero que eliminamos fue al equipo que había seleccionado. Luego ganamos la final contra el colegio Madrid. Allí comprendí que tú tienes que aceptar cómo eres y que muchas veces es mejor la dedicación que el talento, porque el talento puede ser decidido por un esquema, cuando en realidad hay gente con mucha capacidad que no le hacen caso».

Estudiante promedio, muy inquieto, en un hogar donde las motos estaban prohibidas pero el resto era permitido, Carlos Kuri desarrolló pronto el sentido de la responsabilidad.

«Un dato de la educación de nosotros es que llegabas con mi madre, Nour Slim, para firmar las calificaciones y no te las firmaba: fírmatelas tú -nos decía- porque tú estudias para ti no para mí. Si te bronqueabas, porque en aquella época los curas eran muy especiales, te preguntaba ¿Qué pasó? ¿perdiste o ganaste?. Gané, no hay problema; perdiste, te ponía como camote. A nosotros nos dejaban fumar, yo fumo puro desde los 18 años. La educación de nosotros era: Tienes que tomar tus decisiones porque al final del camino tú tendrás que resolverlo».

Para Edmond Khoury, su padre, los hijos debían trabajar desde los 15 años en el negocio familiar. «Mientras los otros (niños) tenían vacaciones, nosotros trabajamos medio día. Le decíamos a mi padre, queremos empezar desde arriba. Okey, arriba está la bodega y empezarás por empacar. Así, cada año conocíamos el negocio que era la fábrica de listones Cataluña, este año cumplimos 57 años en el mercado».

Kuri ya tenía sus iniciativas desde antes. «Mi mamá siempre tenía pistaches para los invitados. En las mañanas yo los sacaba, los dividía, hacía bolsitas y los vendía en la escuela. Le dejaba su utilidad en la bolsa y ella siempre encontraba monedas entre los pistaches. Me iba bastante bien».

Pero su afán por complicarse era latente. «En la secundaria empecé a tener problemas con algunas de las áreas científicas, porque yo tenía facilidad para las materias sociales. Entrando a la prepa tuve que decidir y escogí lo que me complicaba, siempre me voy por la parte que representa el reto. Lo sigo haciendo a los 45 años. Quizás hubiera sido un buen abogado pero terminé de diseñador industrial porque era lo que implicaba más dificultad».

Su vena para los negocios fluyó natural a los 15 años de edad. «Empezaba la música mezclada, los Bee Gees, Barry White y todo eso. Me dediqué a poner música en las fiestas. Viernes y sábado poníamos fiestas y cobrábamos casi igual que las orquestas. Los que (mejor) pagaban eran los señores, entonces terminé poniendo bodas. Es chistoso que siempre encuentro el nicho del mercado que me compete. Era cuando decían que si escuchabas música popular eras naco, pero yo ponía a las señoras de alta sociedad a bailar La Bala«.

La Universidad Anáhuac comenzó a desarrollar el futbol americano y Carlos Kuri encontró su nicho en el deporte. «En esa etapa fue importante aprender a trabajar en equipo. En el fut americano siempre hay la estrellita que es quaterback, pero no la hace si no tiene un liniero. Están todos los niveles sociales en un mismo equipo».

Nacido en una época donde siempre se ha hablado de crisis, pelear, inventar y avanzar es cosa generacional dice: «A nuestra generación no le enseñaron la regla de cálculo y no nos dejaron usar las calculadoras. Todos tenemos el mismo problema: no estamos actualizados en la parte tecnológica y no nos daban la otra parte. Tuvimos que improvisar. Una generación entre los 43 y 47 años que andamos en la búsqueda, casi todos sobrevivientes. Yo no soy director, soy director operativo y si tengo que salir con la maleta agarro la de lanchas, la de listones, de lo que haya y me salgo con el portafolios».

Por eso, cuando en 1986 Carlos Kuri quedó fascinado con un video del Maratón del Río Balsas, ni siquiera se detuvo a pensar que nunca se había metido en una lancha y que las pocas veces que subió a algún yate, se mareaba.

«Fue por el reto, por hacerte el macho y cuando entro me doy cuenta que el agua es lo mío. Le entro al río Balsas y me quedo tirado los dos primeros años en la primera etapa, por falta de tecnología. No había todo ese desarrollo y era una lancha inflable. Al tercer Maratón quedo en segundo lugar y gano el campeonato nacional en 89. Me empiezo a adentrar a un deporte donde el peso-potencia es la clave. Tenía un copiloto de mi tamaño y empezamos a desarrollar la velocidad a base de trabajo. Lo que no lograba en velocidad lo lograba sabiendo por dónde era el camino. Recorría el río varias veces, y aunque siempre es diferente lo empiezas a conocer».

Las dos primeras experiencias de quedarse varado por horas, sin que nadie lo rescatara, incitaron a Kuri a formar un club de motonáutica con 88 gomeros. La corriente vertiginosa del Balsas lo haría desembocar en la promoción.

«Antonio Peregrino, que era mi socio en lo de la música, me dijo ¿por qué no le intercambias a alguien para que ponga su marca y te dé las camisetas? Toqué la puerta de Marlboro, empezamos con la goma, hicimos el club, después en el 91 cambio de categoría para correr pistas y quedo subcampeón».

Los túneles, embarcaciones más potentes de media tonelada, fueron el siguiente reto de Kuri, fundador de la promotora Naupro. «El 23 de abril de 1993 es año de cábala para mí. Ese año traemos 17 escuderías gringas a competir con los mexicanos, en Tampico y se forma la Nauticopa, la cual dejé en 99″.

Kuri competía en Estados Unidos desde 1993 con la misma lancha que usaba en México. Su equipo era capaz de tener el bote listo en La Laguna de Bacalar en Quintana Roo y cinco días después en Chicago. «Vivimos la etapa de discriminación. Oye ¿dónde van los mexicanos? -Allá- Sí, pero allá está el lodo -Pues allí van».

Pero en 1999 se decide a entrar a la fórmula uno. Necesitaba al menos un millón de dólares para sostener una sola lancha y el equipo de 14 personas, para competir simultáneamente en EU y México. Su patrocinador en la Unión Americana desertó en el último momento, pero el equipo de Kuri sacrifica sus salarios y mantienen el proyecto.

Ningún latinoamericano había incursionado en la F-1 de motonáutica y las empresas dudaban que un mexicano pudiera abrirse paso en el mercado estadounidense. Kuri, quien para entonces ya había creado su propia mascota en forma de caricatura llamada Callitos, dejó el casco, la lancha y tomó su portafolios.

«Adoptamos como mascota a Speedy González. Voy a ver a Warner Brothers, se los presento y les gusta la idea. Lo escojo porque es un ratón triunfador, rápido y romántico, aunque allá digan que no y porque habla mejor inglés que yo. El fenómeno comienza con los niños que se embelesan con la escudería. En Estados Unidos hay 25 millones de mexicanos y otros tantos de latinoamericanos que nos adoptan, que no quieren que ganen los güeritos».

En su primer año Kuri gana el título de novato del año. Dos años consecutivos logró mantenerse en el Top Ten, dentro del selecto grupo de 60 hombres que en todo el mundo compiten en los máximos circuito del deporte motor, llámese autos, motos o lanchas.

Pero 2003 será el año que marcará su ingreso a la historia. Del 16 al 18 de mayo, Carlos Kuri trajo a La Laguna del Carpintero en Tampico, el Telmex Heineken Champboat, con 56 equipos y una derrama aproximada de entre dos y tres millones de dólares para iniciar la búsqueda del podium negado durante cuatro años.

Un desperfecto con el paracaídas de la lancha frena su ataque a los primeros lugares, pero en los muelles,  sucede un encuentro que lo marcará. “Fue algo que no había tenido nunca antes, el niño que te busca y te dice que quiere ser piloto de lanchas. Lo había visto con Adrián Fernández, con quien levamos una buena amistad, y con otros pilotos de coches, pero nunca me había tocado personalmente que un niño me dijera que quería ser piloto de lanchas»

Unas semanas después compitió en Lake City, donde Jhon Jhensen, uno de sus mejores amigos vuelca aparatosamente para quedar aplastado entre la tonelada de la lancha y la superficie del agua, para enfrentarlo nuevamente a la realidad del deporte que ama con toda su intensidad.

«Aquí no hay dinero. En la motonáutica no ganas un millón de dólares. El premio es un pedazo de cristal que vale muy poco, pero cuesta mucho, como dice Tim seebold, el maestro de la motonáutica mundial».

Recordó aquella frase que suele contemplar con nostalgia en su escritorio, cuando está lejos del agua y sólo piensa en regresar. «Los héroes no caminan hasta que los provocas» y pensando en eso decidió viajar a San Luis Missouri para volver a competir con un solo objetivo:

«Disfrutar la embarcaración y hacia adelante. Hay que buscar estar lo mejor que podamos rompiendo nuestros propios retos», estableció a unos cuantos meses de hacer historia en la motonáutica mundial.

“Dios decide cuando te toca a ti lo que te debe tocar. Yo creo que nos dio (el triunfo) en un momento muy oportuno porque esto va a generar una inercia, los pilotos, los promotores locales van a darse cuenta de lo que se puede hacer, que hay formas de exportar también la mano de obra, el piloto, que eso genera una economía alrededor del piloto, los mecanismos y eso es importantísimo”.

El éxito es de un equipo. Bob Schubert, su team manager; Juan Luis Álvarez, su club cheef; Claudia Gasloli, su novia y encargada de las relaciones públicas; Antonio Agüero su jefe de mecánicos, junto con José Luis Cruz y Rodolfo Román; su jefe de prensa Antonio Sánchez y el chofer del trailer, Jesse Sullivan, mientras en México Gonzalo López, Gerardo Lara y Rubén González se encargan de promocionar sus resultados y nutrir su página exclusiva en internet.

Su padre, Edmound Khoury, el presidente honorario del Racing Fórmula CK, el primer equipo mexicano que compite desde hace cinco años en la US One y el primero de  extranjeros que se abrió paso en el serial estadounidense. Todos los que han compartido la zozobra, la batalla por avanzar hasta llegar al primer triunfo ese primero de septiembre y los que consiguió en Baytown, Texas y Bakersfield que le permitieron ganar el US-1 High Points, el segundo título que arrebataba a la historia de la motonáutica en los Estados Unidos.

Semanas después, Carlos Kuri agradeció a Dios lo recibido y anuncio sus retiro.

Los 14 miembros de su equipo siguen siendo sus mejores amigos, Cohiba su marca de puros, la motonáutica su tema de charla -«una vez dijeron que no habláramos de lanchas y terminamos hablando de propelas»- y no parece bromear cuando afirma que la cabina de la lancha «es como el seno materno», con sus 40 grados centígrados de temperatura y su limitadísimo espacio.

Pero a pesar de su cuerpo gigantesco, su barba, su mirada de vigía en busca de oportunidades, se parece más a los niños que solía visitar vestido de Santaclós cuando llevaba regalos a orfanatorios y casas hogares.

«Durante tres años no entendía que llegaba con los niños, sobre todo los muy pobres, les dabas el regalo y se sentaban en él. ¿Qué pasó? ¿No le gustó? Hasta el tercer año me di cuenta que se sentaban en el juguete porque nunca habían recibido uno y no querían que se los quitarán».

Lo mismo Carlos Kuri. En la fábrica, la promoción, la plática, e incluso ahora en el retiro nunca se bajara de su lancha que rompe todas las corrientes.

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