Así opina Anselmo Zaragoza

¿LA REVOCACIÓN DE MANDATO PARA QUÉ?

La evolución en la política debe estar cimentada en la necesidad de cambios orientados hacia formas de organización cada vez más libres y democráticas. Es por ello, que surge la necesidad dentro de cualquier sistema político de gobierno de adoptar e innovar en la creación y adopción de nuevos mecanismos de carácter democrático directo que den mayor confianza a los ciudadanos. Por lo tanto, el reconocimiento y adopción de estos mecanismos, incorpora per se dentro de toda sociedad, elementos de deliberación, de presentación de propuestas, de votación positiva o negativa; respecto de algún proyecto en un régimen de gobierno.

Dentro de estos mecanismos o figuras de democracia directa, encontramos a la Revocación de mandato, misma que debe entenderse, como un mecanismo de control sobre el ejercicio del poder, con la última finalidad de que el colectivo social informado, pueda fiscalizar de manera directa a quienes detentan el poder, eliminando por completo la irresponsabilidad del ejercicio del encargo ante la ciudadanía, estableciendo, por el contrario, un nexo de responsabilidad entre funcionarios y electorado.

La Revocación de mandato dentro de nuestro sistema jurídico-político, es una figura de reciente creación, que por primera vez se llevará a cabo el próximo 10 de abril, con una legitimación dudosa y de escasa objetividad, ya que, desde su fase previa o solicitud por parte de los ciudadanos, ha venido aparejada de una serie de acciones, que distan por mucho de ser las más ortodoxas o apegadas a la normatividad y/o razones por las cuales debe de llevarse a cabo dicho ejercicio democrático.

Lo anterior, es así, pues nadie en su sano juicio, puede negar que este proceso está palmariamente desnaturalizado, ya que se supone, que la revocación de mandato se definió como un derecho de la población para demandar el retiro del presidente de la República, por que la ciudadanía le ha perdido la confianza, pero en este caso absurdamente, está siendo promovido por sus partidarios, por los militantes y simpatizantes de su movimiento, como un derecho del propio presidente de recibir el respaldo de sus seguidores, de los beneficiarios de sus programas sociales, de sus asistencialismos, de sus clientes electorales; violando sistemáticamente el espíritu de dicha figura y el sentido real de norma jurídica, ya que en ningún momento la ciudadanía inconforme o la propia oposición política, jamás han sido promotores de que se lleve a cabo dicha consulta, al contrario, son ellos los principales interesados de que el presidente termine su mandato constitucional por el cuál fue electo.

Por ello, la pregunta es: ¿De verdad es necesario el ejercicio?, la respuesta es contundente ¨NO¨, no es necesaria, pues tenemos que reconocer que tampoco es obligatorio que se lleve a cabo, sin embargo la verdadera razón es que le conviene al presidente y a todo su sequito de aduladores, quienes están al acecho de seguir obteniendo canonjías políticas, no importando que muchos de ellos fueron o son los que de alguna manera han desprestigiado el proyecto (si es que existe) de la supuesta cuarta transformación, pues tuvieron la oportunidad de ostentar algún cargo de elección y por sus escasos logros o negligentes desempeños, fueron quienes entregaron las plazas a sus oponentes. Pero también, para el presidente no hay forma de perder, si participa un porcentaje mínimo de ciudadanía (que todo apuesta así será), el respaldo que recibirá será mayoritario. Si resulta un porcentaje mayor, de la misma forma ganará ampliamente y podrá ufanarse que el pueblo sabio le sigue brindado su respaldo.

Cómo corolario, es menester no dejar de reconocer, que para el presidente, este ejercicio representa un intento más de fortalecimiento político, no solamente para el sino también para su partido, pues será un ensayo general a forma de encuesta para sus candidatos a las gubernaturas que habrán de disputarse el próximo mes de junio, sin olvidar, que otro objetivo perverso es, el debilitamiento del INE, mismo que no se ha cansado de señalarlo como el gran obstaculizador del proceso de revocación, consulta y de tener como prioridad el mantenimiento de los presuntos privilegios de los consejeros y funcionarios del Instituto. 

Para qué gastar dinero público en un ejercicio banal e inútil, en una consulta que solamente atiende al ego del Presidente, a un revocación que no tiene ningún sentido, cuándo lo que hace falta es destinar recursos para la compra de medicamentos para los niños con cáncer, para fortalecer las instituciones de salud, de justicia, de seguridad pública entre muchas otras. Para qué gastar y desgastar a los ciudadanos. PARA QUÉ…?

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